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Fast-foodie: diario de un fanático de la comida basura

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"Cuando busco líquido saludable pido agua, gracias, sé cuidar de mí mismo"

David Broc

19 Febrero 2015 06:00

COCA COLA LIFE

Valor energético: 89 kcal

Grasas: 0 g

Hidratos de carbono: 22 g (22 g azúcares)

Proteínas: 0 g

Sal: 0 g 

Los cardiólogos, médicos de cabecera, dietistas y nutricionistas se ponen a temblar cada vez que una marca de bebidas carbonatadas anuncia el lanzamiento de un nuevo producto. Servidor, en cambio, se pone a temblar cada vez que una de estas marcas anuncia un lanzamiento supuestamente más saludable, una de esas concesiones que las empresas hacen de vez en cuando al mercado y a la sociedad para mejorar su imagen y contentar a esas asociaciones especializadas en tocarle los bemoles a la gente. Mi bebida favorita desde que tengo uso de razón es la Coca-Cola, así que cuando me pido o compro una, ya sea en lata o en botella de cristal –nunca la de plástico, claro está–, lo que busco es, precisamente, un nuevo chute de la misma pócima mágica a la que rindo pleitesía desde los 80. Ni más ni menos.

Cuando busco líquido saludable me pido agua, gracias, sé cuidar de mí mismo. Así, de la misma forma que la Coca Cola Light o la Coca Cola Zero me parecen avances importantes para la humanidad –impagable su papel de tranquilizadores de la conciencia y estabilizadores de los índices de glucosa en sangre–, la nueva apuesta de la marca, Coca Cola Life, que empezó su andadura en Argentina y Chile y que a España solo llega vía importación –la podéis encontrar en El Club del Gourmet de El Corte Inglés– me genera muchas más dudas. En lo conceptual y también en lo puramente material.

Coca Cola Life se presenta al mundo como una cola más conectada con la naturaleza, hecha a partir de edulcorantes naturales, cargada con menos poder calórico que la versión normal y con una innegable vocación orgánica, que ya se puede ver plasmada en ese verde ecofriendly del envase. No le acabo de encontrar el sentido. Entiendo que plantea una alternativa a medio camino del infernal poder calórico y las industriales cantidades de azúcar de la primera y de los ingredientes poco aconsejables si te los encuentras en un callejón por la noche que componen las versiones light o zero. Algo así como la tercera vía. Ni tan dulce ni tan sintética, imagino. Ni chicha ni limoná. Ni colombiana de pura cepa ni tiza. Ni Guardiola ni Simeone.

La primera impresión al probarla es de decepción. Para empezar le falta gas. Hay accidentes graves y dramáticos en el mundo, pero ninguno más serio que el hecho de que una Coca Cola no tenga el gas suficiente. Y bajo mi punto de vista la Coca Cola Life tiene menos impulso gaseoso que sus compañeras. A menos gas menos intensidad y menos fuerza en el golpeo. Flojera. Empezamos mal. La segunda señal inequívoca de que algo falla en esta Coca Cola neohippy es, evidentemente, el sabor. La insipidez en una Coca Cola es como la puñalada por la espalda de un amigo, como la traición de un hermano, como la infidelidad de una pareja, y la Coca Cola Life me lo parece. De forma considerable, además. Para un paladar guerrillero, acostumbrado a lidiar en las peores batallas hiperglucémicas, esta apuesta por la ligereza, por la sutileza y el edulcorante sutil servirá de poco. Te la beberás, fruncirás el ceño y para la próxima ya volverás a pedirte una normal, plenamente consciente de que las papilas gustativas piden jaleo y no sucedáneos de perfil bajo.

Dicho esto, tengo que reconocer que para el público menos curtido, el que acude a este brebaje celestial de vez en cuando y solo en ocasiones en las que realmente tiene necesidad, esta variación puede suponer un interesante reclamo: al margen del postureo eco implícito en todo el concepto, siempre un valor añadido, esta cola algo más acuosa y timorata puede venirle de perlas a los que siempre se han caracterizado por quedarse a medio camino de todo y de nada. La constatación de que el verde es el nuevo gris.               


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