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We don’t care if you don’t like us: usos y costumbres de la joven poesía española

Entre el 20 y el 21 de abril los jóvenes poetas españoles se reunieron en Baeza para leer, compartir, comentar y otras cosas. ¿A qué se dedican lo nuevos poetas, además de a la lírica? ¿Se drogan? ¿Destrozan hoteles? ¿Son punks? Luna Miguel asegura que todo esto es cierto y nos lo cuenta.

1. “I Believe” (Simian Mobile Disco)

Cuando los poetas (jóvenes) se reúnen (en Encuentros de Poesía para Jóvenes como el celebrado la semana pasada en Baeza) sólo hablan (si es que aquello se considera hablar) de temas realmente importantes (apréciese la ironía y el amor):

1. De las drogas que han tomado

2. De las drogas que quieren tomar

3 .De a quién se han follado

4. De a quién se quieren follar

5. De los conciertos a los que han ido

6. De los conciertos a los que quieren ir

7. De lo que han publicado

8. De lo que quieren publicar

9. De lo que han leído

10. De lo que quieren leer

11. De Pizarnik, de TS Eliot o, con suerte, de por qué habría que dejar de comer animales, cuál es el estado de la economía actual, cómo influyó Facebook en su última relación, qué pintábamos todos en Baeza, qué cojones pintábamos allí los Jóvenes Poetas, qué será de Tenían veinte años y estaban locos. De Lorca, de Jorge Luis Borges, de los tatuajes, los gatos, dónde vives ahora, cuántas asignaturas nos quedan y cuántas hemos aprobado. De Pizarnik, de TS Eliot, o, con suerte, de algún poeta extranjero y raro.

2. “You Prefer Cocaine” (Vitalic)

Llegamos en tren Kiwi y yo hablando muy fuerte del Focoforo y metiéndonos con el devenir de esa página para lúsers simpáticos a los que uno odia y ama al mismo tiempo, pero no a todos, por supuesto. Llegamos a Baeza y sonaba David Bisbal en el taxi que compartimos con Ascensores & Su Chica, nos dejó en el hotel donde António El Portugués nos dio las llaves celestiales y qué habitaciones más feas, joder, las de aquel hotel periférico (la periferia de la periferia) para que después a Ascensores y a mí nos entrevistara Tele Baeza: hicimos lo correcto, hablamos de lo correcto. “Nos gusta Machado”, dijimos. Y entonces empezaron las cañas en el bar Pedrito con los de Murcia, el Nini, Kiwi, António, Ascensores & Su Chica. Nos emborrachamos tan pronto aquella mañana. Faltaban aún unas horas para que empezara el acto pero la gente iba aproximándose, como si la península se hubiera doblado, comprimido, succionado hacia el centro y allí estaban todos Eme, Helechos, Malta, Moya, Tormenta, Fuertes, Danceuse, Portinari, El Bohemio, Gato, Libélulas, Poeta (sí, Poeta era Poeta por consenso, digamos que su poema “Dígame un color” era el más seductor de toda la Joven Piel de Toro Poética). Los más tardones fueron Conde Castro, Jirafa y Pleonasmo (mi amante, el narrador) que llegaron desde Madrid cuando el acto ya había comenzado.

La primera parte del acto fue tan emocionante como la segunda (que no ocurriría hasta el día siguiente, después de unos varios litros de alcohol, kilos de cristal y tremendas lluvias torrenciales de alegría): Poeta, Ascensores, Gato, Danceuse y Libélulas se metieron al público en el bolsillo (seríamos unos 20, entre los que se incluían Einstein y alguna señora), leyeron poemas viejos y poemas nuevos y António sonreía como diciendo ¿Ves? ¿Ves Machado, cómo vienen estos niños? Luego fumamos y cenamos y los vegetarianos hablamos de cacerías e hicimos bromas sobre lo que sería pertenecer a la realeza y asistir a cazas de elefantes. Nos bebimos todo el vino y nos acercamos al Bar Horror Vacui pero la música era insoportable aunque algunos como Helechos, Conde Castro o Tormenta ya movían un poco el cuerpo... y Moya, Eme, Pleo y yo nos marchamos a la habitación del hotel a conspirar contra Patrulla de Secreción y a charlar sobre los autores de El Sindicato y a escuchar cómo los poetas hacían el amor al otro lado de las puertas del terrible, asqueroso y maloliente hotel que tanto nos acabó gustando.

Despertamos bajo los efectos de la vétetúasaberqué, comimos enormes churros bañados en la cerveza de El Nini y luego chez Machado recitamos los que quedábamos. Allí estaban el Acosador de Libélulas, algunos chicos más para el público y esa chica menorísima de edad de la que llevo tiempo hablando –fascinada– en las redes sociales. Creo que se llama Lina Punk porque le gusta Tao Lin y viste Punk. Qué alegría, recitar entre tantos amigos, o entre tantos locos, otra vez. Primero Tormenta, después Conde Castro, luego Portinari (sorprendente tras descorrer el velo de la timidez), más tarde Helechos, con un poema que pasará a ser Hit Generacional si no me equivoco y por último una servidora con un poema sobre el cáncer en el que no dejo títere con cabeza. Ya lo leeréis, ya. Pero esto es autobombo. Sigo: hubo foto de grupo, hubo risas, hubo gente preguntando a gente, hubo siesta, hubo un partido de fútbol al que llamamos graciosamente Posmodernos versus Dramáticos y nos reímos mucho, un partido entre Conde Castro y Helechos contra Fuertes y el Nini, se partieron las uñas de los pies y las camisetas, mientras tanto Eme, Lina Punk, Moya, Kiwi y yo mirábamos los músculos de los atletas torpes y pensábamos en la noche que se acercaba. Compramos mucho vino en el Día del pueblo (lo compré yo, me debéis cada uno cinco euros, cabrones) y vimos el partido del Barça-Madrid con cierta tristeza, luego volvimos al restaurante de los carnívoros y regresamos todos juntos al hotel de mierda para hacer botellón frente a la Guardia Civil con la esperanza de acabar en el cuartelillo todos juntos. Destrozamos fuentes, destrozamos habitaciones, destrozamos corazones, nervios y voces. Nos reímos tantísimo que no había poesía en el mundo que se pareciera a nuestra felicidad. ¿Te sube? Nos preguntábamos. Y el pecho se aceleraba entre nostalgia: Nunca, pensábamos, nunca volveremos a estar aquí.

3. “We Don’t Care” (BMK)

"Se dijo mirad, en esta mesa hay alguien de 1985 y alguien de 1995, qué viejos somos, cómo pasa el tiempo"

Cuando se juntan diez poetas menores de veintiséis años en la sala las palabras más sonadas son: sangre, tiempo, útero y dolor. Por ese orden, la poesía de hoy sangra felizmente en los úteros, en el tiempo y en su dolor. Las referencias eran claras: la experiencia desvirtuada por la imaginación. Cernuda, quizá, Pizarnik, ya lo dije, un poco de Bolaño, para los que confiaban en la prosa. Todos los poemas surgían de una adolescencia perdida, nostálgicos al tiempo que esperanzadores y a la vez que generacionales (sí, me atrevo a decirlo, porque todos pronunciaron un nosotros, un nexo de comprensión entre voz y voz, un lazo lanzado hacia la voluntad de recoger la tensión y la alegría de lo que en aquel pueblo de olivos y machados se estaba viviendo). Los poetas: David Leo García, Alberto Guirao, Javier Gato, Marina Ramón-Borja, Laura Rosal, Sara R. Gallardo, Ernesto Castro, Ruth Llana, Unai Velasco, Lola Font. Se recordaron otros nombres, se mencionó a Elena Medel. Antonio Alías, el organizador, estaba contento. Se dijo mirad, en esta mesa hay alguien de 1985 y alguien de 1995, qué viejos somos, cómo pasa el tiempo, qué duro será para el recuerdo hablar de estos momentos decisivos en nuestras poéticas. Porque cuando se juntan diez poetas con otros tantos amigos en un lugar tan mágico y bajo la sombra de un temido poeta muerto, se pueden esperar muchas cosas: no sólo que la droga haga efecto. No sólo que tal folle con cual. No sólo que el concierto, la economía o los animalitos. Se pueden esperar muchas cosas: como que la voz de todos los que estuvieron allí se reafirme. Y me da igual lo que piensen los haters, los viejos, los que no aman la poesía más que por su caspa. Porque aquello fue importante, os lo juro. Fue muy importante.

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