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Te proponemos un test: ¿soportas este instante televisivo?

Descubre si tu mente detecta el ácido solidario

Play.

¿Ojos secos? ¿Lágrimas? ¿Te pica una oreja? ¿Arcadas?

Puede que no notes nada. Si es tu caso, el test termina aquí. Ve a la solución número 1.

Si aún no lo has procesado, o si no es eso lo que sientes, continúa leyendo.

"A mí me hubiera gustado abrir la puerta de Gran Hermano para que vinieran los sirios que pudieran venir a vivir y a salir del horror en el que están, es decir, ofrecer la casa de Gran Hermano. Venga, ¿cuántas familias sirias caben en la casa de Gran Hermano?".

Si crees que la intención es lo que cuenta, y que Mercedes Milà tiene buena intención aunque ella sea de esa manera tan suya, ve a la solución número 2.

Si algo te incomoda, continuemos.

"Esta noche he soñado…¿por qué no? Llenar la casa de Gran Hermano de esas personas que huyen de la guerra por esas carreteras, igual que huían los españoles después de la Guerra Mundial. Ya sé que no es posible, pero que quede claro que sería lo que a mí más me gustaría".

Si crees que Mercedes Milà es buena persona, ve a la solución número 3.

Si crees que tiene un ego más grande que la Segunda Guerra Mundial, sigamos. 

"¿Y qué pasaría? Eso sí que sería un Gran Hermano alucinante. No pasarían castings, no pasarían nada, no nos enteraríamos de nada. Otro formato, oye, se puede considerar otro formato".

Si crees que Milà ha tenido una buena idea y que habría que probar el "formato", ve a la solución número 4.

Si has llegado hasta aquí y las sienes te palpitan, ve al consuelo número 5.

SOLUCIONES

1. Felicidades, tu mente es resistente al ácido solidario. Como dirían algunos entrenadores de fútbol y políticos retirados de la política, eres un monstruo. Pero para bien, ¡eh! Tu psique es capaz de soportar toneladas de publicidad machista, bromas ultraviolentas y hasta de provocarte risa ante la desgracia ajena. Y sin necesidad de beber cerveza antes de comer. Esa es llave de tu fuerza: todo lo que no te afecta personalmente, te rebota en la frente.

2. Felicidades, sufres un derrame caritativo. Te impresionan las muestras de solidaridad. Esos momentos en los que la gente se viene arriba y dice lo que hay que decir, joder. Aunque luego no hagan nada. La solidaridad hay que sacarla, como los gases.

3. Felicidades, eres solidario. Te duele ver a niños muertos flotando en la orilla, por eso te llevas las dos manos a la boca cuando ves el telediario y te indignas ante tus compañeros de trabajo. Quieres vivir en un mundo más justo, aunque prefieres no hablar de política migratoria europea, porque no sirve para nada. Aprecias gestos como los de la presentadora: famosos que se atrevan a decir cosas incómodas en prime time (siempre que no sean sobre política migratoria europea). Después de mostrar en público tu solidaridad hacia los refugiados sirios te sientes mucho mejor contigo mismo. Pero nunca lo dices, porque queda mal.

4. Felicidades, eres un innovador. El mundo necesita gente como tú, emprendedores capaces de romper barreras de la comunicación. Todo vale para acercar la "realidad" de los refugiados sirios al gran público. Sí, siempre habrá quien diga que eso es convertir la desgracia humana en espectáculo, y que grabar a una familia siria durmiendo en un sofá con corazones explica poco de los motivos de su situación, que incluso invisibiliza la culpa europea. La gente es antigua. Tú sabes que unos sirios jamás habrán tenido tanta audiencia, y eso tiene que ser bueno por fuerza. 

5. Lo sentimos, tu mente detecta el ácido social. Tienes ganas de beber alcohol. Te apetecería que los europeos no nos sintiéramos bien con nuestros buenos sentimientos, sino que sintiéramos vergüenza y miedo de nosotros mismos. 

Ve a por un trago y brindemos por el show de la realidad.

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