Columnas

Cocooning

Por Javier Blánquez

Javier Blanquez Ambien Music Música a la bartola.

Una vez alguien, no recuerdo quién, describió el efecto de la heroína en la sangre como “esa sensación que tienes cuando te tienes que levantar de la cama pero consigues estar cinco minutos más tapado por las sábanas… pero multiplicada por quince”. Como es de entender, no estamos recomendando aquí que le hagas una llamada al camello, le pidas una bolsita de polvo marrón y le saques el aire a la jeringuilla, pero lo que sí queremos dar a entender es que esa sensación de protección, de estar entre sábanas abstraído de la fea realidad, como en un estado pre-natal, hay que experimentarla más. Muchísimo más. Queremos decir que en música las emociones son variadas –el rango se extiende desde el dolor y la máxima agresividad al estado vegetativo gratificante–, y que en tiempos de confusión social, alboroto en las calles (¡miren Grecia!) e inseguridad ciudadana no hay nada mejor que quedarse en casa. Una vez ahí, al rescoldo de la estufa, con las nalgas bien aposentadas en un sofá mullido, luz azul en el flexo y una mesa cargada de revistas y libros al lado, eso puede ser el paraíso, más si se acompaña la plácida estancia de música especialmente escogida para ese trance, música horizontal y envolvente –neoclásica, IDM, ambient, noise de alto efecto calmante– para la que hay un público creciente y una oferta desmesurada que en esta columna que hoy empieza intentaremos filtrar, amar y describir. Por supuesto, sin tener que pisar la calle. Esta sección se llama Cocooning porque, según la definición más exacta, “cocooning es el acto de aislarse o esconderse del ambiente social diario, ya que se percibe como una distracción, hostil, peligroso o, en cualquier caso, indeseado”. Ahora que las paredes te protegen, pues, vamos a darle al play.

Helios: “Unleft” + “Live At The Triple Door” (Unseen) Ezekiel Honig: “Live In Carpi, Italy” + “Live In Torun, Poland” (Anticipate)Una vez fui a un concierto de Helios y no me convenció su propuesta: el tipo cantaba y quiso abandonar su lenguaje cinematográfico por uno de intención folk, a lo Red House Painters. Poco después publicó “Ayres” (Type, 2007), que no es su mejor disco. Por aquella época también hizo circular en edición limitada y manufactura casera “Live At The Triple Door”, documento sobre el escenario de su timidez incurable y la fragilidad de sus sonidos, siempre mejores cuando dependen menos de la estructura de canción y se adentran en la congelación y calentamiento de paisajes solitarios y espacios vacíos. Ahora, Helios ha lanzado su propio sello, y además de recuperar aquel directo en Seattle con una bonita portada, también lanza una versión remasterizada de “Unseen”, una selección de material inédito de adquisición obligada para quienes crean de verdad que Keith Kenniff practica una de las músicas más estremecedoras del globo. Hablando de directos, y aunque ya no puedas comprarlo –está limitado a 50 copias–: los dos segmentos en vivo que ha planchado el neoyorquino Ezekiel Honig en CD-R y ha empaquetado en un bonito sobre de cartón duro recubiertos por papel vegetal impreso, son una muy adecuada extensión –menos precisa en la manipulación de found sounds, pero es normal, es en directo, no en estudio– de su ambient cristalino y nervioso en el magistral “Surfaces Of A Broken Marching Band” (Anticipate, 2008).

Emeralds: “Emeralds” (Hanson) + “Does It Look Like I’m Here?” (Mego)Llega un momento en que uno renuncia a seguirle la pista a Emeralds porque lo del trío de Ohio ya no es producción en audio, sino sonorrea cósmica que obliga a hipotecar la casa –y la dignidad, ya de paso– en caso de querer adquirir los vinilos, las cassettes y el resto de viajes zodiacales que les dé por compartir con su pequeño pero fiel núcleo de fans. Imagino que es la ventaja de no tener ni Myspace ni Facebook –lo último en cocooning es no usar las redes sociales, ¿para qué?– y dedicar todo el tiempo que se perdería en esas pantomimas a exprimir secuenciadores hipnóticos y en emular a los Tangerine Dream de la etapa post- “Phaedra” –la más melosa– y los Ash Ra Tempel de la segunda época, ya hacia finales de los 70. Y, por supuesto, el Klaus Schulze que se envalentonó a partir de “Floating”, aquella cara A de “Moondawn” (1976) que se prolongaba durante… ¡30 minutos! Discogs consigna ocho lanzamientos de Emeralds en 2006, quince en 2007, 6 en 2008 y otros 6 en 2009. “Emeralds”, originalmente editado en vinilo, se ha reeditado ahora en CD y no aporta nada nuevo: si te gusta la variante planeadora, más Manuel Göttsching del grupo, adelante. La gran pregunta es: ¿qué hacen Emeralds, con el inminente “Does It Look Like I’m Here?” (incluye hasta momentazo Mike Oldfield), y Oneohtrix Point Never, proyectos con un sólido fondo new age, fichando por un sello tan turra como Mego?

cliffordandcalix: “Lost Founding 1999-2004” (Aperture Records) Mark Clifford (ex Seefeel, ex Disjecta) y Chantal Passamonte (aka Mira Calix) forman parte de la vieja aristrocracia del sello Warp, de aquellas figuras que estuvieron en el lapso en que el intelligent techno –más orientado a Detroit, por supuesto más bailable– se transformó en IDM a secas, más angular, resecada y ruidista. Clifford había grabado discos históricos en el sello –por entonces aún situado en Sheffield–, y Mira Calix llevaba la prensa de Warp, poco antes de iniciar su proyecto personal y casarse con un señor de Autechre. Al poco tiempo compartieron estudio juntos y grabaron una música que se quedó escondida en un cajón: canciones de voz dolorida –la de Chantal– y beats arenosos, distorsionados, a punto de quebrarse por la herrumbre, que parecen pertenecer más al lenguaje de Disjecta. En realidad, se intercambiaban los papeles, jugueteaban con el software y los sintetizadores, y no ha sido hasta que Andrea Parker se ha puesto pesada que esta recopilación de material perdido y felizmente descubierto ha salido a la luz para completar una saga de genuina electrónica inglesa a la que volveremos a someter al juicio histórico. ¿Es esto mejor que Scala, el grupo de pop electrónico que formaron los otros miembros de Seefeel cuando Clifford desmembró la banda? Las dudas son muy razonables, sinceramente.

Walls: “Walls” (Kompakt)Hemos de entender que Kompakt decide publicar en físico o digital según cómo sean las vibraciones que les dé el entorno. Decimos esto porque un tiempo atrás el sello de Colonia abrió una división de lanzamientos en descarga de pago porque “no todo podía salir publicado en la manera convencional” –y así nos vimos privados del “Gaps In The Sun” (2006) de Andrew Thomas en su cajita de CD–, y resulta que la división Komp3 sólo funcionó durante un lanzamiento. Claro, la gente que consume este tipo de música de interiores suele pagar por ella, o le suele tener aprecio al objeto, y abonar por un mp3 que te lo puedes bajar gratis al cabo de semanas es tontería. Así que celebramos el regreso de Kompakt al disco físico en su línea estética “pop ambient”, y si hace poco le daban a Andrew Thomas lo que le habían quitado –precioso ese “Between Buildings And Trees” (2010), ahora llega el fichaje de Walls con un álbum breve, entre shoegaze y ambient agitado con glitches y ritmos sepultados entre capas de distorsión leve, y eso cuando no es una colcha ambiental de gran fragilidad o trasparencia acuática. Buen desdoble de Alessio Natalizia (Banjo Or Freakout) y Sam Willis (Allez-Allez) hacia planos dimensionales oblicuos.

Rafael Anton Irisarri: “Reverie” (Immune)Si se trata de vivir en una burbuja, no lo dudes: “It All Falls Apart” (Ghostly, 2010), de The Sight Below, es un disco de cabecera incuestionable. Pero los milagros de Rafael Anton Irisarri para este año no se acaban ahí: dos llevan por título “Lit A Dawn” y “Embraced”, sendas luminosas piezas de ambient abisal que serían el complemento sin bombo ni agitación pseudo-bailable de The Sight Below, aunque lo auténticamente glorioso de este EP son los catorce minutos de la otra cara, una versión del “Für Alina” del compositor estonio Arvo Pärt que indica varias cosas. Primera, que para muchos creadores jóvenes que se desenvuelven por la superficie depresiva de la nueva música instrumental de inclinación académica, Pärt es dios. El tributo de Irisarri no es ni gratuito ni casual: la elección de “Alina”, cumbre de toda su obra, transmite respeto y admiración, pero a la vez la irresistible necesidad de llegar hasta el fondo de todo. Segunda, lo inspiradora que es esta música: Irisarri utiliza sintes aéreos, un piano que parece que vaya a deshacerse y algún crujido, y parece hacer suya una composición que, de hecho, lleva perteneciendo desde hace una eternidad a una generación de almas solas y desesperadas.

Edward Larry Gordon: “Celestial Vibration” (Universal Sound)La serie “Ambient” del sello Editions EG tuvo dos primeras entregas míticas: “Music For Airports” (1978), de Brian Eno, y “The Plateaux Of Mirrors” (1980), de Harold Budd y, otra vez, Eno. La tercera tanda llevaba firma de Laraaji ( “Ambient 3: Day Of Radiance”), y ahí empezaba a cultivarse un concepto que en los años 80 adquiriría una fuerte relevancia gracias a Jon Hassell, Eno y David Byrne: fourth world, o la música étnica reimaginada desde occidente. Laraaji es nombre que suena a brahmán, pero en realidad detrás estaba Edward Larry Gordon, músico de Portland que por aquellos días descubría la espiritualidad oriental y comenzaba a experimentar con timbres de otras civilizaciones, en su caso la cítara electrificada y la kalimba. Aquel “Ambient 3” parecía su carta de presentación, pero Laraaji tuvo un primer disco, editado en vinilo en 1978 en una tirada cortísima y en un sello minúsculo (SWN), y que es el que ahora reedita Universal Sound –subsello de Soul Jazz– para cubrir un hueco documental necesario. El contenido ya no sorprende, pero en aquellos años post-hippies, de curación del trauma de Vietnam y de Guerra Fría, estas dos largas improvisaciones que suman cerca de una hora de marea de notas, un ir y venir de texturas celestiales ejecutadas virtuosamente a la cítara, un sonido así habría atraído a más de una persona frágil a los textos budistas, la meditación trascendental y el Brikam Yoga. Hoy también puede llevar por el mismo sendero de la mano izquierda, pero nos suena más a un completo estudio de los canales por los que occidente y oriente se comunican por medio de la tecnología.

Casino Versus Japan: “Night On Tape” (Attack 9)Los prolongadísimos silencios a los que se están aficionando Boards Of Canda –y un tema inédito en una recopilación como la retrospectiva de 20 años de Warp no sirve, que conste– están obligando a que, sin querer, nos vayamos olvidando de ellos como un souvenir muy querido pero ya arrinconado por nuevos objetos que van entrando en casa. Y si Boards Of Canada parece un dúo traslúcido, ¿qué no serán aquellos artistas que hace diez años se adentraron por los senderos de orografía suave de la electrónica idílica? Premio para quien conozca el paradero de Marumari, o9 o Freescha –y no sirve decir que le produjeron un tema a Britney Spears–. Lo mismo casi había ocurrido con Erik Kowalski, alias Casino Versus Japan, desaparecido en combate en 2004 y ahora, de repente, resucitado en un “Night On Tape” que no es un nuevo disco, pero sí una exposición ordenada de hasta 20 piezas inéditas ahora agrupadas en un doble CD que disfrutarán hasta sangrar aquellos a los que les gusten imágenes líricas como rayos de luna filtrándose entre un espeso bosque, noches de verano en las que cae una lluvia suave y todo tipo de efectos hipnóticos, de cinta magnética, sobriamente espaciales, como la versión IDM de los antiguos Flying Saucer Attack. Con esto calmaremos un poco el mono.

Loveliescrushing: “CRWTH (Chorus Redux)” (L-ne) + Pjusk: “Sval” (12k) L-ne fue, durante mucho tiempo, uno de los sellos más minimalistas del planeta: diseños blancos, música silenciosa con imperceptibles pulsos rítmicos o sonidos dibujados en líneas rectas y cortas. Puro formalismo y militancia digital con la que Richard Chartier, su mentor, se convirtió en la respuesta americana a Raster-Noton. Y entonces ocurrió que L-ne siguió los pasos de su casa madre, 12k, sello que poco a poco se empezaba a volver emo, a incluir melodías entre telarañas de clicks’n’cuts, que fusionaba pianos con ordenadores tiernos. Total: desde hace poco, L-ne se ha convertido en un sello más interesado en los paisajes que en las matemáticas, algo que hay a quien le ofende y a quien le parecerá bien porque así la hora de la siesta entra mejor. Por tanto, que en 12k sigan editando propuestas como Pjusk –dúo noruego de glitches con suspensión temporal: “Sval” es heroína acústica de altísima calidad– es algo normal, pero es raro que se editen cosas como “CRWTH (Chorus Redux)” en la puerta de al lado. ¿Quién es Loveliescrushing? Se trata de Scott Cortez, que en su disco “Chorus” (2004) plasmó un trabajo alucinante de tratamiento y deconstrucción de fuentes de voz –la de Melissa Arpin-Duimstra– hasta el punto de que las voces ya no eran voces, sino drones, texturas, ritmos y melodías que sonaban a guitarras, sintetizadores y ruidos blancos. Ahora, cinco años después, Cortez ha retomado las mismas voces y las ha recombinado de manera diferente para hacer un disco con el mismo efecto: una sobresaliente y encantadora historia de fantasmas.

Dirac: “Phon” (Valeot) + Films: “Messenger” (Noble)Tanto Films como Dirac entrarían en la escurridiza categoría de “música de cámara”, aunque en ambos casos la aproximación es divergente. Lo de Films, por ejemplo, es mucho más expresivo, más rico en melodías y masas de cuerdas, en algunos momentos cercano al trabajo para cine de Michael Nyman o Angelo Badalamenti, y en general siempre en ese punto en el que la música clásica se hace acaramelada y para todos los públicos. El trío Dirac, en cambio, prosigue la línea que emprendieron en su anterior “Emphasis” en Spekk y ofrecen una pieza de 40 minutos en la que los instrumentos acústicos se entrelazan por vías oscuras con una electrónica microscópica que añade matices de tensión, desasosiego y abstracción profunda. El día y la noche. Ambos, a su vez, excelentes discos.

Matthew Hawtin: “Once Again, Again” (Plus 8)Hay veces en que soñamos con discos que no existen, y servidor una vez deseó que hubiera por algún lado una especie de megamix que reuniera, con minutaje generoso y amplísima variedad de piezas seleccionadas, la historia del ambient nebuloso y dulzón, aquel que es como el líquido amniótico del útero: el único espacio de seguridad y tranquilidad absoluta en el que hemos estado alguna vez. Ambient al estilo de sellos como Apollo, SSR, Fax o Universal Language. Ambient al estilo de artistas como The Irresistible Force, MLO, Sun Electric, Pete Namlook o Solar Quest. Aquel ambient ya perdido y que fue el reverso de la cultura rave: una cámara de oxígeno, un baño caliente de espuma, el relax después del frenesí. Antes, había DJs que pinchaban esto. Matthew Hawtin (hermano de, sí), por ejemplo. Matthew lo pinchaba en las fiestas Hardest de Detroit, para que los ravers se tiraran un rato sobre los cojines y reposaran la subida de la pastilla. Y hoy le ha podido la nostalgia, y de ahí este “Once Again, Again”, que es exactamente el disco con el que antaño él había soñado y yo también. Me bajo los calzoncillos, saco la chorra y doy las gracias.

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