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Más EDM, menos rollo hortera (gracias, crisis): crónica de la primera semifinal de Eurovisión 2013

En un ejercicio masoquista (aunque muy a gusto, oiga), nos papamos la aburrida avanzadilla eurovisiva de anoche para filtrar y servir los espantajos musicales de nuestro continente

¿Sigue siendo Eurovisión el esperpento televisado que más une a los europeos? Si no van Portugal y Andorra ¿quién demonios va a votar por España? ¿Hay algún travesti, algún humorista o cualquier espécimen que merezca nuestra atención? Después de ver la primera semi-final, tenemos respuesta para éstas y otras preguntas. Sabemos, por ejemplo, que se lleva el rollo EDM, el estilismo a lo Grimes y las copias de Katy Perry.

La tradición beligerante de nuestro continente no terminó con la II Guerra Mundial. La política y las sociedades clamaban unión y concordia entre los pueblos de Europa. Pero sólo un poco. Como en algún lugar nos teníamos que pelear todos, en 1956 nacía el Festival de la Canción Eurovisión auspiciado por la European Broadcast Union –algo así como la asociación de teles de Europa–. La primera contienda musical tuvo lugar en la siempre neutral Suiza y participaron siete países. Hasta los años 70 reinó el buen rollo, en general. Tanto que en 1969 empataron cuatro países y se lió parda porque no había normas de desenredar un empate. A partir de ahí, dientes y uñas. La contienda se hizo más feroz, el número de países aumentó significativamente –ahora participa hasta Azerbaiyán, del cual solo han oído hablar en Europa aquellos que hayan ganado mucho quesito azul en el Trivial, odien a Joan Laporta o hayan visto algún partido del Atlético de Madrid– y las tretas escénicas para hacerse con la victoria relegan la música, la buena música, a una posición secundaria.

El tema de las votaciones también es vinculante a la hora de juzgar cómo se desarrolla el festival. Si sólo vota un “jurado de expertos” huele a tongo, a politización y a totalitarismo musical –a ser “un/a racista de la música”, como Eva Perales–. En una borrachera de democracia barata, se decidió que votara el público. ¡Sorpresa! El flujo migratorio comenzó a dibujar unos peculiares mapas de votaciones en los países. El resultante de ambos factores es una curiosa pero fehaciente caricatura de las relaciones políticas en nuestra querida Europa (aquí un dibujo para ilústralo). Este año ha habido cambio en el reglamento de votos. Hay jurado y voto popular; y en ambos casos se contabiliza el apoyo a todas las canciones y no sólo a las que entren en el top 10 de cada país. Con esto, además de maquillar el voto de la emigración, se conseguirá evitar que muchos países acaben con la humillante cuenta de puntos vacía (como les pasó a Remedios Amaya y a Lydia con su vestido de Ágatha Ruíz de la Prada).

¿Qué nos depara el festival en esta edición? Por lo pronto, tenemos un tema, “ Contigo Hasta El Final” de El Sueño De Morfeo, con una gaita midi –lo folkie, como veremos, es denominador común en parte la música eurovisiva– y la insoportable voz nasal de Raquel del Rosario. ¿Funcionará? No sé, si por mí fuera, este año no se participaba en Eurovisión, que está muy mal la cosa. Como Portugal, que ha prescindido del festival y, con este gesto, a España se le escapa uno de sus principales pozos de votos. Andorra tampoco participa, así que ídem. Por mucho que España esté entre los “Big Five” (Alemania, Reino Unido, Italia, Francia y nosotros) con pase directo a la final, no es desde luego favorita. Este año, por lo que hemos visto en la web de Eurovisión, lo que predomina es el baladote de pasteleo con austera (crisis, crisis, crisis) puesta en escena, el eurodance a là EDM y los guiños al folk-pop de Festival de Ortigueira. Caso aparte es el de Bonnie Tyler. La señora del “Total Eclipse Of The Heart” o “I Need A Hero” (vaya temazos) representa al Reino Unido con una balada bien llamada “Believe In Me”.

Ayer martes se celebró la primera de las dos semi-finales (la segunda tendrá lugar el jueves y la final será el sábado, con los 10 escogidos en cada semi, más el país anfitrión, que es Suecia, más los “Big Five”), un auténtico bodrio plagado de canción romántica, vestidos de gasa largos e intrusismo en la electrónica de estadio. Ya sabemos que la excelencia musical no predomina en Eurovisión, pero es que ayer ni los países del este nos dieron nuestra dosis de horterismo, jamelgueo y extravagancia (que es por lo que muchos continuamos siendo fans de este encuentro musical de los pueblos de Europa). No obstante, hemos recopilado los cinco momentos, las cinco canciones, más estelares de la semi-final. Estelares para bien o para muy mal

1. Hannah: “Straight Into Love” (Eslovenia)

Que viva el serrucho y la cofradía del brostep, señores. La EDM en estado puro aterriza en Malmö de la mano de Eslovenia. La intro de “Straight Into Love” recuerda a cuando una marca de teléfonos móviles usó por primera vez wobbler y dimos por perdido al género. Si se le quita el rollo “filthy”, el tema ganaría bastante.

2. Emmelie de Forest: “Only Teardrops” (Dinamarca)

Descalza, a cara lavada, vestida haraposa y acompañada del flautista de Hamelín. Emmelie de Forest es algo así como la Grimes de Eurovisión. Además, ya ha dado el cantazo diciendo que es tataranieta ilegítima de la Reina Victoria de Inglaterra, ahí es nada. Sea como fuere, la niña salvaje es una de las favoritas este año (y ha pasado a la final). El folkie representando.

3. Igranka: “Who See” (Montenegro)

¿Moombahtrap? ¿Balkanttón? ¿Raperos astronautas? La participación de Montenegro es de aquellas por las que merece la pena tragarse las semis de Eurovisión. ¿Qué mierdas pasaba por la mente de estilistas y escenógrafos? Lo curioso es que si eliminas la parte de la canción en la que interviene ella, te queda un freebie bien majo para Mad Decent. Atiende Diplo.

4. Andrius Pojavis: “Something” (Lituania)

Esperaba con ansia esta actuación después de ver este vídeo de Andrius Pojavis. Sus cejas las mueve el diablo, están articuladas como las de Achmed de The Dead Terrorist. El realizador y algún psicoanalista han borrado los movimientos de Pojavis, qué pena. La canción es de una copia pocha de The Killers y él es como un Manu Tenorio centro-europeo. Pero ha pasado a la final.

5. Moje 3: “Ljubav Je Svuda” (Serbia)

Se llaman Moje 3 y durante la canción se deben estar diciendo algo bastante chungo, aunque es imposible descifrarlo por el lenguaje corporal de las participantes serbias (¿qué es ese teatrillo? ¿Os queréis, os odiáis?). La canción es un mojón dance del montonazo. Aquí lo realmente interesante es la interpretación sui generis de los estilismos de Katy Perry. No han pasado el corte para llegar a la final.

En la próxima entrega, segunda semi-final con su correspondiente dosis de chonismo continental y sinsentidos artísticos –y ésta sí que la tiene, que nos hemos estudiado los vídeos previos–.

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