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Dredd 3D: un chute de adrenalina

Un regreso violento al universo del Juez Dredd en un marco claustrofóbico y alucinante

“Dredd 3D”, una nueva recreación del universo claustrofóbico y violento del personaje de cómic Juez Dredd, es la gran atracción de la cartelera esta semana. Ciencia-ficción distópica con mucha adrenalina y una visión madura sobre el género.

Uno

En tiempos en los que el cine fantástico y de acción persigue insaciable la psicología y el tormento, en los que no parecen considerarse suficientes las variables que hasta no hace mucho se le pedían (distopías absolutas, personajes icónicos, situaciones imposibles o improbables, adrenalina y violencia sin reverso crítico o metafórico), la aparición de películas como la inglesa “Attack The Block” (2011), la indonesia “The Raid” (2011; inédita en España) y la que ahora nos ocupa, la estadounidense “Dredd 3D” (2012) emergen como agradecidas y necesarias raras avis. No son propuestas huecas o desligadas del momento en el que brotan, pues, por los materiales que baraja (el miedo y la violencia entre ellos), el cine de género suele hacerse eco –de forma directa o indirecta– del contexto político y social del que nacen; pero tampoco son películas con una imperiosa voluntad reflexiva o que jueguen al símil solemne. Son puros ejercicios de género, gestados por cineastas que conocen sus códigos y su tradición, y que no caen en el (cada vez más común) error de menospreciarlos o considerarlos insuficientes para armar sus propuestas.

No son éstas las tres únicas películas recientes desligadas de la imperiosa necesidad de trascendencia hoy tan en boga. La elección se debe a su similitud en varios sentidos, sobre todo a una extraña coincidencia argumental: la acción se concentra en un edificio-ratonera en el que los protagonistas deben sortear violentos obstáculos para salir con vida. “Attack The Block” se acerca a las otras dos en su concepción del escenario y en el arrojo con el que su director, el inglés Joe Cornish, opta por la fantasía sin coartadas; pero se distancia en el tono, no exento de mala leche pero menos oscuro. Las otras dos, en cambio, son prácticamente almas gemelas. Sus argumentos son muy similares, la estructura de la narración, también; y comparten su nihilismo y su apuesta por una violencia directa y sin depurar (de hecho, el director de “Dredd 3D” no utiliza filtros para rebajarla, sino que los usa para hacerla resplandecer). Se distinguen, eso sí, en su manera de plantear la acción. Serían algo así como dos formas distintas de resolver una historia similar. En “The Raid”, la acción es pura (y magna) coreografía, puro cuerpo a cuerpo con clase y con brío. En “Dredd 3D”, en cambio, se resuelve de una forma más técnica, sobre todo en montaje y posproducción.

Dos

Nueva adaptación de Juez Dredd, un personaje creado en 1977 por el guionista John Wagner y el dibujante Carlos S. Ezquerra para la revista británica de ciencia-ficción 2000 AD, la película de Pete Travis ( “Omagh”, “En El Punto De Mira: Vantage Point”), sitúa su acción en el futuro y encierra a sus protagonistas, el juez titular (encarnado por Karl Urban y bajo el influjo de Robocop) y una novata en periodo de pruebas (Olivia Thirlby) en un edificio mortal, sellado herméticamente, donde deberán lidiar con la despiadada Ma-Ma (Lena Headey), una ex prostituta sin escrúpulos, con la cara marcada con brutalidad, que tiene sometido el bloque (un suburbio en sí mismo, una colmena vertical superpoblada y marginal de doscientas plantas), a un auténtico régimen de terror y controla el mercado de Slo-Mo, una droga que ralentiza la actividad cerebral.

“Dredd 3D” brilla más en la ejecución que en el texto, si bien es más que probable que el guión, escrito por el inglés Alex Garland, el autor de la novela “La Playa”, ya encerrara una de las decisiones clave de la película: no enseñar la cara del protagonista (mejor dicho, enseñarla sólo parcialmente), convirtiéndole así en una entidad abstracta, en una representación conceptual de la justicia en bruto, sin cuestionamientos morales, destinada a fulminar el mal con violencia y sin preocuparse por los daños colaterales. Esa determinación, que distingue la película de Travis de la discreta “Juez Dredd” (1995), dirigida por Danny Cannon y protagonizada por Sylvester Stallone, al que sí llegábamos a ver sin casco, es una puerta abierta a la agresividad, la violencia y la locura llevadas a un extremo que, por decididamente irreal, chalado y definitivamente fantástico, no tiene ningún sentido cuestionarse en términos de gratuidad.

Tres

Pero insisto, el valor de “Dredd 3D” no está en el texto, aciertos aislados al margen. Garland podría haber sido más ingenioso tejiendo el relato; podría haberle sacado más partido a un escenario con infinitas posibilidades (el diseño del edificio-búnker, sobre todo del engranaje por el que queda prácticamente sellado, es alucinante). A la película le falta inventiva en el diseño de situaciones y de muertes (en este sentido es superior “The Raid”), y le habría sentado bien un sutil remanso de humor. La fuerza está en la ejecución. “Dredd 3D”, en la que el 3D garantiza un mayor disfrute de las escenas –al ralentí y la mayoría muy violentas– que simulan los efectos psicotrópicos del Slo-Mo, destaca por su puesta en escena, por su atractiva manera de introducir un imaginario fantástico y situaciones ultraviolentas en escenarios urbanos verosímiles (las miserias del futuro vaticinado por Garland-Travis se mantienen intactas respecto al presente). Otro punto fuerte es su dirección adrenalínica: el director rueda con pulso y no deja que la acción flaquee o caiga en el punto muerto. Y la baza definitiva es su manera de combinar sofisticación, brutalidad y dislate en la representación de la violencia.

Por distintas razones (algunas de ellas opuestas) otros estrenos a destacar esta semana son “The Possession”, de Ole Bornedal, un ejercicio mainstream de posesiones y exorcismos que ni ofende ni sorprende medianamente; “Eternamente Comprometidos”, comedia romántica (o anti-comedia romántica, según el ángulo desde el que se mire) producida por Judd Apatow y fruto de una nueva colaboración entre Nicholas Stoller (aquí director y guionista) y Jason Segel (aquí actor y guionista), el mismo dúo tras la magnífica “Paso De Ti” (2008); “Holmes & Watson: Madrid Days”, de José Luis Garci, versión delirante y al ralentí las investigaciones (aquí, ninguna) del famoso personaje; y, sobre todo, The Deep Blue Sea, incontestable obra maestra. Dirigida por Terence Davies ( “La Biblia De Neón”) a partir de una obra del dramaturgo inglés Terence Rattigan e interpretada por una soberbia Rachel Weisz, se trata de una historia de amour fou tan bella como dolorosa.

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