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Descenso al mundo malsano y perturbador de Ben Wheatley, el último ‘enfant terrible’ del género fantástico

Tras ‘Down Terrace’ y ‘Kill List’, se estrena por fin una película del director británico en España. Se trata de ‘Turistas (Sightseers)’, una de las triunfadores en el pasado festival de Sitges

Ben Wheatley, uno de los directores británicos de terror, suspense, humor y delincuencia (todo junto) más interesantes de la nueva generación, estrena su tercera película tras haber arrasado en el pasado festival de Sitges. Se trata de “Turistas”, la historia macabra de una pareja disfuncional a la fuga.

Uno.

Con sólo tres largometrajes, el inglés Ben Wheatley se ha convertido en uno de los nuevos directores de cine de género más interesantes, observado de cerca por los programadores de festivales especializados y por los espectadores atentos a las propuestas genéricas más peculiares y sorprendentes. Su primer largometraje, sin estreno comercial en España, es extraordinario: “Down Terrace” (2009), una especie de cruce de drama social y película de la mafia donde ya estaban prácticamente todos los elementos de su obra posterior. Pero la película que realmente le puso en el punto de mira fue su posterior “Kill List” (2011), también inédita aquí, uno de los filmes de género más originales, imprevisibles y escurridizos de los últimos años. Igual que su primera película, arrancaba como un relato criminal de texturas realistas. Pero, sin previo aviso, Wheatley desestabilizaba el relato con elementos inesperados, tomados de géneros muy distintos, hasta abocarlo a un final insospechado y sorprendente. No es “Turistas” (mejor guión y actriz en el pasado festival de Sitges, donde se han visto todas las películas del director) su mejor trabajo, pero sí una buena película. Y es ideal para entrar en el universo enfermizo de Wheatley y valorar si vale la pena recuperar las anteriores.

Dos.

Sobre el papel, “Turistas (Sightseers)”, la primera de sus películas que no ha escrito Wheatley (los guionistas son los actores que encarnan a la pareja protagonista), es la enésima versión de un relato con pareja enamorada y criminal a la fuga. Pero los parecidos con otras películas en la línea (de “Bonnie And Clyde” a “Asesinos Natos”) se diluyen en una propuesta en la que, como en sus otros filmes, Wheatley no sólo esquiva un patrón y un tono convencionales, sino que experimenta continuamente en ambas direcciones. “Turistas (Sightseers)” no es un híbrido genérico común. Va más allá del cambio ingenioso de género y de registro. Si la gracia de “Kill List” eran las variaciones bruscas, las mutaciones inesperadas y de choque, la del filme que nos ocupa es, como en “Down Terrace”, la ensambladura perfecta de elementos dispares: en “Turistas (Sightseers)” brotan simultáneamente la sátira social, la comedia negra y del absurdo (con una apuesta estupenda por el gag visual), el melodrama romántico, la fantasía alucinatoria y el terror, este último tanto en su vertiente psicológica como en la más física.

Tres.

Las vacaciones rurales en caravana de Tina (Alice Lowe), que a sus 35 años aún vive con su madre, una mujer chalada y manipuladora, y Chris (Steve Oram), un treintañero tan inestable como ella con el que sale desde hace tres meses, son el soporte de una comedia disparatada y macabra que es muchas otras cosas a la vez, entre ellas una historia de amor atípica, una sátira enferma y llevada al extremo de las relaciones familiares, amorosas y sociales disfuncionales y un relato criminal que esquiva los clichés, sobre todo los relacionados con los roles masculino y femenino. Estas dos últimas cosas, que brotan en la presentación de los personajes y se llevan al límite durante el viaje de la pareja por las Islas Británicas, también eran la base de “Down Terrace”, película con la que “Turistas (Sightseers)” comparte a su vez la pasmosa naturalidad con la que lo criminal se integra en lo doméstico.

Cuatro.

Como sus anteriores trabajos, la película de Wheatley sorprende por cómo encajan en ella la violencia en lo cotidiano y el humor en lo brutal. Es curioso porque, en lo que diferencia a “Turistas (Sightseers)” de otros híbridos que cruzan más o menos los mismos géneros, aquí ni la comedia aparece para aligerar el horror, para hacer que la película respire, ni la violencia tiene una naturaleza festiva o artificial. El humor y el horror se mezclan y se confunden en una película que acierta precisamente en eso, en su habilidad para cruzar géneros y humores sin desvirtuarlos, sin hacer que pierdan contundencia o sean simples adornos. En este sentido, la ruta turística de Tina y Chris por paisajes de postal, pueblos minúsculos, ruinas y pequeños museos es a la vez un viaje aterrador y divertido, macabro y delirante, realista y fantasioso (fuga a la fantasía pura, formulada a modo de sueño, incluida), violento y cotidiano. Siempre bañado en una tristeza extraña, otra constante en la filmografía del autor. Es en esa mezcla perfecta y perturbadora donde “Turistas (Sightseers)” brilla.

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