Columnas

Echando raíces

¿De qué hablamos cuando hablamos del Nuevo Folk?

Vamos a reflexionar, respirar y leer sobre música folk. ¿Qué entendemos aquí por folk? ¿De qué hablamos cuando hablamos de raíces? Tori Sparks –cantante, escritora y artista a tiempo completo– nos lleva de viaje a través de la moderna Americana. Atención.

Mi trabajo consiste en escribir acerca de folk, roots, blues, Americana y alt-country; esas serían mis áreas de conocimiento y alcance teórico, al menos después de haber editado unos cuantos discos a mi nombre, catalogables en esos mismos géneros. Pero identificarte como experta en un cierto tipo de música puede ser una afirmación demasiado atrevida. Sería lo mismo que jactarse de cocinar bien. Una vez han salido las palabras de tu boca, más vale que el soufflé que acabas de hacer deje a tus comensales sin habla, ¿no creen?

Nací en Chicago y he vivido en Nashville –más conocida como la Ciudad de la Música– durante casi toda mi vida adulta, y eso me ha permitido el privilegio de ver, conocer y/o trabajar con algunos de los músicos más increíbles del planeta; músicos que tocan, por generalizarlo de alguna manera, música acústica.

Mi madre no sabe nada de música a nivel “profesional”, y aún así tiene muy buen oído cuando se trata de escuchar una canción. La diferencia entre mi madre y yo es que mi experiencia ganándome la vida como músico me ha otorgado un vocabulario que me permite hablar con propiedad, crear controversia y llamar la atención sobre algunos artistas que merecen de verdad la pena, y que practican música de vocación acústica. Así que, tanto da si eres una persona aficionada a la música de raíces o sólo un curioso que ha llegado aquí por casualidad en una parada técnica en tu viaje alrededor de otros géneros, por favor abrochaos el cinturón y vamos allá.

Dice la Wikipedia: “ La música de raíces es una categoría amplia de música en la que se incluyen estilos como bluegrass, country, góspel, old time music, jug bands, folk Apalache, blues, cajun y música de los Nativos Americanos. La música se considera americana bien sea porque tiene su origen en Estados Unidos o porque se ha desarrollado en ese mismo territorio a partir de orígenes foráneos, hasta el punto de que ha obligado a los musicólogos a considerarla como algo nuevo y distintivo. Se le llama ‘música de raíces’ porque ha servido como base para mucha música posteriormente desarrollada en Estados Unidos, como el rock and roll, el rhythm and blues y el jazz”.

Louis Armstrong dijo una vez: “ Toda la música es folk [nota: juego de palabras intraducible, ‘folk’ también significa ‘persona’, ‘tipo’, ‘amigo’]. Nunca he visto a un caballo cantar una canción”. En otras palabras, la música folk es la música de la gente...

"La Voz del artista es de suma importancia. Las letras, el mensaje, el tono, se supone que son personales, y a menudo imperfectas. Los temas suelen ser tan alucinantes que nunca los podríamos imaginar: amor, pérdida, Dios, política..."

Esta idea me gusta. Así que, ¿por qué esta obsesión con la catalogación de géneros? Cualquiera que tenga dos orejas pegadas a ambos lados de la cabeza puede llegar a dos conclusiones por sí mismo: 1. ¿Es música?, y 2. ¿Esto es lo que quiero escuchar? ¿Me da igual si es Metallica o Mozart? En cualquier caso, como el negocio musical ha ido creciendo a partir de un modelo que giraba alrededor de la radio, lo que la gente quiere saber al fin y al cabo es “qué tipo de música es esta”. Por desgracia, la respuesta “buena música” no siempre sirve, y muy a menudo ese tipo de material que nunca entra en las listas de ‘los 40 principales’ acaba por ser marginada a favor del último single de Black Eyed Peas. Y por eso siempre habrá un pequeño pero poderoso ejército de defensores de los estilos de música alternativa que, con tal de darle a los géneros “menos comerciales” una oportunidad de salida, estaremos siempre aquí para darle voz a lo que llamamos ‘la música real’: música que nos hace sentir cosas distintas, ya sea BB King o Beastie Boys. Y en el caso de esta columna, queremos concentrarnos en música de origen acústico, llamémosla como la llamemos.

Prefiero ponerme del lado de Louis Armstrong, y no tanto alinearme con la Wikipedia, y afirmar que no hay reglas per se, pero aquí va mi idea básica de lo que sería Roots Music: suele haber una guitarra o un piano en alguna parte. El artista o la banda componen su propio material, y si no lo hacen es porque realizan versiones de material muy antiguo (lo que, técnicamente, convierte a la pieza en un standard, no una versión, o eso me parece). Sólo hay que pensar en el millón de versiones que existen de “Summertime”. La Voz del artista es de suma importancia. Las letras, el mensaje, el tono, se supone que son personales, y a menudo imperfectas. Los temas suelen ser tan alucinantes que nunca los podríamos imaginar: amor, pérdida, Dios, política… así que si te consideras un poco cotilla, perfecto, eso significa que la banda ha hecho bien su trabajo.

Una nueva manera de hacer folk: hay que dejar a Dylan atrás de una vez por todas

Ahora bien, cuando hablo de música ‘acústica’ o ‘folk’, ¿qué ideas se os vienen a la cabeza? Hace cien años, la respuesta habría sido la música de baile de la campiña inglesa, un sanjo tradicional de Corea o la jota aragonesa. Hace unas décadas, la respuesta obvia habría sido Dylan, Joan Baez, Woodie Guthrie. Hace dios o quince años, posiblemente nos habría venido a la cabeza el pop-folk feminista de los 90s, con Jewel a la cabeza, o quizá las Indigo Girls. Lo más seguro es que hayas escuchado y leído mucho sobre todos estos artistas y muchos otros más.

"Es una mezcla de roots, rock, indie, country, desánimo y pulcritud técnica. Bienvenidos a la nueva manera de hacer folk"

Avancemos hasta hoy, la segunda década del siglo XXI. Os presento a lo yo llamo las nuevas bandas folk. Hay que pensar en una banda de garaje, de unos cuatro o cinco miembros, aunque en vez de un garaje quizá estén ensayando sus canciones en un granero. Mantienen la estética primitiva que definió a las bandas Roots y folk en el pasado, pero su música y su actitud están lógicamente influenciados por los últimos 60 años de amplísimo cambio social y musical.

Su actitud no anda demasiado lejos de la ética garage/grunge/indie-punk de la generación anterior –que, en cierto modo, tampoco andaba demasiado lejos de las tendencias combativas de los folkies originales. Woodie Guthrie era un activista comprometido, los Strummers más populares de su generación y la siguiente se proclamaron en contra de la guerra de Vietnam –pero el sonido de las nuevas bandas folk, aunque influencia por la música de las cuatro décadas anteriores, es totalmente diferentes. Las manifestaciones políticas quizá sean más sarcásticas y sutiles, quizá la ingenuidad de los 60s y la rabia justificada de los 70s se haya acabado diluyendo, pero esa actitud, fundamentada en la idea de que “hacemos música real sobre las cosas que conocemos”, sigue siendo la misma. En serio, este Nuevo Folk, ya sea un género o un subgénero, sigue molestando y mucho a la misma gente malhumorada que todavía se queja de “cuando Dylan se pasó a la música eléctrica y lo mandó todo a la mierda” –oh, sí, chicos, esa gente todavía está ahí fuera–, pero es un género que sigue con su proyección al alza. Es una mezcla de roots, rock, indie, country, desánimo y pulcritud técnica. Bienvenidos a la nueva manera de hacer folk.

Para fans de… ¿de qué? Oh, odio cuando tengo que comparar artistas con otros artistas. Es como comparar a tus ex amantes. Es posible, claro que sí, pero resulta bastante inapropiado.

Dicho esto, a todos siempre nos viene bien unas cuantas pistas para entender mejor nuestras experiencias aurales. Algunas de las bandas de las que estoy hablando son las siguientes: The Low Anthem, Great Lake Swimmers, Gregory Alan Isakov, Melissa McClelland, Iron & Wine, Anna Calvi y muchos más. Son el producto de su misma generación, como lo son algunas bandas de rock inteligentes, de letras comprometidas como Muse, Arcade Fire o The Shins… pero donde estas últimas tomaron el camino de la guitarra eléctrica, nuestros chicos del folk prefirieron ir por el otro camino de la confluencia polvorienta del camino para servirse de acordeones, guitarras acústicas, lap steels y panderetas. Añadamos un pequeño theremin, o cualquier otro instrumento raro y oportuno –percusión a base de sartenes, como hace Tom Waits, y cosas así–, y ya lo tendríamos. Lo más seguro es que luzcan barbas y vistan trajes de pana comprados en cualquier tienda de ropa de segunda mano, en vez de esas ropas de diseño que visten otros, pero el comentario social cínico, intelectual y personal viene de un lugar muy parecido.

El tipo del Nuevo Folk se deja ver poco, pertenece a la rama más discreta de una generación de artistas que aspiran a crear algo que toque una tecla sensible en este mundo digital nuestro, a veces desierto de emociones. Cada vez más son más comunes ese tipo de grupos, tanto en Estados Unidos como en Europa, y la respuesta del público siempre es favorable.

2

Esto es exactamente de lo que estoy hablando: crítica del álbum “Dark So Gold” de The Pines

Me he llevado una gran alegría al encontrarme con un disco que encajara tan bien con el artículo que planeaba escribir.

Es (podría decirse) imposible hacer un disco que suene distinto a todo lo que hay ahí fuera. Pero, en mi opinión, es casi tan difícil hacer un álbum que encaje perfectamente dentro de un género y que, aún así, consiga tener una Voz Propia –es decir, que suene a sí mismo, únicamente a sí mismo–. Una vez has escuchado a The Pines será imposible que les confundas con cualquier otra banda que conozcas.

No sabía nada de este septeto con base en Minneapolis cuando empecé a escuchar su tercer álbum, “Dark So Gold”, pero la música habla por sí sola. Guitarra acústica y piano, percusión tranquila, sintes atmosféricos mezclados con sonidos ambientales y de lluvia: todo esto es lo que conforma un paisaje auditivo que hizo que quisiera escuchar todas las canciones del disco sin saltarme ninguna. Las canciones están bien tocadas y arregladas de manera original, por no hablar de lo bien grabadas que están. No sé por qué, pero hay gente que piensa que etiquetas como Americana, roots, blues o folk se pueden utilizar como meras excusas para justificar una actuación pobres o una producción perezosa. Pero no es el caso de estos chicos.

El álbum empieza con uno de mis temas preferidos, “Cry Cry Crow”, que recuerda al ritmo de un grupo de prisioneros encadenados mientras camina lenta y pesadamente a través de una historia de amor perdido. (No sabía que era posible “caminar lenta y pesadamente” en un buen sentido, pero, parece ser que sí se puede). Justo cuando piensas que cada pista sonará con esa oscuridad solemne, épica, que tanto recuerda a tierras de labranza, la banda empieza a desprender actitud. Por ejemplo, “Chimes” empieza así: “If you don’t believe I’m leaving, you can follow me to the train.” [ “Si no crees que me vaya a ir, puedes seguirme hasta el tren”]. Es bonito escucharles y comprobar que no se cortan a la hora de poner un poco de groove, como ocurre en ese tema de aromas country, “Rise Up And Be Lonely.”

"Para mí, la buena música de cualquier género es música que me da ideas para mi propia música, tal y como ocurre con este álbum."

Estos arreglos están hechos con el acento puesto en la sutileza, en el sentido de que cuanto más lo escuchas más rarezas intrigantes descubres, y con letras que dejan imágenes reconocibles grabadas en tu cerebro: “my heart upon the table” [“mi corazón sobre la mesa”], “the hourglass you’re holding is filled with falling snow” [“el reloj de arena que sostienes está lleno de nieve que cae”]. Mencionan peregrinos, marineros, imaginería del viejo mundo y del fin del mundo, pero también cantan sobre satélites y la América corporativa. La mezcla de lo moderno con lo eterno, voces jóvenes recortadas con lo que parecen experiencias de la vida real, atractivas y refrescantes. La pesadez, la intensidad y la melancólica no dan con ninguna nota en falso. El pensamiento que me vino a la mente fue: “Vale, estos chicos saben de lo que hablan”. Incluso la mezcla entre distintos vocalistas nunca hace que la cohesión del conjunto se resienta. Esta propensión a hablar de corazones rotos y de política no anda lejos de los temas de los folkies de antaño, pero como el sonido es fresco y la aproximación a ambos temas es mucho menos cursi de lo que podríamos haber escuchado en un disco de los 60s, los lamentos no suenan caducos ni basados en clichés.

Las canciones están dirigidas por grandes rimas, pero no suena pretencioso. Justo cuando lo pictórico podría empezar a opacar la historia, la lógica de las letras se salva con simples y sencillos versos: “I’m not asking for much, just your bittersweet touch” [“No pido demasiado, sólo tu caricia agridulce”] o “I thought I was in love once but I don’t know / I was over dressed and scared to be alone” [“Creía que está enamorado, pero no sé / Estaba más vestido de la cuenta y asustado de estar solo”]. Como una flecha directa al corazón. Este equilibrio entre imaginería y emociones sencillas me recuerda un poco al estilo de escritura de Todd Snider, Dave Olney o, incluso, Tom Waits.

Al final acabé escuchando el disco entero porque me apetecía, no porque creyera que debía hacerlo para escribir la crítica. Para mí, la buena música de cualquier género es música que me da ideas para mi propia música, tal y como ocurre con este álbum.

Ahora, antes de que empecéis a pensar en ello, había inicialmente algo en este disco que me molestaba. “Moonrise, Iowa” en un principio parecía poco más que un descarte. Es un fragmento breve de canción, sin letra, con unos punteos de guitarra indistinguibles, relajante pero no demasiado interesante. Entonces leí el título. He estado en Iowa, he visto salir la Luna ahí, y puedo decir que esta pieza tranquila, subestimada, hace honor a su título. De acuerdo, de acuerdo, lo dejaremos pasar por esta vez… acabo de consumir una de mis vidas.

The Pines - Dead Feathers

¡Pero unas cuantas canciones después estos chicos descarados han tenido los huevos para volverlo a hacer! La canción “Grace Hill” es similar en el sentido de que es un tema corto y acústico que casi parece de relleno, excepto que, como ésta es la segunda vez que la banda utiliza este truco –que sirvió, por lo menos, para despertar mi curiosidad– pensé: “¿Otra vez? De acuerdo, tiene que tener un sentido. Esperaré a ver cuál es”.

La tercera pequeña pista acústica, “Losing The Stars”, cierra el álbum. Llegados a este punto, he escuchado todo el proyecto y el ritmo entre las canciones completas y los cortos interludios musicales parecen funcionar. Estos breves trozos forman una parte del paisaje que la banda ha creado intencionadamente y con éxito. Que las canciones funcionasen juntas para formar un conjunto más grande que la suma de sus partes es impresionante, especialmente en estos días en los que hay la mentalidad de que los discos están muertos y que lo que importa son los singles. El resultado final de escuchar “Dark So Gold” de principio a fin fue como si estuviese en el asiento del pasajero durante un viaje por carretera a través del Medio Oeste americano.

Como he mencionado antes, no tenía idea de quiénes eran estos chicos, pese a haber coincidido con ellos de vez en cuando en diversas conferencias musicales y salas. Después de escuchar el disco, leí la biografía en su página web y me impresionó no sólo la dedicación de la banda a su proyecto, sino también el buen gusto que tuvieron Red House Records a la hora de ficharles hace unos años. Sirve para demostrar que aún hay espacio en la industria musical para bandas que prefieren no vestir ropas horteras.

El enfoque silencioso de la banda puede que no resuene si no prestas la suficiente atención, pero hay mucha sustancia ahí dentro si estás dispuesto a escuchar. Habrá quien se haya acercado a ellos porque en el pasado han teloneado a Bon Iver, Mavis Staples, Arcade Fire, Iris DeMent y Mason Jennings, entre otros. Su web dice que estarán de gira a lo largo de 2012, así que, espero verles en directo si puedo.

En conclusión…

Espero que te hayas expuesto a nuevos sonidos o, quizá, nuevos pensamientos sin importar que tus gustos normalmente se inclinen hacia Dr. Dog o Dr. Dre. ¿Cuándo fue la última vez que agarraste tu guitarra, por cierto…?

Nos vemos en la carretera.

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