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El Facebook de Leonardo da Vinci: cómo sería la obra de grandes artistas universales si internet se hubiera inventado hace cinco siglos

Imaginemos que Kafka hubiera tenido Twitter, o Velázquez un Instagram: no hubieran creado obras maestras, sino sólo un puñado de líneas incoherentes y 'selfies' de mierda. Os lo demostramos.

¿Y si Internet se hubiera inventado antes? Posiblemente, la adicción a la pantalla, la procrastinación y el culto al ego (y los trolls) hubieran aparecido antes y nos hubiéramos quedado sin las obras maestras de Joyce, Kafka, Velázquez o Leonardo. Aquí va un riguroso estudio (en otra realidad cuántica) que lo demuestra.

Me paso la mayor parte del día tomando café para autoconvencerme de que estoy muy ocupado. Luego, cuando estoy frente al ordenador, me olvido de eso y me puedo pasar horas leyendo los comentarios de la gente en la web de Marca. Yendo por la calle se me ocurren cientos de ideas para relatos y textos y guiones, pero luego, frente al ordenador, me siento cansado, excitado de una forma difusa, y me entran sueño y ganas de ver videos de accidentes de coche y revisar una vez más la ficha de Tom Selleck en IMDB, al mismo tiempo. ¿Qué está pasando?

Entonces me pregunto, ¿es posible que estemos ante una generación cuyas mejores obras se encuentran dispersas en cientos de tweets desperdigados por la red? A menudo me pregunto si es un problema exclusivamente mío y de mi tendencia a la dispersión, o como me aseguran otros colegas que escriben y trabajan frente al ordenador, Internet está destruyendo la productividad en el ámbito creativo. De ser así, ¿es posible que en el futuro tengamos que reconstruir lo que hubiera sido la gran obra de nuestros creadores contemporáneos a partir de su historial de Internet y sus estados de Facebook? ¿Cómo va a modificar la historia del arte esta irrupción repentina de Internet? Y aun más importante, ¿qué hubiera pasado con las grandes obras de la historia de la humanidad si hubieran tenido internet entonces? ¿Nos hubiéramos quedado sin ellas? Eso es lo que propongo para el artículo de esta semana, considerar por un momento qué hubiera pasado si hubiera existido Internet en el pasado: ¿Cómo hubiera sido el Twitter de los grandes artistas universales, anteriores a la aparición de Internet? ¿Cómo hubiera sido el Twitter de los escritores del siglo XIX y principios del XX? ¿En qué hubieran quedado las vanguardias? ¿Y el Facebook de Leonardo Da Vinci? ¿Qué clase de fotos hubieran puesto El Greco o Tiziano en Instagram?

En primer lugar, estoy convencido de que la mayor parte de historias asociadas a los grandes artistas (escritores, pintores, directores de cine) hubieran sido diferentes. La grandiosidad de sus anécdotas y sus biografías bigger than life serían sustituidas por la pequeñez y la mezquindad de las vidas actuales. John Huston no se hubiera ido de caza a África, se hubiera quedado encerrado en su casa, bebiendo Aquarius y viendo videos de perros vestidos con armaduras tipo samurai de películas de Akira Kurosawa. Ernest Hemingway no hubiera corrido en los San Fermines, porque estaría demasiado ocupado viendo videos de universitarias bebidas pegándose puñetazos en ropa interior. ¿Para qué salir del hotel, si tienes todo eso? ¿Para qué ir a Pamplona?

Tweet de Hemingway: @Ernest_Hemingway Simpatía hacia el bando republicano, pero hoy no puedo ir al frente, acabo de poner en Google Imágenes: "CINTA DE CORRER + PERRO"

Tampoco hubiéramos tenido a Tintín, porque Herge hubiera puesto su primer esbozo en Facebook, y la peña le hubiera masacrado, en plan “¿qué mierda es este puto dibujo? ¿Un detective gay, con un perro moñas? ¿En qué coño piensas, Herge?” Internet no admite medias tintas, ni líneas claras. Con lo sensible que era el autor belga, su único álbum de Tintín hubiera sido “Tintín en el Tíbet”, que es a donde se hubiera trasladado el autor después de ver como las gasta la peñuqui en Internet.

La compulsión por opinar y el afán destructivo existente en las redes sociales también nos hubieran privado de las obras más arriesgadas, de las voces más personales y valientes. Si James Joyce hubiera tenido Twitter decenas de cretinos aspirantes a escritores se hubieran sentido amenazados y le hubieran recriminado su Stream of consciousness, hubieran tratado de anularle, por descarado y chuloputas, por aprovechar mejor las posibilidades de Twitter y por pretender destacar por encima del resto. Decenas de seudogacetilleros mediocres, amparándose en su agresividad cocida a fuego lento, su incapacidad para realizarse y destacar por encima de sus lecturas, del ruido y de una notable envidia, hubieran tratado de ningunear al gigante escritor irlandés, con tweets como este:

@MrRickMcGIOblogs: Quien se ha creído que es @james_joyce colapsando mi TL con su SOBREVALORADISIMO stream of consciousness??

@PatruchiXX Hasta el coño de @james_joyce Qué rayote pavo!! Cuenta ya tu chistorra o vete a tu casa. Yo leo para que me cuenten algo, matao. (Insertar emoticono)

Recordemos otras grandes obras, e imaginemos qué hubiera sido de ellas en caso de existir Internet: “Alguien debía de haber calumniado a Josef K., porque, sin haber hecho nada malo, fue detenido una mañana”. Así empieza “El Proceso” de Franz Kafka, pero si hubiera existido Internet a principios del siglo XX tal vez eso es todo lo que Kafka hubiera escrito, porque se hubiera pasado todo el día en Twitter, viendo videos de porno alemán, con chicas lamiendo charcos de orina en el suelo de un sótano berlinés. La tendencia al aislamiento de Kafka hubiera encontrado en Internet su complemento ideal, anulando sus impulsos artísticos. ¿Para qué escribir entonces? Como mucho, tendríamos unos cuantos tweets sueltos del gran genio, que ni siquiera serían tan buenos ni tan elaborados como la obra que se conserva en la actualidad, ya que el feedback instantáneo y la inmediatez en las redes sociales eliminan la necesidad de elaborar nada, o de desarrollar escritos en profundidad. ¡No hay tiempo! Max Brod no hubiera recibido el encargo de quemar la obra de su amigo, porque no hubiera existido la obra. Es divertido imaginar que a consecuencia de esto, sus tweets, lo único que conservaríamos hoy de él, no hubieran sido nada del otro mundo. Frases sueltas, muchas sobre su padre y algunos pequeños apuntes:

@franzkafka83 Mi padre me ha enviado una invitación a LinkedIn, así que no, no estoy bien.

@franzkafka83 Mi padre siempre me dice: «Franz, vales lo que vale tu último tweet.»

@franzkafka83 Idea para una novela: Madame Bovary pero con pistolas. #trabajareneesto

También es interesante destacar que de haber tenido twitter, Kafka hubiera tenido que incluir el ‘83’ al final de su nombre, ya que hubieran habido VARIOS kafkas en la red, varios de ellos con más seguidores que él, y mucho más desenvueltos en las redes sociales. Bromistas misóginos que se hubieran hecho un nombre por encima de Kafka comentado de forma mediocre la actualidad de entre guerras y lanzando chistecitos y puyitas de trasfondo misógino y caducos. Hoy no los recordaríamos, pero tampoco al Kafka original, se hubiera perdido entre tanto ruido de fondo.

Os estaréis preguntando, ¿y qué hay de las artes visuales? ¿Qué hubiera pasado con los grandes pintores de épocas pretéritas en caso de haber tenido Internet entonces? Bueno, hoy en día tendríamos menos retratos y muchísimos más autorretratos, eso seguro. Leonardo da Vinci jamás hubiera pintado la Gioconda”. Ni Goya a la Maja desnuda. Fuck fat bitches. En su lugar tendríamos un montón de autorretratos en Instagram del propio Goya, de Leonardo Da Vinci, todos bastante parecidos. Como mucho, habría alguna mención en Facebook a la mujer que sirvió de modelo para la Gioconda, algo tipo: “Ey, hoy ha venido una chica rellenita muy Cool al estudio, la voy a pintar un día de estos si consigo salir del puto triangulo de las Bermudas entre el email, el Facebook y el Twitter”. Pero nunca hubiera encontrado el momento para hacerlo. Tampoco de Velázquez tendríamos ninguna de sus obras, pero sí un montón de “selfies” en Instagram, mirando de reojillo, aunque le hubieran acusado de copiar la personalidad y el rollete de la ardilla dramática de Youtube.

Unos siglos después, Cezanne jamás hubiera desarrollado su famoso estilo pictórico, precursor directo del impresionismo, ni hubiera pasado miles de horas intentando capturar sobre el lienzo la luz perfecta sobre las manzanas en su estudio. Utilizado filtros de Instagram hubiera logrado efectos más o menos similares, le hubiera bastado con eso. Acompañaría fotos hechas con el móvil de sus frutas y bodegones, con frases como:

“La verdad es que los filtros de Instagram te sacan de un montón de marrones. El óleo es una puta guarrada”.

Muchos movimientos filosóficos y literarios como el nihilismo o corrientes de las que han surgido grandes obras como la misantropía hubieran sido puestos en cuestión de forma automática, no hubieran logrado desarrollarse, ya que para crecer los implicados hubieran recurrido al crowdfunding, perdiendo así toda su credibilidad, ya en las primeras fases de su gestación; hubieran sido el hazmerreir de los autores consagrados. Cínicos y nihilistas de cuarenta y tantos años entusiasmados con el Verkami, asqueados del mundo, pero pendientes de la recaudación de su crowfunding, eufóricos ante la posibilidad de lograr la panoja: la pesadilla póstuma de Baudrillard.

Al quedarnos sin muchas de sus obras, nos tendríamos que conformar con algunos estados de Facebook. Por ejemplo, Arthur Schopenhauer hubiera escrito en su muro: Desde que tengo Facebook, me reafirmo en que la existencia humana debe ser una especie de error. AHORA SÍ ESTOY SEGURO.

José Ortega y Gasset no hubiera podido tampoco publicar La Rebelión de las Masas”, porque hubiera tratado de conseguir publicarlo a través de un Verkami, quedando así desautorizado al instante (recaudando solamente trescientas pesetas). Pero por suerte hoy en día tendríamos algunos tweets dispersos del filosofo, en los abiertamente hubiera declarado cosas como: “Si no te sientes desapegado del mundo y desconectado emocionalmente de la humanidad es que no pasas el suficiente tiempo en las redes sociales.”

O este tweet: “Antes me podía pasar horas pensando en quién de toda la gente de mi entorno estaba más zumbada. Ahora ya lo sé, gracias al Facebook”.

Por último, el arte revolucionario, el que va desde el siglo XIX hasta la revolución bolchevique, no hubiera podido existir, porque la gente no hubiera salido de casa, como mucho tendríamos algún lienzo de Delacroix con gente sentada en un parque fumando porros y tocando los bongos en nombre de la revolución francesa, naturalezas muertas muy pijas de trasfondo bolchevique, algunos cortos de Serguéi Eisenstein bastante aburridos mostrando en plano fijo amplias escaleras desiertas, y algún que otro tweet de André Bretón (en su cuenta con sólo 64 seguidores) diciendo: “@andre_lebreton: Arte & Asesinato son lo mismo, joder. NO estoy de broma en Twitter. Voy en serio!!!!”

Buenos días!!!!!

— Jose Ortega y Gasset (@OrtegaGaset) enero 15, 2013

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