Columnas

Escribir gratis: ¿qué pasa cuando los periodistas aceptan no cobrar por su trabajo?

Spoiler: cada vez que uno lo hace, muere un gatito (y hasta el Guardian lo hace)

El debate sobre la justicia de remunerar (o no) a los colaboradores de medios no se acaba nunca. ¿Qué ocurre cuando son los propios escritores quienes se prestan a trabajar sin recompensa pecuniaria? ¿Y en qué momentos cabeceras de prestigio como The Atlantic o The Guardian (nada menos) se creyeron convencidas de que también ellas tenían que involucrarse en este modelo de negocio? Begoña Gómez Urzáiz actualiza la inacabable polémica a sus últimos movimientos.

Si tienes un amigo periodista (y si estás leyendo PlayGround, las probabilidades son altas), es posible que te enterases hace unos meses de la existencia de una cuenta de Twitter llamada @Jetas_Mag. Duró poco tiempo en activo y tan sólo amasó 685 seguidores, una cantidad discreta. Sin embargo circuló con regocijo por los muros y los feeds de los periodistas por una razón: hablaba de nosotros. Y nada nos gusta más [Igual comer con los dedos. Gratis. En los eventos]. Jetas era una revista ficticia moderneta, comprometida y politizada que pedía paródicamente colaboraciones a cambio de “capital simbólico” y “visibilidad”. O sea gratis total.

El dinero no hace la felicidad, la visibilidad en Internet sí.

— Jetas Magazine (@Jetas_Mag) January 28, 2013

¿Quieres vivir de tu trabajo? #cambiaelchip

— Jetas Magazine (@Jetas_Mag) January 28, 2013

Buenas noticias: la visibilidad está exenta de IVA e IRPF. Nuestras cuentas son transparentes.

— Jetas Magazine (@Jetas_Mag) January 28, 2013

¡Periodista! ¿Harto de los medios que tardan siglos en pagarte? Escribe para Jetas Magazine.

— Jetas Magazine (@Jetas_Mag) January 26, 2013

Otra historia frecuente en los muros de periodistas y allegados: los intercambios epistolares entre un creativo que se niega a ser explotado y la empresa que lo pretende.

Hace unos meses hubo un sonado caso español, que inicialmente publicó Gervasio Sánchez en su muro de Facebook. Allí denunciaba que Random House Mondadori había solicitado al fotógrafo Samuel Aranda, premiado en 2012 con el World Press Photo, una imagen suya del poeta Marcos Ana para publicar en un libro sobre Extremoduro. Cuando Aranda preguntó por las tarifas por la cesión de la foto, la respuesta fue: De momento los fotógrafos con los que he hablado, al ser un libro de Extremoduro, están colaborando desinteresadamente. No sé, ¿qué te parece? Tenemos un presupuesto bastante ajustado pero podemos mirar a ver”. A lo que Aranda respondía: “Supongo que Extremoduro cobra por sus actuaciones, discos y libros, supongo que tu cobras por el trabajo que estás haciendo para producir este libro, supongo que Random House ganara dinero con este libro, y supongo que los fans tendrán que pagar por comprar este libro, cierto? Entonces, ¿me explicas por qué tendría que dar yo mi trabajo gratis?”.

Poco después sucedió un caso similar en Estados Unidos, que fue ampliamente replicado, comentado, compartido y retuiteado. El periodista Nate Thayer había publicado en la web NKNews un largo artículo sobre el bizarrísimo viaje de Dennis Rodman a Corea del Norte y la llamada “diplomacia del básket”, que al parecer lleva 25 años funcionando entre el país de Kim Jong Un y Estados Unidos. A la editora digital de The Atlantic le gustó tanto que le preguntó al autor no sólo si podía publicarlo, sino si éste podía reescribirlo y dejarlo en una medida más manejable, de unas 1.200 palabras. ¿Por cuánto? Por nada. Por el honor y la gloria, y los “13 millones de lectores al mes” que alcanza la publicación y que se encarga de citar Olga Khazan, la editora en cuestión.

Thayer respondió:

—Soy un periodista profesional que lleva 25 años viviendo de su profesión y no tengo la costumbre de ceder gratuitamente mis servicios a los medios para que puedan aprovecharse de mis esfuerzos a la vez que me privan de la posibilidad de pagar mis facturas y alimentar a mis hijos (…) Francamente, evitaré sentirme insultado pero sí estoy perplejo. ¿Cómo puede alguien esperar servicios profesionales de calidad sin compensar por ellos? Hágame saber si quizá le he entendido mal.

The Atlantic dice que no, que se han expresado perfectamente, que ese mes ya se ha acabado (conmovedor e imbatible ese argumento: ¡haber llegado a principio de mes, freelance pringado, cuando aún había dólares en la saca!) y que, de todas formas, sólo pagan 100 dólares, 73 euros brutos, por las piezas originales.

Thayer concluía que “éste es el estado del periodismo en 2013”. Y en efecto, tocó la fibra. Los principales medios digitales se hicieron eco (al ser entrevistado en repetidas ocasiones, el periodista fue perdiendo la diplomacia y añadiendo fucks a sus declaraciones: “la visibilidad no da de comer a mis fucking children. Fuck that”, dijo al NY Mag). The Atlantic, la revista centenaria que, no en vano, mejor ha sabido hacer su reconversión digital, no se calló. Su senior editor, Alexis Madrigal, pasó un día respondiendo a airados lectores en Twitter y después escribió su propio y muy interesante artículo de respuesta, titulado " Un día en la vida de un editor digital".

"Los periodistas, según Alexis Madrigal, no deberíamos coger tanto cariño a nuestros preciosos textos"

Allí habla de su propios inicios, cuando le pagaban 12 dólares por post, acusa a Thayer de aprovechar el suceso para ganar atención, y en pocas palabras explica el cambio de modelo que ha llevado a la situación actual: los anunciantes pagan mucho menos a las webs de lo que pagaban a las publicaciones de papel, a la vez los medios digitales tienen acceso a muchos más contenidos, que “de media, suelen ser mucho peores que una historia cualquiera sacada de una de las principales revistas”. Y los periodistas, según Madrigal, no deberíamos coger tanto cariño a nuestros preciosos textos, puesto que sólo 5 o 6 historias al mes son un éxito viral y el resto son basurilla digital. La estrategia requiere “publicar (mucho), tuitear y rezar”, hasta que llegue el post milagroso que levante los visitantes únicos. Admite que no le gusta pedir trabajo gratis. Pero si tiene que hacerse, se hace.

Esa es una política a la que se prestan cada vez más medios consolidados, también en España: por costumbre, pagan, pero si les ofrecen algo gratis (blogs, por ejemplo) no van a decir que no. En realidad, ahí lo que está sucediendo es que se mezclan dos negocios distintos que casi siempre conviven mal.

Al bloguero no le hace falta cobrar por escribir puesto que su business está en otra parte: cobra por su contenido esponsorizado, por asistir a determinados eventos, por posar con según qué ropa, por cocinar con determinado producto… un modelo tan respetable y 2.0 como cualquier otro. Lo que obtiene del medio tradicional es una elevación de perfil y una serie de intangibles, como el prestigio. A cambio, el medio consigue a) contenido gratis y b) una fanbase prestada del bloguero en cuestión. ¿Todos ganan? Pues no, necesariamente.

"¿Es aceptable trabajar gratis “para los amigos” pero no para un gran medio, igual que está más feo robar en la tienda de la esquina que en el Carrefour?"

El trato deja al medio en cuestión en una situación de vulnerabilidad mayor de la que se aprecia a primera vista. Si el bloguero en cuestión rompe las reglas, algo con mucha probabilidad de suceder porque, como decíamos, se tratan de culturas profesionales distintas, la cabecera no tiene manera alguna de castigarle o protegerse, más allá de dejar de aceptar su trabajo. No puede despedirle porque, vaya por dios, jamás le contrató. Ni le retribuyó por su trabajo. La práctica salpica además negativamente a los periodistas que sí viven de esto y sí esperan seguir cobrando por sus contenidos.

Si el Caso Aranda y el Caso Thayer (que posteriormente se complicó: a Thayer le acusaron de plagiar la famosa historia sobre Rodman y Corea del Norte) levantaron tanta polvareda es también porque las empresas que requerían su trabajo gratis no eran precisamente webecillas amateur, hechas con una mano delante y otra atrás, sino potentes conglomerados empresariales. ¿Cambia eso la situación?, ¿Es aceptable trabajar gratis “para los amigos” pero no para un gran medio, igual que está más feo robar en la tienda de la esquina que en el Carrefour?

Según Javier Calvo, no. Es igual de denigrante. El escritor, y ganador del Biblioteca Breve en 2012, publicó ahora hace casi un año en su blog un texto titulado " Comunicado de la víspera de todos los santos" , en el que declaraba que jamás volvería a escribir para terceros sin cobrar. Y sí: a los escritores consolidados (a ellos más que a nadie, de hecho) también se les pide toneladas de trabajo gratis, apelando a su buena fe ( “todo el mundo está arrimando el hombro”), a la precaria situación del mercado ( “no tenemos dinero ni para pagar la luz”) y a la independencia del medio. Calvo rebate: “Falso. No sois independientes, dependéis por completo de encontrar a pobres desgraciados a los que explotar”.

Doce meses más tarde, el escritor dice haber cumplido con su cometido de no escribir gratis, “aunque no han dejado de pedírmelo, ni a mí ni supongo que a nadie”. Y admite que su postura va acompañada de otro compromiso moral: si espera que le paguen por sus contenidos –en el fondo lo que subyace bajo esta infravaloración de lo creativo es que no es trabajo: se supone que el que lo hace disfruta como un enano y además le sale solo–, él también los paga religiosamente. El consumo responsable, para mí, pasa por una serie de conductas que te distingan del gran público irresponsable: evitar comprar en Amazon, pagar siempre por contenidos, comprar medios independientes, comprar en librerías locales y no en cadenas, etc. Si eso se hace, la cosa puede seguir funcionando y además les estamos quitando los argumentos a todas esas ratas que se intentan aprovechar de nosotros”, asegura.

“Me alegro de que desaparezcan medios y revistas (que no pagan)”

Tanto en su texto como en sus respuestas para PlayGround, el autor arremete especialmente con esos pequeños proyectos culturales que surgen en España desde que arrancó la crisis: “me alegro de que desaparezcan medios y revistas que no pagan. Habría que quemarlos todos”. Si a nadie se le ocurre montar un bar sabiendo que no va a poder pagar al proveedor de cervezas ( “oye, Mahou, todos estamos arrimando el hombro”), ¿por qué hay tantos que se animan a montar webs, revistas online, festivales y proyectos sabiendo que no va a dar un duro a los que crean el contenido? Pues porque hay gente dispuesta a dar ese contenido gratis. Los motivos son varios: porque el creativo en cuestión es joven y se encontró ya así el panorama, es decir, no tuvo tiempo de trabajarse antes su firma, porque ya tiene otros ingresos y escribir es su hobby, porque no necesita el dinero o porque, cree, no tiene otro remedio.

La que mejor lo sabe es Arianna Huffington, fundadora del medio que lleva su nombre, máximo exponente de la agregación de contenidos. Hasta Obama bromeó con ella en la última Cena de Corresponsales: “Te mereces el Pulitzer que habéis ganador, Arianna. No hay nadie ahí fuera linkando el periodismo de calidad que tú linkas. ¡Y no les pagas! Es un gran modelo de negocio”. El columnista del L.A. Times Tim Rutten describió ese modelo como “un galeón de esclavos comandado por piratas”. Otros han sido menos caritativos.

Sin embargo, también tiene sus defensores. Los blogueros que escriben para el Huff Po saben a lo que van: nunca se les prometió dinero. Su nombre y su cargo aparece bien reseñado y la visibilidad les sirve para promocionar sus otras actividades, ya sea su nuevo libro, sus charlas o simplemente su trabajo de 9 a 6, si es que lo tienen. Si no quieres que te exploten, sugiere el articulista de Forbes J.T.Walker, conviértete en dueño de tu modo de producción, es decir, abre tu propio blog y autoempléate. Claro que difícilmente harás dinero de esta manera. Además, te leerá menos gente.

"Asistimos perplejos a un curioso fenómeno: la profesión se pauperiza y a la vez se elitiza"

La editora de la edición española, Montserrat Domínguez, señalaba en casi todas sus entrevistas al abrir El Huffington Post que el contenido duro, las noticias, sí las escriben los periodistas (pagados y con contratos más serios que los de otros medios) y que lo que se agrega y se recibe gratis no constituye “ un trabajo periodístico” sino “ de opinión, de análisis”.

Aunque esto no elimina el problema: sigue habiendo periodistas, escritores, fotógrafos que tienen la loca idea, como Nate Thayer, de alimentar a sus fucking children con lo que hacen, y que asisten, también perplejos, a un curioso fenómeno: la profesión se pauperiza y a la vez se elitiza. Lógico: ser periodista da muy poco dinero, y por lo tanto más vale traérselo puesto. Más vale ser rico de casa si uno se quiere dedicar a la profesión. Esto último es ya un hecho: desde que empezó la crisis, en Estados Unidos (el único sitio donde se ha medido con propiedad: las redacciones han perdido en diversidad racial y de género y eso afecta incluso al tipo de historias que se reportan. Recientemente, el periodista David Dennis denunciaba en The Guardian que nadie está cubriendo, por ejemplo, el crimen urbano en ciudades como Nueva Orleans y Chicago. El mismo periódico publicaba el pasado diciembre el manifiesto de una estudiante de periodismo contra las prácticas impagadas. ¿Cuánto cobró Libby Page por su pieza? Nada, cero. Claro que, ¿quién no querría publicar en The Guardian?

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar