Columnas

Boy-Bands, la plaga que no cesa

One Direction es el fenómeno fan del año, y también una tortura que nos vuelve a sumir en esa pesadilla recurrente: los grupos prefabricados de chicos. Repasamos su historia para ver si podemos salvar algo

El fenómeno fan de la temporada tiene nombre: One Direction, una boy band inglesa de canciones horribles y aspecto de bolleras adolescentes que lo peta en ventas y en histeria femenina. Momento adecuado, pues, para repasar las diez plagas bíblicas en forma de grupos de chicos prefabricados.

Probablemente no te importen lo más mínimo –como a nosotros–, pero resulta difícil haber escapado en los últimos meses a la presencia mediática de One Direction, la enésima boy-band británica, formada por cinco pipiolos que, tras su paso por X Factor, fueron reclutados por Simon Cowell para rescatar en el negocio de la música popular un cóctel explosivo catalizador de feromonas con infinito tirón entre adolescentes y escasa, casi nula, valía artística. Pero, ¿dónde hemos visto esto antes? Pues en todas partes y en diferentes momentos de la cultura popular. El formato boy-band existe casi desde que existe el concepto pop. Y lo que aquí leerás es un repaso –rebosante de bilis adulta, pero también de regresiones a nuestra más tierna etapa pre-púber– de los momentos más álgidos de este invento de la mercadotecnia musical.

Antes, un poco de historia. En 1966 la cadena NBC buscaba crear nuevos formatos televisivos para encandilar al público americano. De un casting de 500 jóvenes músicos cuatro fueron escogidos para formar The Monkees. No eran los mejores artistas, eran los que mejor daban en cámara. Y así se fraguó este pérfido invento de la industria musical llamado boy-band, perpetuado hasta la saciedad por majors y managers, tanto en su versión masculina como en la femenina. Las ha habido peores y mejores artísticamente, enfocadas a públicos afroamericanos ( New Edition), a públicos WASP ( New Kids On The Block) o a señoras menopáusicas ( Il Divo). También las ha habido tremendamente exitosas y talentosas, superando con creces las expectativas comerciales pre-establecidas ( Boyz II Men) o unidas por un vínculo familiar (Jackson 5 o Hanson). Pero no nos engañemos, la mayoría de boy-bands son, a ojos de cualquier mortal con la mocedad superada, una bazofia de escaso interés estético y nulo esfuerzo artístico que atonta a nuestros adolescentes. Los convierten en seres deleznables que gritan, lloran, se tiran de los pelos, merman la economía familiar y ensucian el linaje haciendo todavía menos atractiva la idea de procrear para futuribles padres.

En nuestro afán por infectar de descrédito la carrera de Zayn, Harry, Liam, Louis y Niall como One Direction (que estarán por España el próximo mes de mayo con dos conciertos en el Palacio de Vistalegre madrileño y uno en el Pabellón Olímpico de Badalona; todo vendido ya, y desde hace tiempo), nos disponemos a echar la vista atrás para recordaros que no es la primera vez que Simon Cowell arrejunta a una chupi pandi de chicos monos (ya lo hizo con Westlife) y que tampoco es la primera vez que un producto completamente vacuo en lo artístico y más falso que el Twitter de Stevie Wonder hace que hordas de adolescentes sobrehormonadas se dejen la vida por sus ídolos musicales. Pero antes de nuestro repaso, he aquí las claves para identificar una boy-band a la legua.

1. Un casting dirigido por la mente truculenta de un mánager suele ser el germen originador de toda boy-band (a excepción de Boyz II Men). En él tienen preferencia aquellos aspirantes que cumplan ciertos cánones estéticos y que sepan bailar chachi sin que se les note demasiado que pierden aceite (el caso más flagrante en este aspecto puede ser el de ‘N SYNC). Si bien en los ochenta y noventa este paso previo ocurría en la intimidad de los pasillos de alguna compañía, desde hace algunos años este proceso forma parte del negocio también. ¿La culpa? Formatos como Operación Triunfo, Factor X o ¿Tienes Talento? han hecho posible monetizar también el proceso de gestación de estas bandas artificiales.

2. También encontramos que muchas boy-bands –como ocurre en la mayoría de los grupos de machos mamíferos de la naturaleza– acaban teniendo un macho alfa, un líder, un “el más guapo, el que mejor canta” que ocupa posiciones centrales en pósters y portadas de discos, en coreografías para videoclips y actuaciones o en firmas de discos para fans. En repetidas ocasiones hemos visto como ese macho alfa, al desprenderse de su cuerpo de baile, aka compañeros de formación, acaba alcanzando más éxito del que le dio su boy-band originaria ( Justin Timberlake o Ronan Keating nos sirven como ejemplo). Pero también hemos visto aspirantes a esa carrera en solitario exitosa cuya fortuna se desvanecía como la escarcha a media mañana sin la compañía de sus “amigos”, como es el caso de Nick Carter.

3. Cuando el líder no queda muy claro de primeras y la ineptitud o falta de carisma se reparte con justa equidad entre todos los miembros de la banda, entonces cada miembro solía interpretar un rol determinado. El niño travieso, el maduro, el macarra, el sensible… Arquetipos que, curiosamente, también son utilizados con asiduidad en otros artes menores como las series de televisión para personificar la admiración del fan. Esto significa “a mí me gustan los chicos sensibles, mi favorito de los Backstreet Boys es Brian, que además es Piscis como yo, por lo que haríamos una pareja más que perfecta”. Estos roles, como todos, evolucionan con el tiempo, readaptándose a las nuevas exigencias de la chavalada fanática. No nos preguntéis quién es quién en One Direction porque no lo sabemos, pero nos jugamos el sueldo de todo el año a que cada uno tiene el color o un tipo de chica ideal diferente.

4. Aquí viene un detalle con apego noventas. El colosal magnetismo erótico del pelo a casco (pelo a capa, pelo bacinilla) entre las adolescentes. Sí, amigas, no miréis para otro lado, no os hagáis las suecas porque vosotras también comprabais la Super Pop; también escuchabais Fan Club con Toni Aguilar y Joaquín Luqui y también os hacía cosquillitas en vuestra joven flor el primer individuo que pasara con el pelo de cacerola. Sólo así se puede explicar, echando la vista atrás, el éxito sexual desmesurado de Nick Carter o Mark Owen, a los que hoy en día no les dedicaríamos ni una triste caída de ojos con tres copas encima. Negadlo hermanas, pero todas tenemos una fea mancha de este tipo en nuestros expedientes adolescentes. Las boy-bands, obviamente, también se adaptan a las tendencias en peluquería. El pelo casco de Carter u Owen evolucionó a flequillo solomillo con Westlife, alcanzando este estilo su punto más álgido –al que se le añadieron reflejos rubios– con nuestros eurovisivos D’Nash. Ahora la tendencia la marca Justin Bieber y su pelo de bollera, solo hay que ver a la mitad de los miembros de One Direction.

5. Y por último, la figura en la sombra, el instigador, la mente pérfida que maneja los hilos de los miembros de la banda como si de un titiritero se tratara: el manager. Personas con una desarrollada visión del negocio y escasa preocupación por lo artístico, así como una total falta de escrúpulos. Los ha habido de todos los colores, desde Lou Pearlman, el millonario que se las quiso dar de Tommy Mottola y puso la panoja para formar los Back Street Boys, hasta el visionario Maurice Starr, responsable de uno de los primeros ejemplos de boy-band, los New Edition de Bobby Brown, y que en vistas del éxito de éstos calcó el formato para el público blanco con New Kids On The Block. Sin embargo, la figura capital en este campo es Simon Cowell, el mismo que rechazó a Take That y las Spice Girls porque Gary y Geri eran “gordos”. Luego se desquitó con Westlife y cerró el círculo creando el formato X Factor, una mina para no sólo sacar potenciales marionetas que convertir en nuevas boy-bands, sino también para monetizar el proceso de gestado: el casting.

Dicho todo esto, aquí va un Top Ten de boy-bands de todos los tiempos, que remataremos mañana con otra entrega formada por las peores (sí, las peores), unas cuantas girl bands contemporáneas y las vergüenzas que ha aportado España al formato.

1. New Edition (1978-1997 / 2003-Presente)

Miembros: Ronnie DeVoe, Bobby Brown, Ricky Bell, Michael Bivins, Ralph Tresvant y Johnny Gill.

¿Quién movía los hilos?: El productor Maurice Starr, el mismo que en 1984 crearía la versión blanca en forma de New Kids on the Block.

Canción Top: “Candy Girl” (la máxima usurpación del espíritu de los Jackson 5).

Momento de vergüenza ajena: El hecho de que en realidad fueran unas nenazas del guetto (ahí está “Cool It Now” para dar fe de ello).

Ellos son los culpables de todo, los que abrieron la caja de pandora de los pósters para pre-menstruales y unos de los principales causantes de que el pop se amariconase en pos de las listas de ventas. Los de Boston fueron descubiertos en un concurso de talentos promovido por el explotador Maurice Starr y, casi sin tiempo para asimilarlo, ya estaban en el estudio grabando “Candy Girl” (1983), un álbum que tenía que catapultarles como un relevo generacional (y defectuosamente R&B) de los Jackson 5. Las típicas idas y venidas empezaron con la marcha de Bobby Brown en 1985, años antes de que se convirtiera en un Ernesto Neira para Whitney Houston. Pero a sabiendas de que quien la sigue la consigue, en 1996 acabaron debutando, por cansinos, en la cima del Billboard con “Home Again”.

2. New Kids On The Block (1984-1994 / 2008-Presente)

Miembros: Donnie Wahlberg, Danny Wood, Jordan Knight, Jonathan Knight, Joey Mclntyre (con anterioridad también estaban el ahora actor Mark Wahlberg y Jamie Kelly).

¿Quién movía los hilos?: Maurice Starr.

Canción Top: “Step By Step” sigue siendo un hit en cualquier fiesta revival que se precie.

Momento de vergüenza ajena: ¿Hay algo más patético que el disco navideño de una boy band? Escuchen “Merry, Merry Christmas” (Columbia, 1989), si pueden.

El ego de Maurice Starr no estaba contento con tener su propia banda de chicos monos afroamericanos y tuvo que ir más lejos una vez rompió el trato con New Direction. ¿Cómo? Pues reclutando a otros tantos guaperas de Boston, en este caso blancos, que pudieran encandilar a un mayor target de jovencitas con las hormonas revolucionadas. Lo consiguió con creces apostando por unos mozalbetes que, aparte de cantar (pese a las acusaciones de lip synching que recibieron tras el escándalo Milli Vanilli) también sabían mover las caderas con dignidad. Mark Wahlberg pronto se cansó de sus compañeros y empezó a montárselo solo en lo musical antes de convertirse en un supuesto bocachancla homófobo, de modo que no tuvo que verse en el aprieto de telonear a Backstreet Boys en su gira del 2011. Manda huevos que los veteranos tuviesen que ejercer de special guests de sus clones noventeros…

3. Boyz II Men (1988-Presente)

Miembros: Nathan Morris, Wanya Morris y Shawn Stockman (anteriormente también estaban Marc Nelson y Michael McCary)

¿Quién movía los hilos?: Que se sepa, no tenían ningún titiritero detrás.

Canción Top: “End Of The Road”

Momento de vergüenza ajena: Pensándolo fríamente, ninguno. Como buenos reyes del R&B vocal noventero, nadie les ha hecho sombra desde entonces.

Siguiendo la tradición de los grupos a cappella del góspel, Boyz II Men crearon un puente entre éste y el R&B. Conjugaban las voces como dioses (la leyenda cuenta que, cuando se conocieron en su instituto de Filadelfia, se pasaban las horas en el lavabo perfilando las armonías porque era el lugar con la mejor acústica donde podían hacerlo), tenían buena presencia y derrochaban amor y pasión en cada uno de sus temas más gloriosos. Conscientemente alejados de todo aquello que fuera sinónimo del pop de masas de la época (aunque los cuatro Grammys que tienen en su poder hablan por sí solos), trabajaron con Babyface antes de que todos se lo rifaran y dieron un toque de modernidad a la Motown. ¿Se nota que somos fans? Solo a ellos les salvamos de la quema inquisitorial.

4. Take That (1990-1996 / 2005-Presente)

Miembros: Gary Barlow, Howard Donald, Robbie Williams, Jason Orange y Mark Owen.

¿Quién movía los hilos?: Nigel Martin-Smith

Canción Top: “Back For Good” aún nos emociona cuando estamos más sensibles de la cuenta.

Momento de vergüenza ajena: Mark Owen. Todo él (incluida su fracasada carrera en solitario) era un despropósito.

Cuando en 1996 anunciaron su despedida (un año atrás Robbie Williams tuvo que retirarse, antes de que las drogas acabaran con la poca cordura que le quedaba), el Támesis se llenó de fans dispuestas a quitarse la vida por ellos. Lógico. A principios de los noventa Take That en Europa eran los reyes del baladón melodramático y sentaron las bases del fenómeno fan que años después reventaría con Backstreet Boys. Guiados por la batuta compositora de Gary Barlow, la banda consiguió el éxito planetario en 1995 con su tercer álbum de estudio, “Nobody Else”, que contenía tres de sus mayores éxitos hasta la fecha: la pomposa “Never Forget”, “Back For Good” y “Sure”. En 2005 volvieron como cuarteto, aunque lo mejor que les puso pasar fue que Williams decidiera, un lustro más tarde, volver a grabar y girar junto a sus compinches de batallas. Sí, se bajó los pantalones por unos cuantos millones de libras, ¿pero quién no lo hubiera hecho?

5. Boyzone (1993-2000 / 2007-Presente)

Miembros: Ronan Keating, Keith Duffy, Mikey Graham, Shane Lynch, Stephen Gately

¿Quién movía los hilos?: Louis Walsh

Canción Top: “Picture Of You”

Momento de vergüenza ajena: Pese a colar 19 singles en los charts británicos (y 21 en los irlandeses), fuera de los dominios de la flema británica eran unos wannabes.

Louis Walsh, el mismo que poco después acabaría creando Westlife, harto de que Take That lo capitalizaran todo decidió montar, mediante varias audiciones, una réplica irlandesa que acabara con esa imagen de apacibles borrachuzos que tienen los seguidores de la Guiness. La respuesta fue este grupo vocal (el baile no era precisamente lo suyo, y más atendiendo al arsenal de medios tiempos y baladones de manual que nos colaron), un auténtico guilty pleasure dentro del género de las boy-bands al que el público estadounidense aún le sigue sonando a chino. Es más, por si algo son realmente conocidos Boyzone es por tener en sus filas a Ronan Keating, el cuñado perfecto, que aún sigue viviendo de las rentas de aquel one hit wonder en solitario titulado “When You Say Nothing At All” (aunque nosotros prefiramos en la intimidad, como el catalán de Aznar, “Life Is A Rollercoaster”). Supieron sobreponerse a la muerte en Mallorca de Stephen Gately y ya amenazan con volver en 2013. Miedo en las calles.

6. Backstreet Boys (1993-Presente)

Miembros: Nick Carter, A.J. McLean, Howie Dorough, Kevin Richardson, Brian Littrell

¿Quién movía los hilos?: Lou Pearlman

Canción Top: “Everybody (Backstreet’s Back)”. El vídeo sigue siendo ARTE (pese a quien pese)

Momento de vergüenza ajena: Más que la banda en sí, lo que verdaderamente provocó alguna que otra arcada fue la aparición de Aaron Carter como nueva estrella infantil. Gracias a dios, chupó del bote de su hermano Nick durante poco tiempo.

Con ellos se revivió la locura de Take That, pero en todo el mundo. El planeta Tierra se dividió a mediados de los noventa entre aquellos que llevaban en las carpetas pegatinas de estos cinco americanos y los que preferían el ‘Girl Power’ de las más zorrupias Spice Girls. En aquellos tiempos en los que la Super Pop y el programa Fan Club de Los 40 Principales eran la Biblia a seguir por los menores de edad, ellos pulverizaron todos los records. Coreografías de infarto, canciones tan jodidamente gloriosas para la historia del pop como “Everybody (Backstreet’s Back)”, personajes de lo más estereotipados que mojaron bragas por doquier y el típico drama personal que los humaniza como personas pese a estar forrados (todos estuvimos pendientes de las cabeceras de gossip cuando Brian tuvo problemas de corazón). Con un par continúan aguantando el tipo ( “Incomplete” fue un comeback maduro y dignísimo para no estar en su mejor momento mediático) y siguen siendo ese referente fan inmortal para la generación que nació a finales de los ochenta.

7. 'N SYNC (1995-2002)

Miembros: Justin Timberlake, Chris Kirkpatrick, Joey Fatone, JC Chasez, Lance Bass

¿Quién movía los hilos?: Lou Pearlman

Canción Top: “Pop”, la sofistificación sonora de la boy-band por antonomasia.

Momento de vergüenza ajena: Desconocemos por qué no condenaron a la horca a su peluquero y estilista.

¿A alguien le cabe la menor duda de que, de no haber existido Backstreet Boys, ellos hubieran sido los putos amos del fenómeno fan? Pese a ser cuatro ‘quiero y no puedo’ ensombrecidos por el talento de Timberlake, la banda demostró desde un primer momento que había nacido con la pretensión de petarlo. Curiosamente, en 1997 su primer álbum homónimo sólo consiguió convertirles en estrellas en Alemania y buena parte de la Europa nórdica. Sin embargo, una vez la maquinaria se engrasó y llegara “Bye Bye Bye” tras el ‘Efecto 2000’, su fama traspasó fronteras. Justin, más listo que el hambre, aparte de cepillarse a Britney tomó una carrera en solitario capital para entender el R&B de nuevo cuño, una vez vio que aquello no daba más de sí y su ego crecía a marchas forzadas. Estos no vuelven a juntarse ni aunque les pongan un cheque en blanco sobre la mesa.

8. Il Divo (2004-Presente)

Miembros: Urs Bühler, Sébastien Izambard, David Miller y Carlos Marín

¿Quién mueve los hilos?: Simon Cowell

Canción Top: “Regresa a Mí (Unbreak My Heart)”, porque somos muy fans de Toni Braxton y siempre que podamos la vamos a reivindicar.

Momento de vergüenza ajena: Más que la versión pop de Los Tres Tenores, parecen un antiguo anuncio de Benetton.

Señoras que se visten con sus mejores galas para ir al Palau Sant Jordi creyendo que están en el Liceu. Simon Cowell se quedó con el culo torcido tras escuchar “Con Te Partirò” en boca de Andrea Bocelli y Sarah Brightman y decidió crear su banda prefabricada de operetas pop. Agradables a la vista, con vozarrón indiscutible y con la pretensión de ser el sueño húmedo de cualquier cougar, Il Divo llevan años torturándonos con sus versiones sentidas de grandes éxitos de ayer, hoy y siempre. Cualquier álbum que sacan se coloca vertiginosamente en los primeros puestos de las listas de ventas y han acabado siendo un regalo más recurrente para las festividades navideñas que los recopilatorios de Enya. Si quieres tener contenta a tu suegra, ve ahorrando unos euros para enchufarla en uno de sus conciertos. Aún estás a tiempo antes de que haya un cisma en la banda y alguno de ellos salga del armario y quiera montárselo en solitario.

9. Jonas Brothers (2005-Presente)

Miembros: Joe Jonas, Kevin Jonas y Nick Jonas.

¿Quién mueve los hilos?: El cadáver congelado de Walt Disney y Steve Greenberg, presidente de Columbia Records.

Canción Top: Difícil elección, pero salvaríamos de la quema “S.O.S”

Momento de vergüenza ajena: Esa mierda de anillos de castidad que popularizaron en sus inicios. ¡Follen malditos!

Gracias a dios se ha rebajado un poco la fiebre por ellos, pero los Jonas Brothers lo fueron todo durante cinco años dentro de ese agitado conglomerado de futuros toxicómanos y escorts de lujo que en realidad catapulta la factoría Disney. Dejando a un lado sus dotes interpretativas (ahí estará “Camp Rock” para torturar a las futuras generaciones), estos hermanos simpatizantes del rock pseudo-cristiano serán recordados por haber popularizado la castidad entre las jóvenes del Tea Party que sueñan en privado con un falo en su boca. De Kevin y Nick no podemos entenderlo porque no son precisamente el paradigma de la belleza, pero Joe año tras año se está ganando a pulso un polvo salvaje y una sex tape que reventaría los servidores de internet. La formula ya está algo desgastada, de modo que o se renuevan o se van a comer los mocos más pronto que tarde.

10. One Direction (2010-Presente)

Miembros: Liam Payne, Niall Horan, Harry Styles, Zayn Malik y Louis Tomlinson.

¿Quién mueve los hilos?: Simon Cowell

Canción Top: Difícil criba… ¿ “Live While We’re Young”?

Momento de vergüenza ajena: ¿Cómo una banda con unas producciones tan demodé y paupérrimas puede dominar el mainstream? La vergüenza ajena, por consiguiente, es el mundo entero.

Quienes siguieran el X Factor británico en 2010 conocen de sobras la historia de estos cinco jovenzuelos que se presentaron en solitario al casting y acabaron concursando como grupo vocal. Quedaron terceros en la reñida competición, pero esa no fue excusa para que Simon Cowell les acogiera en su seno y les proyectase en todo el mundo como la última boy-band del siglo XXI. Por mucho que se reescuchen, sus canciones son un coñazo de tres pares de narices, ni de lejos son unos sex symbols (así que no entendemos las pasiones que levantan entre sus talifans) y sus producciones tienen menos chicha que un muslo de conejo. A diferencia de muchos de sus coetáneos ingleses, han desembarcado con fuerza en Estados Unidos y Australia. Así que, mucho que nos pese, y más después de haber editado su segundo sacrilegio hecho disco, “Take Me Home”, estamos condenados a aguantarles durante un par de temporadas más, siempre y cuando no llamemos a nuestro Van Gogh de confianza para que nos corte las orejas.

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