Columnas

Cocooning

Por Javier Blánquez

Cocooning Javier Blanquez Música a la bartola.

Coinciden en el tiempo la publicación de esta nueva entrega de Cocooning y el disco de Brian Eno en Warp, “Small Craft On A Milk Sea”, y perdón por anteponer el nombre de esta humilde sección a la obra del hombre que soñó, como hiciera Pitágoras, que con un punto de apoyo movería el mundo. En el caso de Eno, el mérito es doble, ya que movió el mundo desde la cama, soñando el ambient moderno como un espacio quieto y horizontal, libre de intrusismos, en el que uno pudiera moverse, flotar, estar y caminar como quien atraviesa aire nítido de montaña –que es más fino que el otro–. La noticia es buena por dos motivos: siempre está bien que Eno esté ahí, vigilando, permaneciendo como una sombra, pulling the strings, y además “Small Craft…” es su mejor disco en, quizá, más de veinte años. En este vaivén entre tormentas de guitarra eléctrica y paz de pianos frágiles como una copa de cristal de Bohemia, Eno desliza algunas de sus piezas más serenas y limpias, remontándose a aquella prehistoria suya en la que codificó el goce perezoso –con la pierna colgando del borde del sofá y la mirada fija en las musarañas del techo– en discos como “Discreet Music” o “Ambient 1. Music For Airports”. En general, el disco de Eno no es gran cosa teniendo en cuenta el resto de discos ambientales que se hacen por ahí, que son muchos y soberbios. Pero como disco exclusivamente de Eno, es un aviso: “sigo aquí”, viene a decir, “puedo ser el que fui, olvidarse de mí sería un error”. De todos modos, hay que ser un imprudente o un maleducado para ignorar a Eno. Aquí, descuiden ustedes, no pasará: Cocooning honra a Eno como el enólogo se ahinoja ante Baco. Dicho esto, entremos en materia, que las novedades se nos empiezan a ir de las manos. Descálzate antes de entrar.

Hype Williams: “Untitled” (Carnivals) / “Do Roids And Kill E’rything” (SLR007) Expressway Yo-Yo Dieting: “Bubblethug” (Weird Forest) Es fácil fracasar cuando se intenta explicar con palabras y prosa transparente lo que es Hype Williams. Lo primero es aclarar que no se trata del Hype Williams que dirigía vídeos para Busta Rhymes, sino de un dúo inglés –varón y hembra– que por ahora juega la baza del misterio y que se ha instalado en un territorio sonoro en el que se confunden de una manera explosiva la coyuntura y lo imposible. De entrada, la bruma del recuerdo desfigurado y la obsesión por los ochenta en blanco y negro –hipnagogia con algo de 4AD, quizá un punto de los temas instrumentales de The Cure, el obligatorio saludo al pop AOR–, pero más allá de ahí Hype Williams son un laberinto y una trampa. Peor que descifrar jeroglíficos sin una piedra de Rosetta: en el 7” “Do Roids All Kill E’rything” hay un trasfondo hip hop desintegrado entre loops drónicos y voces trituradas, a veces con el pellizco de helio de una diva del R&B y otras veces arrastrados en una tonalidad gutural varias octavas por debajo de lo que sería una voz normal, al más puro estilo screwed & chopped de Houston. Pero no sólo eso: una fina producción de pop sintético y punk proto-gótico (¡las cajas de ritmos!) cae como un chaparrón de primavera, sonando como un disco de Cocteau Twins producido por Swizz Beats y remezclado por algún estilista del witch house tipo Balam Acab. O están drogados o están varios años por delante, por lo segundo me decanto: se te queda el cerebro cortocircuitado. Al hilo del término screwed & chopped –esa sensación opiácea y esas voces roncas y con tos tan del rap del sur de Estados Unidos–, que nadie interesado en la lentitud extrema se pierda “Bubblethug” de Expressway Yo-Yo Dieting (otro alias de Pat Maherr, a quien habíamos escuchado como Indignant Senility destripando grabaciones de Wagner en un montón de loops arenosos): neo-screw IDMizado, con tramas rítmicas de complejidad insoportable, una pausa exasperante y toneladas de gargantas que parecen salidas de la boca del Infierno –siempre y cuando el Infierno esté constipado y cargado de mocos–.

Lil B: “Rain In England” (Weird Forest)Hay que admitir que “Rain In England” no es un buen disco. Se hace largo, pesado, lo primero que quieres hacer pasados varios minutos es llamar a la policía y denunciarle por pelmazo. Pero todo el concepto detrás del álbum –otra marcianada más de Weird Forest, sello en el que habitualmente encontramos a Emeralds y varios de sus proyectos paralelos– es tan delirante que no se puede resistir la reacción opuesta de querer ir a darle las gracias a Lil B por el delirio. Lil B es uno de los cuatro miembros de The Pack, el grupo de hip hop hardcore californiano apadrinado por Too $hort y con estética entre crunk e hyphy, pero con la particularidad –y no pregunten por qué– de que, además de las rocas bouncy, al chaval le gustan grupos de post-rock atmosférico tipo Grouper. De hecho, “Rain In England” nace de esa obsesión y va más allá en el exhibicionismo arty de lo que jamás llegaron varios de los nombres afiliados a Anticon. En “Rain In England” Lil B declama textos de lo más hippy –sobre el sol, las madres, la paz y toda esa mierda sensiblera– encima de drones forestales, ambient a la luz de la luna, suspiros y onirismo que quedaría muy bien en un museo, pero a saber qué opinarán de él en el gueto. A P.Diddy sí, pero a sus homies dudamos que les chifle Enya.

John Elliott: “Colored Mushroom And The Medicine Rocks” (Wagon) Imaginary Softwoods: “Imaginary Softwoods” (Digitalis) Hablando de Emeralds: es para levantarse y aplaudir en pie la lenta reconversión que han estado haciendo de su sonido y el acierto que están teniendo al reeditar de manera selectiva su back catalogue. “Does It Look Like Here?” (Editions Mego, 2010) va poco a poco creciendo y posicionándose como algo más que un disco de cambio –del chorrazo de drones del principio a una composición más meditada, asentada y despojada de hojarasca ruidista, en la que incluso brillan las melodías a pesar del tufo progresivo–, y ayuda a que se afronte la compra del nuevo material rescatado con otro ánimo. Ayuda también que el nuevo álbum en solitario de Mark McGuire ( “Living With Yourself”) sea una exploración del uso anárquico de la guitarra –más Thurston Moore o Pat Metheny en la época de su “Zero Tolerance For Silence” que Oldfield–, maniobra de alejamiento de las huestes de la neo-new age. John Elliott, el manitas de los sintes en Emeralds, también sigue a la suya y, tras el vinilo como Outer Space del mes pasado, ahora trae una reedición – “Imaginary Softwoods”, doble vinilo en el que quedó fijada la variante más drone, oscura y desasosegante del proyecto conjunto Emeralds; un disco al que hay que entrar con bombona de oxígeno para salir vivo– y un nuevo lanzamiento de acabados más kosmische, este “Colored Mushroom…” que tanto se parece a las suites de sinte que ocupaban caras enteras de vinilo en los viejos títulos de Tangerine Dream (entre la borrasca de “Zeit” y el anticiclón de “Ricochet”).

Brother Raven: “Diving Into The Pineapple Portal” (Aguirre) Innercity: “Future Life” (Aguirre) Un sello que se llame Aguirre lo está diciendo todo, absolutamente todo, sin dejar ni un pequeño margen a la imaginación. Como el conquistador Lope de Aguirre de la película de Herzog, nos imaginamos escuchando esta música como si fuera una sinfonía de fatalidad, como una lluvia entorpecedora, como una lucha titánica y desigual contra el infinito. En Aguirre –belgas son– toman como punto de partida estético el sonido kosmische alemán y en particular el de Popol Vuh. Estos dos lanzamientos nuevos están planchados en vinilo y puestos a la venta en “edición especial”, que en este caso consiste en una cassette de regalo con más material exclusivo tanto de Brother Raven –el dúo al que conocimos el mes pasado con su “VSS-30” en Digitalis; aquí siguen con su jam analógica y sin pulir, aunque menos opaca que en el anterior vinilo, más cercana a los Harmonia del tipo lírico que a Conrad Schnitzler cuando se ponía solemne– como de Innercity, alias de resonancias house bajo el que se oculta el músico belga Hans Dens. Aunque nada de baile hay en “Future Life”: éste es uno de los discos de la onda neo-new age más hardcore que se han publicado, un chute de psicodelia planetaria y prehistoria del sintetizador que hará chorrear a quienes piensen que el mejor ser humano que ha nacido desde Buda se llama Klaus Schulze. Para los acólitos del kosmische, Aguirre transmite este verdadero sentimiento: esperanza.

Dolphins Into The Future: “Ke Ala Ke Kua” (K-RAA-K3) Skjølbrot: “Maersk” (Skjølbrot) Hans Dens, ya se ha dicho arriba, es belga, concretamente de Amberes, ciudad de moda masculina, diamantes y un zoológico, pero también allí donde desde hace años edita el sello K-RAA-K3, célula de resistencia underground y experimental, entre el glitch, la IDM melódica y el noise depurado, por la que han pasado artistas como Ovil Bianca o Köhn. Ahora, quien ha recalado ahí es Lieven Martens, Dolphins Into The Future, el hombre que graba olas del mar y sonidos de bichos que nadan, el hombre que una y otra vez mezcla esas dos fuentes –con un espectral efecto de phasing y difuminado de la textura más el añadido de algún sintetizador furtivo– para conseguir un tipo de música a la que se le ha puesto todo tipo de etiquetas –field recordings, hipnagogia, chill wave–, pero a la que sólo le queda bien new age. New age desconcertante e incómoda (si la música es incómoda, ¿es new age?), pero con la calma profunda en sus entrañas. En este vinilo, Martens insiste en la misma fórmula de siempre, la que había extendido en “The Music Of Belief” (Release The Bats, 2010): sonido de acuario y comunicaciones de cetáceos en codificación mamífera. Sigue haciendo gracia porque es la segunda vez, pero Dolphins Into The Future algún día tendrá que cambiar el chiste. Ya que estamos con field recordings, mucho más expansivo es el ejercicio de Skjølbrot –parece noruego, pero es de Bristol; nombre real: Dan Bennett–. El hombre captura grabaciones de todo tipo en espacios públicos, como por ejemplo el jaleo de la calle entre gente y coches que ocupa los minutos de “Rue Victor Masse To Gare d’Austerlitz”, trayecto real –idéntico al que hacía el compositor Iannis Xenakis cuando vivía en París– del que extrae el bullicio y lo inserta en arreglos asfixiantes de drones, pianos y ruido. Todo el disco está construido de esta guisa: grabaciones en Bristol o Singapur, en parques y calles, en vagones de metro o aeropuertos, posteriormente trasladadas a una segunda capa de caos musical. Disco difícil de escuchar, pero que te hace sentir vivo.

Demdike Stare: “Industrial Desert” (Demdike Stare) Jonathan Uliel Saldanha: “The Earth As A Floating Egg” (Soopa)Si se pretende escuchar estos dos discos leyendo, es obligatorio recomendar alguno de los títulos de “divulgación feérica” del erudito de la imaginación Patrick Harpur. Al zambullirse uno en un disco de Demdike Stare –ya sea de creación ex nihilo o en forma de mixtape como este “Industrial Desert”, que es la continuación de “Osmosis”, otro mix CD para hacerse la caca– es inevitable pensar en que estamos rodeados por entes intangibles, espíritus y hadas con vestido negro. El dúo de Manchester ya domina como nadie el arte de la brujería electrónica, y entre el primer disco (convincente y valioso, pero todavía tentativo) y la actual trilogía que están editando en Modern Love, con estas mixtapes como bisagras articuladoras, hay un avance notable en materia de hauntology. Esta sesión, que pisa terreno sagrado continuamente hasta eclosionar en un fogonazo final de free jazz, es un rito pagano en el que se junta misticismo industrial a lo Coil, ambient funerario, ritmos chamánicos y demás oscuridades. Pero con Demdike Stare siempre hay un orden, un control que no se encuentra en “The Earth As A Floating Egg” del portugués Jonathan Uliel Saldanha (colaborador de Badawi y miembro del proyecto Mécanosphère). Aquí no sólo hay improv y neoclásica elefantiásica, sino que los juegos de drones, masas de cuerdas, acordes disonantes y coros del infierno van envueltos de alusiones a la mitología, la magia, las civilizaciones perdidas, los ritos solares, Babilonia y los vikingos. Normalmente, hay que estar a favor de todo eso.

Arkhonia: “Trails / Traces” (White Box) Celer: “Weaving Of A Rapid Disenchantment” (Basses Frequencies) Chubby Wolf: “Ornitheology” (Digitalis Limited Editions) Años atrás, al músico que se esconde bajo el alias Arkhonia –antiguamente en el dúo jz-arkh– le pidieron música para un documental sobre el servicio postal noruego y entregó una pieza titulada “DDRhodes”. Durante un tiempo no pasó nada porque nadie se hace famoso por darle música a un trabajo así, pero “DDRhodes” está en el germen de este “Trails / Traces” que se posiciona como un disco ideal para practicar el submarinismo acústico, o el deep listening con auriculares. Varios de los temas que ahora configuran el álbum parten de la toma original de la música para correos, otros son segmentos en directo re-editados y otros contienen samples tomados de otros artistas, field recordings y demás préstamos de la naturaleza o los amigos. Pero no importa tanto cómo esté hecho, sino qué sensación de quietud transmite el álbum, tan sereno y azul como la portada, y a la vez tan imperceptible como el caminar de un gato. Hay que hundirse con la música, hay que buscar su suelo, forzar el oído cuando baja la intensidad y se queda en un simple hilo de paz en la profundidad de un pozo. Hay que subir el volumen, cortar la comunicación con el exterior. Los nuevos lanzamientos del entorno Celer también son así. El 10“ titulado “Weaving Of A Rapid Disenchantment” conecta el álbum ya comentado aquí en la anterior columna ( “Panoramic Dreams Bathed In Seldomness”) con el que será el futuro lanzamiento de Celer en 2011, “Dying Star”, diluyendo su ambient ensoñador en un amasijo de bajas frecuencias y texturas lívidas, transparentes. Pero eso no es lo importante. Lo nuevo es que aparece el primer material póstumo de Danielle Baquet-Long. Cuando Will Long prometió que todo saldría a la luz no mintió, y esta cassette -45 minutos por cara, un chute de ambient analógico de digestión pesada– recoge lo que Dani hizo por su cuenta bajo el alias Chubby Wolf antes de fallecer, lo que nos sugiere que quizá la chispa violenta y la turbiedad que se apreciaba en el dúo viniera más de ella que de su marido. Otra razón para sentir pena.

Philip Jeck: “An Ark For The Listener” (Touch) Murralin Lane: “Our House Is On The Wall” (12k) Seaworthy + Matt Rösner: “Two Lakes” (12k) Estamos en ese punto en que los lanzamientos de 12k, aunque sigan encandilando, ya no son motivo de sorpresa. El sello de Taylor Deupree, que durante tiempo estuvo buscando su lugar en la escena experimental post-digital, ha encontrado su nicho en la ambientación turbia con resplandores estratégicamente situados para causar ese pequeño Síndrome de Stendhal que te puede salvar un día aciago. Es más: ha llegado el momento incluso en que ya echa mano de nombres contrastados para nutrir al sello de novedades. Tras Murralin Lane están dos músicos suecos. A Ylva Wiklund no se le conoce mucho, pero a David Wenngren sí porque él es quien ha grabado discos de ambient con pintura neoclásica como Library Tapes. Aquí hacen lo habitual: ambient barroco, medio siniestro, bonito en el fondo pero de formas retorcidas y mucho grano en el sonido. Y aunque no suene 100% original, plantea un debate: ¿preferimos esto, tan escuchado antes en sellos como Spekk, o la mezcla entre field recordings de fauna acuática, ukeleles e improvisación folk del dúo Seaworthy + Matt Rösner en “Two Lakes”? La respuesta mejor, como siempre, es la del camino del medio: no dejen escapar la joya que acaba de firmar Philip Jeck, el Fennesz de Liverpool (con turntables en vez de guitarras), más de diez años ya exprimiendo loops en un trabajo de composición a partir de vinilo viejo y descuartizado en sonidos de alta intensidad ambiental aderezados de poesía, y que aquí llegan a un interesante equilibro entre oscuridad extrema y calma plácida, una versión aún más depresiva, y a la vez más despreocupada, del material de “7” y “Sand”, sus dos últimas obras mayores.

Chris Carter: “The Spaces Between” (Optimo Music) Bathcrones: “Psychorama” (No Pain In Pop) En Throbbing Gristle había dos tendencias: estaba la bronca, el ruido, la confusión y la agresión que les hicieron célebres como pioneros de la música industrial –algo en lo que Genesis P.Orridge era el auténtico cerebro–, pero también estaba la proto-electrónica synth-pop que cuajó en composiciones históricas como “Hot On The Heels Of Love” y que le deben todo el mérito al manejo de los sintetizadores por parte de Chris Carter, quien más tarde se escindiría del grupo junto con su mujer, Cosey Fanni-Tutti, para formar Chris & Cosey –otra banda seminal de la intersección entre post-punk y sonido industrial–. Desde mediados de los 70, Carter ya jugaba con secuenciadores y sintes modulares, y mucha de su producción posterior se ha estado reeditando en CD en las últimas semanas, pero la verdadera joya de la corona es “The Spaces Between”, originalmente publicada en cassette (1980), reeditado por Mute en CD (1991) y ahora rescatada por JD Twitch (Optimo) en vinilo con un bonus track. El contenido es asombroso: tiene vaga apariencia cósmica, es música instrumental y ondulante, sintética como lo es la de Tangerine Dream, pero con ese filo malvado, frío –aunque no tan feo como lo primero de Cabaret Voltaire– de un hombre que, por entonces, tenía la mirada del tigre en los ojos. Belleza y maldad, una suma que también es válida en el material de Bathcrones, productor que rescata en el momento actual el gusto por lo siniestro y lo bello. En su caso, entraría dentro de esa variante progresiva del drag-house o sonido bruja –como cuando oOoOO se pone disco–, pero con una habilidad compositiva propia del dream-pop. El vinilo incluye doce miniaturas, doce posibilidades para admirar la irresistible belleza de Luzbel, el más hermoso y arrogante de los ángeles, el Caído.

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