Columnas

Deerhunter: una introducción

El grupo de Atlanta, convertido ya en todo un referente en la escena alternativa norteamericana, se dispone a lanzar en mayo su sexto álbum, “Monomania”, y a actuar en el Primavera Sound. Esta es su historia.

Son dos los motivos que nos han empujado a escribir un monográfico sobre Deerhunter. En dos semanas llega a las tiendas su sexto disco, “Monomania”, y a finales de mayo actúan por partida doble en el Primavera Sound 2013. Buen momento para echar la vista atrás y calibrar la importancia de los de Bradford Cox.

Con la llegada de su sexto disco en sólo ocho años, “Monomania”, toca ofrecer una retrospectiva de lo que ha significado la obra de Deerhunter en todos estos años. La banda de Atlanta, pese a lanzar un álbum de debut denostado por ellos mismos, consiguieron con su sucesor, “Cryptograms”, abrirse camino dentro de la escena independiente norteamericana con un sonido propio que bebía de distintas fuentes como el post-punk, el shoegaze o el ambient. Su historia es la de un meteórico ascenso. No se trata de un grupo de masas, como de justicia hubiese sido que ocurriese, pero sí un proyecto respetado tanto por crítica como por público. Cada nuevo lanzamiento de los de Bradford Cox es seguido con detenimiento y fervor entusiasta. Dentro de su ámbito, hay pocas bandas (¿Animal Collective?, ¿Liars?...) que hayan conseguido mantener una carrera tan regular, sin altibajos, siempre bordeando la excelencia, dando un paso adelante con cada nuevo álbum y sorprendiendo en unos directos que se conciben como más salvajes que su propia música. Pero antes de todo, es preciso echar la vista atrás y ver cómo fueron los orígenes, nada fáciles, de la banda y, especialmente, de su líder, el muy carismático Cox. Bienvenidos al mundo Deerhunter.

1. Los inicios: la enfermedad y el debut

Bradford Cox nació con el síndrome de Marfan, una enfermedad rara del tejido conectivo que afecta a esqueleto, pulmones, ojos, corazón y vasos sanguíneos y se caracteriza por un aumento inusual en la longitud de los miembros. Alrededor de los diez años esta dolencia comenzó a afectar a su cuerpo de manera visible y “empezó a tener un aspecto extraño”. Sin amigos, el único interés de Cox era cómo la música podía sonar “descorazonadora, nostálgica o melancólica”. Rápidamente se identificó con Eduardo Manostijeras de la película de mismo nombre y también le encantó la banda sonora de Danny Elfman. Con el paso de los años, su gusto por la música cambió hacia algo más “monótono e hipnótico” como “Transient Random-Noise Bursts With Announcements” de Stereolab. En diversas ocasiones ha comentado que sus cambios en los gustos musicales se debían a su estado vital y mental. De adolescente dejó el instituto, aunque obtuvo el certificado escolar más tarde, y sus padres se divorciaron, lo que propició que viviese solo en su casa de infancia . “Literalmente vivía en esta casa grande suburbana por mi cuenta”. A los veinte años atravesó un periodo en el que sólo se interesó por “un cierto tipo de psicodelia suburbana pastoral. Era escapismo. No quería manipulación emocional. Algo así como lo opuesto a ‘Eduardo Manostijeras’”.

En 2001 fundó Deerhunter junto al bajista Paul Harper y el batería Dan Walton, quien dio nombre a la banda. Pronto se les unió un amigo en común, Moses Archuleta, que se ha mantenido en la formación del grupo todos estos años. Al principio se dedicó a tocar el órgano Acetone y se encargó de la electrónica. Los primeros conciertos que dieron eran experimentales y basados en buena medida en la improvisación. Ya por entonces Bradford Cox empezó a grabar música por su cuenta bajo el pseudónimo de Atlas Sound. Paul Harper se mudó y fue reemplazado por Justin Bosworth. Más o menos durante ese tiempo también se unió a la guitarra Colin Mee y Dan Walton dejó Deerhunter, lo que propició que Archuleta se encargase de la batería. Con el paso del tiempo, las actuaciones se basaron más en las canciones y perdieron ese factor experimental de sus inicios. Ya en 2004 Joshua Fauver (ex Electrosleep International) se sumó a la banda cuando Bosworth falleció por lesiones cerebrales en un escalofriante accidente con el monopatín. Fue entonces, con una formación más estable, que grabaron su debut en siete pulgadas para Die Slaughterhas y más tarde el estreno en largo homónimo para Stickfigure.

Su álbum de debut, “el resultado de mucha negatividad”, está bastante alejado de lo que Deerhunter grabaron en posteriores lanzamientos. Ahí practicaron un post-punk sucio y un rock ruidoso y poco pulido. Hay algunas conexiones con “Cryptograms”, pero la factura lo-fi y experimental de “Turn It Up Faggot” hace que las diferencias sean enormes. Y siendo totalmente honestos, en él tampoco se exhibía casi nada del talento que sí mostraron en su sucesor. La aversión hacia este trabajo se extiende hasta el propio Cox, quien declaró en una entrevista: “Odio este álbum, de verdad. Me gustó cuando lo hice pero éramos una banda joven, simplemente desperados por sacar algo al mercado y creo que no estábamos preparados”. La muerte de Bosworth marcó bastante el sonido de este disco, de hecho, está dedicado a él. El título está cogido de un insulto que les proferían en sus primeros conciertos. Tras la grabación, Cox pidió a Lockett Pundt, un amigo del instituto que se uniese al grupo para que pudiese concentrarse más en la voz y la electrónica.

2. El gran salto: “Cryptograms” y “Microcastle”

Tras una gira con Lockett Pundt entre sus filas, que proporcionó unos pasajes de guitarra repletos de reverb, y donde coincidieron con artistas como Lightning Bolt y Gang Gang Dance, Deerhunter se pusieron a trabajar en su segundo álbum, “Cryptograms”, cuyo proceso fue tan traumático como el anterior. Tardaron casi dos años en terminarlo por problemas emocionales, físicos y económicos. La primera mitad del disco fue grabada en 2005 en unas sesiones infructuosas y de las que quisieron olvidarse para siempre. Hubo problemas personales y técnicos entre los que se incluía pianos desafinados y ataques de pánico. Pero más tarde volvieron al mismo estudio por recomendación de Liars para terminar lo que habían empezado. Finalmente consiguieron grabarlo todo en dos días (uno para cada una de sus mitades). Aquí encontramos a unos Deerhunter que por fin han hallado su sonido que se mueve entre el ambient, el noise rock y el pop psicodélico (este género especialmente predominante en su segunda mitad, con canciones sobre la adolescencia, la enfermedad y las conexiones fallidas, que son las que más han tocado en sus actuaciones recientes). El LP fue lanzado por Kranky en enero de 2007 y pocos meses después le siguió “Fluorescent Grey EP”, fruto de las mismas sesiones, algo que ya por entonces demostraba su incontinencia creativa, que se extiende a su blog, donde colgaban antes con más regularidad que ahora todo tipo de grabaciones. Se trató de un trabajo que en lugar de mostrar lo que iba a venir a continuación, servía como una suerte de epílogo para “Cryptograms”, una manera de pasar página y completar un capítulo después de una etapa especialmente difícil. Durante la gira de presentación del álbum, Colin Mee abandonó la banda porque no pudo presentarse a un par de conciertos.

Tan sólo un año después, en octubre de 2008, llegó su tercer disco, “Microcastle”, que grabaron en los Rare Book Studios de Brooklyn en tan sólo una semana. La formación entonces consistía de Bradford Cox, Lockett Pundt, Josh Fauver y Moses Archuleta, algo que se mantendría durante unos cuantos años. A diferencia de de su predecesor, la banda decidió aquí abstenerse de optar por un fuerte uso de los pedales de efectos. Sobre la dirección musical, Cox dijo: “Estoy más interesado en la microestructura. Quiero que las cosas sean más cortas, no quiero que se extiendan demasiado”. El resultado fue mucho más pop que “Cryptograms”, en cierto modo siguiendo la estela de su famosa segunda mitad. Las canciones aquí son más dulces y melódicas, sin demasiado nervio y ruido (con la excepción de la sobresaliente “Nothing Ever Happened”). Lockett Pundt cantó en dos canciones, “Agoraphobia” y “Neither Of Us, Uncertainly”. Con todo, también tuvieron problemas con este álbum ya que se filtró en mayo, cinco meses antes de su lanzamiento, lo que enfadó mucho a la banda, que decidió para compensar a los fans que iban a esperar a comprarse el LP grabar un segundo disco, “Weird Era Cont.”, en el que exploraron su vertiente más experimental, con las habituales texturas acuáticas que les caracterizarían a partir de entonces y, ahí sí, con temas de estructuras más largas y complejas. En 2008 grabaron en unas sesiones separadas otras cinco canciones que se reunirían en “Rainwater Cassette Exchange”. Durante una actuación en el All Tomorrow’s Parties de 2009 que comisionaron The Flaming Lips, Bradford Cox anunció que la banda se tomaría un descanso para “dedicar el tiempo a otras cosas” y dijo que el show era el último en “mucho tiempo”. Durante esa época Bradford Cox recuperó su alias Atlas Sound y lanzó su segundo álbum, “Logos”, Josh Fauver continuó con su trabajo en su sello, Army of Bad Luck, Moses Archuleta se apuntó a una escuela culinaria y Lockett Pundt empezó a actuar como apoyo a su álbum de debut en solitario como Lotus Plaza, “The Floodlight Collective”.

3. “Halcyon Digest”, un punto de inflexión para el indie-rock contemporáneo

El parón, aunque alarmó a sus fans más acérrimos, que por aquel entonces ya eran muchos, duró bien poco. En junio de 2010 grabaron su quinto disco, “Halcyon Digest”, ya para 4AD, en unas pocas semanas. La producción se repartió entre Chase Park Transduction de Athens (Georgia) con Ben H. Allen, productor del sobresaliente “Merriweather Post Pavillion” de Animal Collective, y NOTOWN SOUND en Marietta (Georgia) donde Bradford Cox grabó por su cuenta la pieza final, “He Would Have Laughed”, un sentido homenaje al recientemente fallecido Jay Reatard. Para anunciar su lanzamiento, en septiembre de ese año, la banda adoptó una mentalidad totalmente DIY muy en consonancia con sus héroes new wave de los 70s y 80s y Cox diseñó unos flyers fotocopiados de corta y pega para una campaña de marketing estilo guerrilla. Un motivo, entre muchos otros, para venerar y calibrar la influencia de la banda. Para muchos está considerada como su mejor obra, en la que mejor saben perfeccionar una fórmula que han ido depurando a lo largo de un corto periodo de años. Las canciones alternan entre la parsimonia, las aguas ambientales del tramo central de “Microcastle”, la soledad y el aislamiento o el nervio de “Nothing Ever Happened” repetido y mejorado en “Desire Lines”, escrita por Lockett Pundt. Aquí resuenan ecos tan diversos como Jesus And Mary Chain, The Beatles o Roxy Music.

Tras la gira promocional tocó volver a hacer el mismo proceso que tras “Microcastle”, tomarse unos meses de descanso para dedicarse a otros proyectos. Fue entonces cuando más y mejor vimos crecer tanto a Atlas Sound como a Lotus Plaza. Con el lanzamiento de “Parallax” y “Spooky Action At A Distance”, ambas bandas se convirtieron en algo más que la metadona que te tomas para sobrevivir al mono de Deerhunter. Del mismo modo que la banda madre, Bradford Cox y Lockett Pundt han sabido crecer por su cuenta, evolucionar de unos inicios más instrumentales y dispersos, a un cancionero de mentalidad más pop. Mientras que “Parallax” sirvió para demostrar que Cox es el Messi de Deerhunter, es decir, el mejor componente de la banda, y que por su cuenta puede apañárselas igual de bien que con sus compañeros, “Spooky Action At A Distance”, manifiesta que el grupo a la vez es un juego de equipo y que Lockett Pundt, como Moses Archuleta o Josh Fauver, es tan esencial como su espigado líder.

4. “Monomania”: el presente

Entre enero y febrero de 2013 Deerhunter se encerraron en el Rare Book Studios de Brooklyn, donde grabaron “Microcastle”, para ponerse a trabajar en el que sería su sexto álbum, “Monomania”. El disco ha sido producido por Nicholas Vernhes y Bradford Cox y grabado en la oscuridad de la noche. Tras un periodo de cierta estabilidad sufrieron más cambios en su formación. Josh Fauver abandonó la banda y se unieron Frankie Boyles y Josh McKay, que habían acompañado a Lockett Pundt como miembros de Lotus Plaza. Se trata de un trabajo que recuerda la sucia estética punk de sus inicios; y que ha sido descrito como “el álbum de garage rock nocturno perfecto lleno de sonidos de guitarra vintage brumosos y a capas”. Según Pundt y Cox, Pierre Schaeffer, Steve Reich, Bo Diddley, Ramones y Ricky Nelson son las influencias principales del LP. Aún es pronto para pronunciarse sobre el álbum, no en vano no sale hasta el 6 de mayo, pero sí se puede decir ya que aúna con maestría ese sonido destartalado de sus inicios y un rollo garage californiano con las encantadoras y melódicas piezas dream-pop que recientemente han facturado (es difícil no caer rendido a los pies de temas como “T.H.M.” o “The Missing”).

Entre sus planes de futuro también está comisionar un festival All Tomorrow’s Parties en Camber Sands (Reino Unido). Además de contar con decenas de artistas invitados, Deerhunter tocarán en cada una de las tres jornadas por completo “Cryptograms”, “Microcastle” y “Halcyon Digest”. Esto dice mucho de la importancia de la banda, pues sólo los mejores tienen el privilegio de ser comisarios de un evento ATP. Sobre sus conciertos, también cabe decir que se han ganado la fama de ser de lo más intensos, incluso más que la música grabada. Es decir, son una de esas pocas bandas que muestran un estado de forma envidiable tanto en disco como en directo. Un buen ejemplo del torrente de creatividad que exhiben es ese salvaje mashup que interpretaron en su anterior gira entre “Nothing Ever Happened” y “Horses” de Patti Smith. En los shows la estrella de la función suele ser Bradford Cox que a menudo opta por llevar vestidos veraniegos que acentúan más su figura escuálida y ha llegado a actuar con sangre falsa expandida por su cara y sus manos. “No me gusta la idea de estar por el escenario sólo con unos tejanos y una camiseta. Parece anticlimático”, aseguró al respecto. Genio y figura.

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