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Carlos Román, o el parecido entre Idiot Wind y un plato de lentejas

Carlos Román es el responsable de “No Mas de Mamá”, un blog de comida que va más allá de la gastronomía. Este contenido te lo trae Lacoste.

Si nunca mancharíamos nuestro iPod con una canción de Andy & Lucas, tiene sentido que cada vez estemos más preocupados por aquello que nos llevamos a la boca. No sólo es cuestión de que nos guste comer. Para molar, ahora, también hay que saber comer.

Fotos de Mahala Marcet. Espacio: Teresa Carles

El actual hype de comida no se entendería sin el papel del los jóvenes. La transformación de los medios dedicados a la difusión gastronómica es uno de los mejores reflejos de ello. Hasta hace poco, la gran mayoría de nosotros utilizamos las webs de recetas de un modo estrictamente funcional. Si queríamos cocinar algo y no sabíamos exactamente cómo hacerlo, poníamos el nombre del plato en Google y clicábamos en la primera página que apareciese con la única pretensión de que, como mínimo, fuera inteligible. Sin embargo, gracias a gente como Carlos Román esta noción de los recetarios como algo vetusto está cambiando.

Carlos es el principal responsable de No Más de Mamá, un blog de cocina poco común. La mejor prueba de ello es que no es necesario tener hambre para disfrutarlo. Entramos en él para aprender nuevas recetas, cierto, pero también para admirar su cuidada presentación visual, seguir sus recomendaciones musicales y leer los micro-relatos que acompañan sus recetas. Entramos, en suma, porque conectamos con su forma de comunicar.

El blog nació en 2011 como respuesta a cierto desasosiego. Carlos acababa de volver de un Erasmus y el regreso a la rutina le dejó desmotivado. “ Ya sabes cómo van estas cosas: un año fuera y al volver la vida te sabe a poco”. Lejos de ahogarse en la modorra, dio un paso al frente y decidió juntar sus dos grandes aficiones, la comida y la fotografía. Al poco de iniciar el proyecto, se le unieron dos amigos que hizo durante su estancia en Manchester, Marc Castellví y Adrià Pifarré, para ocuparse del apartado visual. ¿Su objetivo? “hacer las cosas bien y de una manera diferente”.

Lo que diferencia a No Más de Mamá de la gran mayoría de bitácoras culinarias es que su relato va mucho más allá de la gastronomía. Si sus recetas nos dan consejos para cocinar, las ideas que las acompañan son un testimonio de la juventud actual. Costumbrismo culinario como retrato generacional. Los textos que escribe Carlos no se limitan a contextualizar los platos, sino que funcionan a modo de diario vital autónomo. De hecho, él mismo reconoce que ni siquiera le preocupa si el plato y la presentación tienen una conexión explícita. “Muchas veces, ni me fijo en qué receta voy a publicar, simplemente me pongo a escribir y me suelto con lo primero que se me pasa por la cabeza”.

"¿Qué leches ha pasado para que, de repente, nos obsesione tantísimo una receta o saber cómo gestionan un restaurante que está a miles de kilómetros?"

Ingredientes que hacen pensar en bandas de música, bocadillos como terapia emocional y memorias que se mastican. Aunque no estén explícitamente conectados con las recetas, sus textos sirven para recordarnos el enorme poder de evocación que tiene la cocina. Carlos lo ilustra, claro está, con una experiencia personal: “siempre he renegado de las lentejas. No me gustaban y tener que comerlas suponía un auténtico dolor de cabeza. Un día, en Manchester, empecé a echarlas de menos, así que las preparé. Aunque no eran las de mi madre, el mero sabor de la lenteja ya conseguía acercarme un poco más a ella, así que el experimento había valido claramente la pena. El paladar tiene una memoria poderosísima. Solo hay que entrenarla de vez en cuando”.

Carlos también lleva estas conexiones al plano musical. “ Creo que música y cocina tienen tantas relaciones como quieras establecer. El mero hecho de poner a Louis Prima cuando entro a cocinar ya es una. Imagínate cuantísimas más hay por ahí: festivales de pulpo a la gallega e indie español, canciones que hablan de banquetes excesivos y lujuriosos, la chocolatina que te zampas mientras vas con los auriculares por la calle...”. Además de las canciones que acompañan cada una de las recetas, las referencias musicales se filtran en muchas de las propuestas. Como aquel aguacate que es como Idiot Wind, ese pan con aceite titulado “This Charming Meal” o esa receta de habitas que parte de una sesión de John Talabot en el Apolo.

Tradicionalmente, el arquetipo de gastrónomo era una persona de mediana edad con problemas de colesterol. Pero ahora estamos viviendo el auge de la cocina como fenómeno cultural entre la juventud. Es evidente que No Más de Mamá forma parte de este alzamiento generacional, pero Carlos no se atreve a señalar causas concretas que lo expliquen. “Es algo que me fascina. Qué leches ha pasado para que, de repente, nos obsesione tantísimo una receta o saber cómo gestionan un restaurante que está a miles de kilómetros?”

Tal y como él mismo apunta, lo realmente relevante no es que leamos “Lucky Peach” o que compartamos nuestros descubrimientos en Instagram, sino que este boom se está convirtiendo en algo tangible. “Exactamente no sé que es lo que lleva a la gente a dejar la hamburguesa alpargatada del local de comida rápida de turno y empuñar sartén, cuchillo y cebolla, pero me parece fantástico”.

La respuesta a sus preguntas quizá está en que hemos comprendido que lo que comemos nos define tanto como, por ejemplo, la música que escuchamos. Y si nunca osaríamos manchar nuestro iPod con una canción de Andy & Lucas, tiene sentido que cada vez estemos más preocupados por aquello que nos llevamos a la boca. No sólo es cuestión de que nos guste comer. Para molar, ahora, también hay que saber comer.

Atrévete a dar el salto. #LiveBeautifully

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