Columnas

Hacer deporte no es de derechas, presumir de ello sí

Una reflexión sobre actividad física, comunidad y política al hilo de los escritos deportivos de Pier Paolo Pasolini

Grábate este concepto a fuego: capital corporal.

Es súper fácil de entender, verás.

Cuanto más guapo me veo y más me gusta mi cuerpo, más me quiero.

Más confianza en mí mismo.

Más poder en las relaciones sociales.

Mayores beneficios. Mayor rendimiento del capital corporal. Tu cuerpo es tu marca.

Este concepto es usado por Javier Bassas en el libro Sobre el deporte (Contra), que recopila los artículos que sobre la actividad física escribió Pier Paolo Pasolini.

1. Deporte como soledad en movimiento

Queremos hacer deporte. Pero apenas hay tiempo para quedar con los amigos a practicarlo en equipo. La prueba es ese típico grupo de WhatsApp que parece hacer petting comunicativo, que siempre vibra y nunca remata: "Sí, sí, tenemos que quedar y jugar". Ya. Claro.

Todo el mundo está ocupado trabajando. Así que cuando se trata de deporte solo hay dos vías: o verlo o hacerlo por tu cuenta. Adiós amigos.

Está la posibilidad de apuntarte a un gimnasio. De salir con la bici. O de ir a correr. En ninguna interactuarás demasiado con nadie. Así que no te olvides del iPod.

Corregimos nuestra pasividad con soledad en movimiento

El problema es que vivimos sentados y practicar deporte de manera individual suelen ser un parche temporal. Siempre será más fácil buscar excusas para no ir a correr solo que para no ir a jugar con tus amigos, aunque solo sea por las cervezas de después.

Además de que, estando solo, el aburrimiento siempre acechará.

¿No estaremos entonces tratando de corregir nuestra pasividad con soledad en movimiento?

2. ¿El opio del pueblo?

Si hablamos más políticamente del deporte, recogemos el guante que a su vez recoge Pasolini. En palabras del mítico entrenador del Inter Helenio Herrera: “El deporte sirve para tener tranquilos a los trabajadores. Sirve para no hacer la revolución”.

Aunque la izquierda ha calificado tradicionalmente al deporte como opio para las masas, hay situaciones en las que un solo gol se lleva por delante a la teoría política. La España rojigualda campeona del mundial de 2010 es un buen ejemplo de ello. ¿Cuántos republicanos se emocionaron hasta las lágrimas aquella noche en la que una bandera contraria a sus posiciones reinaba en todo el planeta?

Pero el deporte en sí mismo no es de derechas. Ni siquiera conservador. El fútbol quizá el que menos; no hay que confundir el negocio con el juego. Y en eso, en el juego, no se puede ser más popular y democrático: basta una pelota. Y a veces ni siquiera eso.

El deporte no es de derechas

Lo que ocurre es que el fútbol de élite es el que habita los medios de comunicación. Y quienes hablan ante los micros son futbolistas millonarios que viven en burbujas vitales.

Es tan inútil pedirles un discurso social a esos veinteañeros ricos (basta fantasear con la posibilidad de que Cristiano Ronaldo o Messi se crucen con un indigente o conozcan una persona desahuciada en su día a día) como injusto meter en el mismo saco de falta de inquietud a todos los futbolistas profesionales.

En definitiva, criticar al fútbol por ser el opio del pueblo es el equivalente de criticar la gastronomía porque mientras la gente cocina y come no hace la revolución y porque los grandes chefs del mundo no incendian palacios de gobierno.

3. Yo, yo, yo como Cristiano

En el deporte no juega solo en el nivel macropolítico. En los barrios de cada ciudad hay cada vez menos espacio para jugar en equipo. En las plazas de Barcelona, la ciudad con el considerado como mejor equipo de fútbol del planeta, hay carteles así:

Sin embargo, allí donde todavía se puede jugar, la televisión se ha encargado de inocular allí el veneno del marketing personal.

Tengo un amigo que es trabajador social y entrena a niños que juegan al fútbol en un barrio obrero de Gijón. Cuenta que uno de sus chicos llevaba en un entrenamiento los dedos llenos de esparadrapo sin motivo aparente. “Como Sergio Ramos”, decía el crío.

Mi amigo también recuerda cómo otro de sus jugadores intentó regatear y le quitaron el balón. Entonces el niño se paró y gesticuló como si una cámara de TV lo estuviera enfocando. Cuando mi amigo, su entrenador, le dijo “así no se juega”, la respuesta del niño de 9 años fue contundente: "Como Cristiano”.

Si tu compañero no coge bien un balón que le has lanzado, quizá es que no se lo has pasado bien

"Como Cristiano" quiere decir que te dan igual tus compañeros. Que con ser tú el mejor ya vale. Algo tan insolidario como ridículo en un deporte de equipo. El fútbol o el baloncesto, en ese sentido, deberían ser un territorio difícil de conquistar para el individualismo recalcitrante, para la marca personal. Da igual que marques 4 goles o 55 puntos si tu equipo pierde, o aún más si un compañero tuyo se ha lesionado gravemente.

En otras palabras, si tu compañero no coge bien un balón que le has lanzado, quizá es que no se lo has pasado bien.

4. Vaqueros y machos solitarios

Lo peligroso del asunto no es que hablemos de deporte infantil. Ni siquiera que la tendencia que premia la actuación personal sea cada vez más fuerte. Que un niño atleta o nadador tenga actitudes indidivualistas parece tener algo de sentido.

El problema es que hablamos de deportes de equipo. Los medios de comunicación usan a los deportistas "más destacados" para poner cara a noticias inexistentes: que Cristiano se rompa una uña no debería salir en los informativos. Ni que decir tiene que el deporte de élite no genera noticias 'reales' diarias. Así se crean las estrellas.

Hoy, uno puede amar a los Cristiano, Messi, Gasol o LeBron sin verlos jugar. Son como ese John Wayne que fue el mito para toda una generación no porque fuese el mejor actor, sino el que en más películas exitosas aparecía.

El deporte no debería ser competitividad. Solo su mercantilización lo convierte en una industria. Desde pequeños, los niños son educados como si el deporte fuera un gran embudo social. Únicamente la minoría logrará llegar a la élite, pero la pregunta es ¿por qué esa élite debe suponer un objetivo?

Es casi imposible jugar enfadado en equipo

Además, el deporte es divertido cuando es un fin en sí mismo. Quien haya jugado en equipo sabe que la situación es terreno abonado para complicidades y bromas. De hecho, es más fácil pasarte meses enfadado en una oficina que aguantar 90 minutos cabreado sobre el terreno de juego. Toda interacción juega a tu favor.  

Decía Pasolini que el fútbol podría ser el mundo profesional más aburrido de la historia. Decía que es un mundo solo de machos y un mundo de machos solos. Para comprobar que la masculinidad normativa y el deporte de equipo están en permanente tensión, basta un simple ejercicio: busca en Google "imágenes divertidas fútbol". La mayoría muestran a jugadores en posiciones forzadas de tinte sexualmente ambiguo. Y esto en 2015.

5. Derecho a no ser campeones

El deporte profesional proyecta individualismo y reproduce normas conservadoras. Es cierto.

El apasionado del deporte con sentido común lo sabe. Si tiene conciencia social, sabe que vive en una profunda contradicción. ¿Cómo explicar la alegría que te invade cuando tu equipo, que está gestionado por millonarios que te tratarían como a una rata, gana un título?

Decía Manuel Vázquez Montalbán que el fútbol es una parcela irracional indispensable para el ecosistema emocional de una persona que no crea en ningún Dios.

O sea, para vivir. Y vivir sin contradicción es vivir a medias.

A lo mejor no ganaremos nada. No seremos los mejores. Pero sí que sudaremos y nos divertiremos.

Y ese derecho al sudor y la sonrisa se defiende en equipo. Ese derecho a no ser campeones.

Estar vivo es sudar. Vivir es compartir el sudor

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