Columnas

Click, click

Carlos Vareno

Visión: los expositores del centro comercial. Hortalizas, David Bustamante, cañas de pescar. Encefalograma carrefureño. Carrefour es vida, carrefour es sociedad. Un sistema perfectamente imbricado para hacer 'chicking' en caja una y otra vez, ocurra lo que ocurra, en la cuenta de explotación anual de la empresa.1 mandamiento, nada más.

Axioma: únicamente se expondrá cara al público todo aquel producto que apele a cuanta más gente posible, que el metro cuadrado cuesta un pastón, y hay nóminas que se han de pagar. O sea que música y libros para inteligencias medias, berberechos para economías precarias, gadgets tecnológicos a plazos. Hogar para las masas, expositores para unos pocos. Por la ley de la gravedad, todo tendrá que caer.

Si el video mató a la estrella de la radio, la capacidad ilimitada de almacenamiento de Internet terminará con cualquier noción de estrella cultural. Así que a la mierda con los reducidos expositores, las jerarquías, y Ashlee Simpson vestida de cowgirl para deleite de la masa asubnormalada en el menú del día en el centro comercial. Las barreras se han desplomado una a una ante la nueva hegemonía de la virtualidad. Códigos binarios danzan por el entramado debajo de nuestros hogares, tambores y gritos, David está muy pero que muy cabreado con Goliat.

Obamitas sin patria ni raza son los críos que corretean por los playgrounds de lo actual, sentencian los gurús de la transmodernidad. Reseteado total. En nuestro inconsciente bio tecnológico las estrellas de antaño se apagan como las luces de un vodevil después de la función. Un sistema capitalista que cae ante la viralidad imparable de la cultura de nichos, de iluminaciones en estado de gaseosidad. Aplaudan señores, que la cultura tal y como la conocíamos, ha sucumbido decapitada a un click de ratón. Las aguas inundan los expositores, y ya no hay a quien adorar.

¿Y ahora qué?


Carlos Vareno es un total desconocido que semana tras semana envía a nuestro correo electrónico textos, dibujos y diagramas, columnas esbozadas. En el asunto siempre pone "Desde la azotea del edificio", y cuando hemos querido ponernos en contacto con él, conocerlo personalmente (como hacemos con todos nuestros colaboradores), simplemente deja de contestar nuestros mails.

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