Columnas

Bodegón de maxis: lo más jugoso de marzo (parte 1)

Un mes más, hundimos la nariz hasta el fondo en las cubetas de EPs y ‘promo pools’ de novedades para traeros una selección de lo más interesante que está dando la cosecha de marzo en materia de vinilos

Hemos entrado en el ecuador de marzo y es un buen momento para hacer recuento de algunos maxis que merecen tu tiempo y, si hay suerte y ganas, también tus dineros: aquí va la selección del material en vinilo más jugoso del momento.

Cuando la rueda empieza a girar, ya no se detiene. Esta rueda comenzó a moverse hace ya varias décadas, cuando la industria del disco se empezó a hacer fuerte, aunque cada año tiene siempre unos momentos de tibio descanso (finales de diciembre, principios de enero, una semana de agosto) en la que pocas cosas suceden y se edita un número de discos adaptado a la escala de consumo de un simple ser humano. Pero ya estamos en marzo y lo que antañazo fue mesura y racionalidad, ahora empieza a ser descontrol: para seleccionar diez EPs destacados (más algunos bonus tracks) de la primera quincena del mes hemos tenido que hacer una criba a partir de una cantidad casi cuatro veces mayor, y aún así se ha quedado fuera material suculento. Lo que significa que, de lo que sale aquí, está parte de la chicha: todo músculo, nada de grasa. A hincarle el diente.

Dauwd: “Heat Division” [Ghostly International-Pictures Music, GI174 / PICT015, 12”]

Hacía casi dos años que no se tenía ninguna noticia de Dauwd –algo que, por otro lado, le traía sin cuidado a casi todo el mundo: la aportación de este joven productor inglés se limitaba a dos maxis en el sello Pictures Music fechados en 2011 y un remix para Jack Dixon–, pero este 12” de regreso suena con fanfarrias de victoria y pétalos de rosa. Editado a medias entre Pictures Music y Ghostly –y ya se sabe que entrar en Ghostly es casi un signo de realeza entre la electrónica actual–, “Heat Division” significa también una evolución en su estética, algo así como una americanización: del post-dubstep de aires garageros de “What’s There”, los cuatro cortes de su nuevo título saltan a una influencia primaria, y a la vez entrañable, por la anchura de ambientes del techno de Detroit y el deep house. El mecanismo rítmico de “Silverse” –bombo, caja, charles y un sinte planeador sobrevolando a baja altura– se corresponde con la misma transición que antes han experimentado Untold, Pearson Sound, Scuba y otros tótems del underground londinense, esa adopción del lenguaje del tech-house de los noventa con un swing todavía deudor del 2step, como ocurre en la más groovy “And” –balanceo en el beat y bajo húmedo– o en “Heat Division”, que parece llegada extradimensionalmente de una vieja referencia de Soma o 20:20 Vision.

Lapalux: “Without You” [Brainfeeder, BFDNL038, digital]

Si alguien lleva aún colgada la etiqueta de ‘promesa en ciernes’, ése es Stuart Howard: su material como Lapalux, proyecto que viene desarrollando desde abril de 2011 cuando debutara –¡cáspita!, qué casualidad– en Pictures Music con una cassette de seis temas, no acaba de explotar como la bomba emocional que es. Pero es sólo porque lo suyo, a diferencia de Holy Other, que fue una sensación inmediata, necesita tiempo para desarrollarse y auparse a ciertas cumbres emocionales que sus dos primeros EPs para Brainfeeder, “When You’re Gone” y “Some Other Time” (2012), rozaron ligeramente con la punta de los dedos. Pero ya está a punto “Nostalchic”, su álbum de debut, y el entrante no puede ser menos prometedor: “Without You” es un zafiro radiante de downtempo con la voz angelical de Kerry Leatham manipulada en deliciosos registros agudos y graves, flotando sobre una nube de felicidad, campanillas y beats diáfanos, como un James Blake de lino. El mismo aroma embriagador se respira en “Swallowing Smoke (Alternate Version)”, que es como Balam Acab o Burial narcotizado con éter, y la interesante aportación a la moda del R&B alternativo en “Guuurl”, acribillada por voces irreales y beats mullidos que retozan por el campo de plumas de un colchón especialmente suave y esponjoso.

Four Tet: “0181” [Text Records, TEXT021, 12”]

En enero se difundió la descarga, un solo track de 38 minutos que, en realidad, era la reunión ordenada de diferentes piezas escritas por Kieran Hebden entre 1997 y 2001, algo así como una limpieza de los altillos de su estudio de grabación y un retrato de los primeros días de Four Tet, justo cuando había debutado en el sello Output –con aquel “Dialogue” (1999) que tendía hacia el jazz– y estaba dándose ya la transición hacia la folktrónica, o electrónica pastoral, de “Pause” (2001). Se entiende que los segmentos sin título, y a veces sin principio ni final, de “0181”, son los descartes y las primeras maquetas de “Pause”, así que como documento que rellena huecos en la carrera de Four Tet suena valioso, con gran variedad de ángulos –composiciones de piano solo, otros en los que ya se ensayaba la rítmica intrincada y envolvente que ha caracterizado casi toda su obra, y algunos que aún seguían enrocados en el jazz nervioso y free de su era como miembro de Fridge–, ya muy desarrollada incluso en época tan temprana. Ahora, para quien se considere un coleccionista fatal de Four Tet, “0181” aparece en un bonito vinilo: el mismo material dividido en dos tajos de 19 minutos, para que se pueda decir que lo tienes todo, de manera ordenada y tangible.

Shams: “Piano Cloud” [100% Silk, SILK041, 12”]

Las referencias de 100% Silk ya suman 41 –en poco más de dos años de actividad, sin contar las cassettes–, y ni así ha conseguido desgastarse la calidad del sello que cultiva con tan amorosa mano la angelina Amanda Brown. Podemos acordar que el factor sorpresa ya está parcialmente diluido y que la aproximación al house de la marca –mitad retro, mitad hipster– ya no establece una diferencia con el resto del ecosistema dance de calidad en este presente, pero más allá del factor sorpresa están los valores intrínsecos de cada lanzamiento, y ahí no dejan de aflorar títulos y artistas con destreza elevada. Shams es otro proyecto –de este no se facilita identidad– que, como Fort Romeau, Sir Stephen o JMII, bebe de la vieja escuela del house y edifica los tracks a paletadas de piano, dejando que las notas del instrumento se enrosquen entre los beats como en aquella época feliz de 1988-1991, evocando noches de éxtasis, fornicio en Ibiza y clubs sin techo en los que las estrellas se asomaban a mirar a la pista. “Piano Cloud” tiene algo de A Guy Called Gerald en su segunda época, “She Wanted To Watch” mucho de Mr. Fingers y “Only If There Is Nothing” pudiera haber salido del catálogo de Nu Groove: definitivamente, las mejores y más convincentes falsificaciones del momento se hacen en 100% Silk.

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Pye Corner Audio: “Superstitious Century” [Boomkat Editions, BKEDIT005, 12”]

El paso de los años es incontenible, y sólo hay que esperar a que transcurra el tiempo para que, lo que un día fue rotundamente moderno, hoy aparezca como un tiempo feliz y pasado que anhelamos recuperar, como una fresca sombra en la memoria. La nostalgia ya no se conforma con los años sesenta, setenta y ochenta, sino que hace tiempo que viene rozando suavemente los comienzos de los noventa, al menos en lo que tiene que ver con música electrónica: las constantes citas a los orígenes del house y el techno fueron el primer paso –por los clavos de Cristo, sólo hay que leer lo que se dice aquí arriba, en Shams– y el techno inglés de la época, el intelligent, va por el mismo camino. O eso es lo que pretende rememorar The Head Technitian en su nuevo título –el primero en 12”, por cierto, en formato maxi de club– como Pye Corner Audio: cada uno de los cuatro cortes viene apuntalado por un beat, aunque lo importante es la fibra que envuelve al hueso, esas caricias ácidas –en “Zero Centre” deudoras de B12 y Reload–, o el arpegio en graciosa espiral –en “Vorticism” inspirado claramente en The Sabres of Paradise y el inmortal “Smokebelch”–, o la melodía lacrimógena – “End Of All Eras” es, cómo no, un tributo a Boards of Canada–. En realidad, no es más que otra forma de hauntology, sólo que en vez de convocar vía ouija/sampler los rastros de ectoplasma de la música esotérica de los sesenta electroacústicos y los setenta cósmicos, hay médiums que han encontrado la manera de dirigir su sensor a los rastros olvidados de Aphex Twin y su descendencia y dialogar con un mundo todavía próximo, pero aparentemente ya evaporado.

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Space Dimension Controller: “Welcome To Microsector-50 EP” [R&S Records, RS1302, digital]

Desde aquel EP doble de 2011, Jack Hamill ha venido desarrollando su carrera musical como si fuera el guión de una ‘space opera’ galáctica al estilo de Buck Rogers o Star Wars. El argumento de su última aventura galáctica ya ha quedado explicado en las críticas de “The Pathway To Tiraquon6” y el reciente álbum en R&S “Welcome To Mikrosector-50”, así que no lo vamos a repetir. Pero como ocurre con las películas –que siempre dejan espacio para un corto, una serie o una precuela–, o con los cómics y los videojuegos, hay parte de la historia que se almacena estratégicamente para estirar el hilo todo lo posible. Antes de los hechos narrados en el LP, sucedieron cosas que ahora, con giros hacia el electrofunk, el techno y el ambient, nos narra Space Dimension Controller en un EP (digital) que antecede al álbum, que extrae un tema del mismo –el que le da título, una jam de electro entre Hashim, Afrika Bambaataa y Prince– y tres nuevos con una pausa y una laxitud distinta: “While I Was Away” es una pulsación de techno lento, cálido y envolvente como un abrigo que se transforma en una especie de ebullición IDM en “It’s A Cold Planet Without You” y que concluye en un merecido reposo ambient con “Music For Spaceports”, título que, te has dado cuenta tú también, es un homenaje a Brian Eno y que suena exactamente al mejor Eno, para seguir la costumbre.

Photodementia: “Fig. 04” [Photodementia, Fig. 04, 12”]

No es una reedición, sino música que se perdió en algún cajón cerrado, olvidada, nunca sacada a la luz. Hasta ahora, por supuesto, en que Victor Beaudet se ha hecho con los archivos originales y los ha planchado en uno de los elusivos y limitadísimos vinilos del misterioso sello/proyecto Photodementia, donde nada parece estar claro. En la galleta del maxi indica que la fecha de creación es el año 2000, por tanto, estos siete cortes –sumados a los 13 que amplían la edición en CD– tendrían una larga década de vida que, quién sabe, seguramente sea todavía más longeva si atendemos a que el sonido es una extensión de la línea estética de Drexciya y Dopplereffekt, ese electro sintético y abrupto, como una erupción de lava. La información disponible sobre Photodementia es escasa: Beuadet es canadiense pero afincado en Washington, antiguo colaborador de Richard Davis –el ex veterano de Vietnam que formara Cybotron junto a Juan Atkins a principios de los ochenta–. La primera encarnación de Photodementia la formó Beaudet con Bernard Davies (ya fallecido) y en la segunda entró Ellen O’Malley, época a la que pertenecen “Drux”, “ATP4”, “1 Yr Later” y el resto de estos tracks. Sin embargo, la escasa documentación de material antiguo, la inexistencia de fotos y la pulsación robótica, fría y plástica del sonido electro del dúo consiguen que, incluso hoy, con vinilos sobre la mesa, su existencia parezca irreal, más una alucinación que una verdad. Que era, de hecho, lo que molaba de Drexciya y sus ramificaciones: la imposibilidad de saber si eran mito o realidad.

Pete Swanson: “Punk Authority” [Software, SFT0331, 12”]

La noticia no es que el ex Yellow Swans le dé al techno, porque en esa línea a caballo entre el noise y los beats Pete Swanson ya lleva dos años, con un par de discos de aúpa como “Man With Potential” (Type, 2011) y su extensión lógica en forma del 12” “Pro Style” (2012). La noticia, más bien, es que en su ingreso en la familia Software, que hasta ahora se había distinguido por la evocación de un romanticismo pop ochentero y el uso de sintetizadores planeadores, a veces más radiantes que gaseosos, antes que por el jaleo, el tipo sigue en sus trece y arma una bronca bastante cancerígena a lo largo de cuatro temas que, como poco, te pueden causar llagas en el tímpano. Bien pensado, tampoco es un apareamiento tan extraño –Daniel Lopatin, A&R de Software, grabó varios discos de electrónica rizada y envolvente en un sello noise, No Fun, y nada de esto le asusta–, pero cualquier cosa que haga Pete Swanson siempre llega embadurnada en grasa, tensando músculo, vomitando sonidos incómodos, lo cual siempre impone respeto. “Punk Authority” –el tema, pero también todo lo demás– es una rociada de sonidos corrosivos sobre un beat elástico, y a partir de ahí la cosa se pone aún peor: “C.O.P.” chirría como un cerdo degollado arrastrado por unas vías del tren, “Ground For Arrest” suenan como Whitehouse disolviendo una hoja de metal con gotitas de ácido sulfúrico, y justo al final llegan los 13 minutos de “Life Ends At 30”, algo así como una jam de techno de bajos y texturas sobresaturadas con la intención de causar algún severo traumatismo craneoencefálico a golpe de ondas. Si no tienes estómago de hierro, ni olerlo.

Regis: “Turin Versions” [Blackest Ever Black, BLACKEST013, 12”]

Nuestra enhorabuena si eres de los que te has podido hacer con un original de “Turin Versions”: las ediciones limitadas de Blackest Ever Black son más escurridizas que las cuentas en el extranjero de Luis Bárcenas, y a veces hemos llegado incluso a sospechar que en realidad no existen esas copias físicas, que es todo un señuelo para llamar la atención y motivar la compra de otros productos del sello aprovechando la frustración del cliente. Sea como fuere, de vez en cuando circula la edición digital, y esos dos tracks de Regis, aunque no sean estrictamente nuevos, sí son un rato buenos. Se titula la cosa “Turin Versions” porque se compone de dos tomas alternativas, creadas para un tour por Italia, de “Blinding Horses” y “Blood Witness”, sendas piezas de rítmica rígida y textura granítica del monstruo de Birmingham, que lleva una racha asombrosa en esta su segunda juventud como figura de culto del techno contemporáneo. Aquí no hay nada que no hayamos escuchado antes en su material para Sandwell District o Downwards, pero la sensación de desamparo, opresión, amenaza y olor a sangre que transmiten la versión de “Blinding Horses” –lenta en tempo, afilada en adornos maléficos– y las frecuencias rotundas de “Blood Witness” merecen estar en cualquier colección exigente.

Objekt / Cosmin TRG: “Untitled” [Bleep-The Green Series, BLPGRN002, 12”]

Poco a poco, pero siempre tocando las teclas correctas: así es como funcionan las cosas en The Green Series, el sello afiliado a la tienda Bleep –lo que lo convierte en algo así como un subsello de Warp– que, por ahora, ha concentrado sus esfuerzos en ese techno negruzco como la brea, la pizarra y el carbón: la primera referencia, alumbrada a finales del año pasado, incluía dos inéditos de Karenn (Blawan + Pariah) y The Analogue Cops, y la segunda que ahora llega circula por una vía muy parecida, aunque algo más espaciosa, a paso más pausado: el alemán Objekt, que parece haber perdido cualquier elemento dubstep en su sonido –ahora es todo eco, resonancia, bleeps y, quizá como último signo identificativo de los viejos tiempo, un ritmo más roto que rotundo–, firma “Shuttered”, y el productor rumano Cosmin TRG le da la réplica con un ejercicio de acid-techno de progresión lineal cargado de efectos como de ebullición del mercurio, y que no sabemos por qué diantres se titula “Auster”: ¿qué tendrá que ver el escritor neoyorquino con los borbotones de bilis?

Bonus Tracks

Para variar, esto no se acaba así. Se nos quedan cosas en el tintero y los tracks sueltos o los vinilos con la miga muy bien localizada se van para esta coda, donde despachamos la mercancía sin entretenernos demasiado, que ya va siendo hora de irse.

George Fitzgerald: “Thinking Of You” [Hotflush, HF040, 12”]

Tan seguros están en Hotflush de que “Thinking Of You” va a ser un pelotazo que lo estrenan a pelo –primero en Beatport, y en mayo está previsto el vinilo a una sola cara, sin extras, sin loops, sin remixes: sólo el nuevo tema en el que George Fitzgerald vuelve al sello que le descubrió tras dos años de ausencia y con el que aspira, ahora sí, a liderar la cosa tech-house en Inglaterra–. Porque del dubstep muchos se pasaron al house, y ahora al tech-house: sonido muy nítido, pulido como el mármol, grueso y con intención masiva. Mucho cuidado con la pegada de los bombos de este tema: parece que el revival de Layo & Bushwacka! merodea cerca.

Cloud Boat: “Wanderlust / Dréan” [Apollo Records, AMB1303, 10”]

Cuando sacó su primer 10” en R&S, el paralelismo con James Blake era evidente. Dos años después, ya es clamoroso: Cloud Boat le da más lustre al downtempo erosionado, por el que se anima a corretear con su voz delicada de querubín, envuelta en ecos y en capas de sus propias vocales. Y aunque se le ve el plumero, el resultado suena agradable y más cercano, incluso, a Jamie Woon en “Dréan”. No obstante, lo mejor es el remix de trip-hop espeso que firman Old Apparatus para “Wanderlust”.

Vector Lovers: “Patience (bvdub remix) / Replicator” [Soma, SOMA359d, digital]

Seis años sin publicar nuevo álbum, y cinco sin editar un solo EP: es normal que Vector Lovers haya caído en un semi-olvido y que su música ya no cuente mucho (o al menos no se la espere con ganas) en el circuito del techno, aunque sea ese texto voluble, bello y retro que comparte en intenciones con Claro Intelecto. Y no, la recopilación de 2011, “Electrospective”, no cuenta como disco reciente. Así que estos dos nuevos temas son los que avisan del regreso de Martin Wheeler, uno filtrado por las capas de nitrógeno de bvdub en casi 13 minutos del electro-pop lacrimógeno con ganas de volverse nube ( “Patience”), y otro con la muy socorrida línea de acid minimalista como guirnalda de un 4x4 severo con bajos dub fornidos. Quizá sea un poco tarde, pero es buen regreso.

Julianna Barwick: “Pacing” [Suicide Squeeze, S111, 7”]

No hay que tomarse estas dos nuevas armonías celestiales como el anuncio de un nuevo disco, pero tampoco hay que bajar la guardia: la sublime Julianna Barwick, la mujer capaz de hacer de su voz –filtrada por pedales– una construcción etérea de la dimensión y la belleza de un paraíso, nos obsequia con dos muestras más de su sublime talento en “Pacing” –espirales a lo Hildegard Von Bingen con sustento de piano– y aún más en “Call”, donde la voz desaparece y brilla solitario, inesperado, frágil como el cristal de Bohemia (pero tan dorado como el de Murano) el regio instrumento de las teclas blancas y negras. Un suspiro y hasta la próxima.

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