Columnas

Estilismos #001: Lana del Rey

Retro-chic de manual y récord mundial de moda

A estas alturas, escribir algo original sobre Elisabeth Grant, la chica que pasó de malvivir en una caravana a las afueras de Nueva Jersey a ser linchada tras (casi) debutar en el sacrosanto Saturday Night Live después de que 20 millones de personas vieran “ Videogames” en Youtube, se antoja casi imposible. Su relato se ha reproducido y diseminado tan profusamente que la chica, a estas alturas, bordea peligrosamente el precipicio de la saturación (ergo, aburrimiento). Pero, ¿qué tiene Lana del Rey para que media humanidad no pueda resistir el impulso de dar su opinión sobre ella? Sea lo que sea, lo cierto es que ha alcanzado el estatus de producto pop (esto es: la música ha dejado de ser lo más importante cuando se habla de ella) en tiempo récord.

Para empezar, Lana posee una imagen estudiada al milímetro que podría describirse como de femme fatale posmoderna hábilmente construida: look 50s y ondulada melena a lo Lana Turner mezclada con guiños gansta y un puntito de bizarrismo chic de ese que le gusta a los fans de David Lynch. Lo mejor de ayer y hoy mezclado sin complejos, como las imágenes que editó para el clip de “ Videogames” (un agridulce cóctel a base de skaters noventeros, fragmentos de Super 8 de factura casera y viejos cartoons). Ella misma se ha definido como una “ Nancy Sinatra gansta” y como “ una Lolita perdida en el bosque”.

Su estilo: En sus perfectamente administradas apariciones en los medios, Lana ha mostrado hasta ahora una obsesiva predilección por los vestidos blancos (el encaje es otro de sus favoritos), las deportivas (combinadas con grandes aros, el bling sutil ya es marca de la casa) y los tops cortos (siempre ha sido más de enseñar el ombligo o los hombros que el escote; a diferencia de la mayoría del star system pop, Lana no es de canalillo facilón). A su pasión por los vestidos en tonos pastel de niña buena y a las flores en general (la mismísima Tavi Gevinson homenajeó hace unos días la corona de flores rosas que Lana suele lucir) se suma su aversión por los tacones y su obsesión por las patrióticas stars & stripes. En conjunto, un inquietante (y visto lo visto, rematadamente excitante) look de decente republicana que va a misa los domingos y luego las mata callando.

Lo cierto es que, viendo las fotos que pululan por la red de su etapa pre-Lana del Rey (en las que aparece más casera, menos producida y sin labios XXL, con un puntito sórdido, a lo Elisabeth Shue hace un par de décadas), es imposible no pensar en que la Lana del Rey que conocemos es fruto de un estilista especializado en alimentar el interés del mundillo fashionista. Porque si algo ha conseguido la autora de Born To Die es ser recibida con alfombra roja en el mundo de la moda. A su lado, Adele resulta sosa y Lady Gaga una triste copia barata de Madonna. Hasta la fecha, del Rey se ha dejado querer (y vestir) por Antonio Berardi y Ricardo Tisci, el genio que ha devuelto el brío creativo a Givenchy a base de un gótico sofisticado, poético, muy depurado y no necesariamente oscuro. En la pasada Semana de la Moda de Nueva York, Lana apenas se dejó ver, pero “Videogames” sonó en los desfiles de firmas como Prabal Gurung. Y hace unos días corría por internet la noticia de que Lana acudirá a la próxima gala del Met organizada por el Costume Institute (EL evento del año en lo que a moda se refiere) del brazo del diseñador Joseph Altuzarra, uno de los niños mimados de Anna Wintour.

Aunque si hay un termómetro que demuestre el grado ascendente de popularidad de Lana del Rey y su meteórica carrera desde el circuito más underground y estrictamente musical al mainstream más oficial, ése son las portadas que ha ido ocupando en los últimos meses. Del NME al Interview ruso al Vogue inglés y tiro porque me toca. En un abrir y cerrar de ojos, Lana ha pasado de ser carne de cañón de Pitchfork a protagonizar un anuncio fake de Prada que ha corrido como la pólvora por la red (un estupendo fotomontaje que puede interpretarse como un chiste juguetón y hasta autoparódico sobre sus carnosos labios) y ser defendida públicamente por Tavi Gevinson y Alexandra Schulman, la directora de Vogue británico. A la moda le gusta de vez en cuando fagocitar elementos musicales exóticos para ganar puntos en autenticidad (ahí están M.I.A, Lily Allen o Beth Ditto, todas ellas absorbidas en los últimos años por las revistas de tendencias), aunque, como en todo, de la gestión de esa nueva y cegadora popularidad (ajena casi siempre a los méritos estrictamente musicales) dependerá la credibilidad del artista y su futuro.

Los detalles hablan por sí solos: en la portada de la edición británica de Vogue, Lana aparece retratada por Mario Testino y luciendo un conjunto de Louis Vuitton. Y todo el mundo sabe que tanto la cabecera como el fotógrafo como la marca francesa no suelen ponerse tan fácilmente al servicio de las recién llegadas. ¿Se quemará Lana por ese exceso de velocidad? ¿O ha nacido una estrella?

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