Columnas

Blur: una introducción

A punto de pasar por el Primavera Sound, echamos la vista atrás para entender la relevancia de uno de los grupos que reescribió el pop británico

Blur han extendido su reunión para ofrecer un puñado de actuaciones por todo el mundo. La única oportunidad para verles en España será en el Primavera Sound. Con este pretexto, desmenuzamos su trayectoria.

Hablar de Blur es hablar de historia. Su carrera, consistente y sin mácula durante más de una década, fue la que marcó el tempo, el crecimiento y la relajación de la escena brit-pop que reinó en Inglaterra a mediados de los 90, sobre todo a partir de “Parklife” (1994), tras dos primeros álbumes recibidos con entusiasmo por una buena parte de la crítica y por un público creciente. Al poco tiempo de empezar a andar, Blur era una de las bandas británicas más importantes de todos los tiempos. Son el cabeza de cartel más destacado –y deseado– de la presente edición de Primavera Sound (estarán actuando en Barcelona el 25 de mayo), momento por el cual nos permitimos a repasar su historia, para quien no la conozca, o tenga ganas de refrescarla.

Estamos a mediados de los años 90 y el brit-pop surgía como respuesta al vacío que había dejado la muerte de Kurt Cobain y, por extensión, del grunge como explosión popular. En un giro que nadie podía haber previsto, el Reino Unido se hizo con el liderazgo musical gracias al brit-pop: el pesimismo existencialista, las guitarras densas y la angustia vital del rock alternativo de Sub Pop eran reemplazadas por un pop que se miraba en la cultura y en los años gloriosos del pop inglés: The Beatles, The Rolling Stones, David Bowie, The Who, The Kinks y otros grupos que parecían haber pasado a un segundo plano de la historia –lejos quedaba ya la british invasion de los 60–, de repente, se convertían en la influencia de un puñado de jóvenes que no querían saber nada de Seattle. Los líderes indiscutibles del brit-pop fueron Blur y Oasis, que además protagonizaron una rivalidad alentada por los semanarios NME y el Melody Maker, que convertían cada declaración de Damon Albarn o Liam Gallagher en un titular. “Oasis fueron como los bullys con los que tuve que lidiar en el instituto”, llegó a declarar Damon Albarn. Ha pasado el tiempo y los grupos han limado sus diferencias (hace poco pudimos ver juntos a Noel Gallagher y Damon Albarn tomándose una foto, abrazándose y tan amigos), pero su música sigue hablando por sí sola y las rencillas del pasado ahora no son más que una anécdota.

1. Orígenes

Como ha ocurrido en tantas ocasiones con otros grupos, Blur tuvo su génesis en las aulas de un colegio. Damon Albarn y Graham Coxon se conocieron durante la adolescencia en la Stanway Comprehensive School, en Colchester. La amistad surgió cuando Damon necesitaba que alguien tocara el saxofón en una canción que había compuesto y contó con Coxon para tal efecto. Años más tarde, Graham se mudaba a Londres para comenzar sus estudios en la universidad y Damon, que se quedaba solo, montaba Seymour, una banda primeriza cuya formación cambió una y otra vez hasta que, en 1988, Alex James y el recuperado Graham Coxon completaron la alineación definitiva. Al poco tiempo enviaron su primera maqueta al sello Food Records, y en noviembre de 1999 Andy Ross, A&R del sello –y el hombre que acuñó el término ‘shoegaze’, por cierto–, acudía a un concierto del grupo en Islington, en el norte de Londres. Tras verles tocar, decidió ficharles con una sola condición: que se cambiaran el nombre (Seymour estaba elegido a partir del libro “Seymour: Una Introducción” de J.D. Salinger, pero al parecer Ross no había captado la referencia).

Lo que sí hizo Ross fue aportar una lista de sugerencias para tomar en consideración y finalmente la banda acordó rebautizarse como Blur [traducción: ‘borroso’], momento en el que las cosas empezaron a ir realmente rápido. En julio de 1990 comenzaron a grabar su primer álbum en los estudios Battery –famosos por entonces por ser el mismo lugar en el que trabajaron Stone Roses durante la creación del single “Fool’s Gold”–, y sólo tres meses después ya estaba en las tiendas el primer sencillo, “She’s So High”, elegido ‘single of the week’ por el NME (lo que ayudó, en aquel momento tierno y decisivo, a que su nombre se diera a conocer).

El primer álbum de Blur ya estaba en marcha y empezaba a crecer la expectación, pero terminarlo no fue una tarea fácil: las sesiones de grabación con uno de los productores elegidos por el sello, Steve Power, no llegaron a buen puerto y fue entonces cuando Stephen Street, conocido por haber trabajado unos años atrás con The Smiths, acudió para perfilar un par de canciones con ellos. Este cambio, del todo azaroso, resultó ser la segunda feliz casualidad que llevó a Blur al éxito en la incipiente escena alternativa de entonces: “There’s No Other Way”, el segundo single, resultó ser un hit de indie para la pista de baile, con ecos de The Stone Roses, Inspiral Carpets y The Happy Mondays, que compartía (y prolongaba) el denominado sonido ‘baggy’, una combinación de funk, psicodelia, guitarras y house, heredado por bandas contemporáneas de ‘Madchester’ como The Charlatans y The Farm. La prensa se volcó en halagos con el grupo tras la publicación del sencillo en abril de 1992 (que, además, llego al puesto número 8 en las listas de ventas), y todo aquello allanó el camino de “Leisure”, un álbum de debut del que luminarias como Kevin Shields (My Bloody Valentine) se declararon inmediatamente fans.

A principios de 1992 atravesaron un momento difícil tras descubrir que su entonces mánager, Mike Collins, les había limpiado 40.000 libras, además de endeudarles por otras 60.000, con lo que perdieron todas las ganancias de “Leisure”. Pero dos meses más tarde, con un nuevo mánager y nuevas ideas, llegó “Popscene”, un nuevo sencillo que les ayudó a salir de gira junto con My Bloody Valentine, Dinosaur Jr. y The Jesus & Mary Chain. Para recuperar dinero se embarcan en otra una extensa gira de 44 fechas por Estados Unidos de abril hasta agosto que resultó ser desastrosa a todos los efectos: no consiguieron conectar con el público –por entonces abducido por la larga sombra proyectada por Nirvana, e incapaz de reconocer sus referencias culturales típicamente británicas–. Además, sus actuaciones eran accidentadas: demasiado alcohol, excesiva presión sobre sus hombros y cansancio; no eran conciertos fáciles. En Food Records empezaron a cansarse de ellos: o enderezaban su camino o acabarían despedidos.

Concedida una segunda oportunidad, en septiembre de ese año comenzaron las grabaciones de su segundo álbum, “Modern Life Is Rubbish”, con Stephen Street de nuevo como productor –las sesiones se iniciaron con Andy Partridge, de XTC, pero la relación no funcionaba–. El primer single, “For Tomorrow”, desvela una imagen gráfica en la portada con un alto contenido patriota que se extendía a las letras del resto del álbum: fue un paso más en la identificación de Blur con la britishness, con el orgullo de ser británico y de ondear la Union Jack, a la vez que a nivel estético se alejaban del shoegaze, el grunge y el baggy que se palpaban en su debut. Era su manera de plantarle cara al grunge y a la americanización de la música británica, convencidos de que el camino a seguir era el de estrechar lazos con su cultura. “Modern Life is Rubbish” es una especie de álbum conceptual con múltiples referencias a Londres y la vida en el Reino Unido que resultó ser el detonante de un nuevo movimiento creado por la prensa: el brit-pop. Así comenzó todo.

En ese momento Blur no sólo miraban al pasado del pop británico para reivindicarlo y revitalizarlo, sino que sus propias canciones estaban llenas de guiños a la cultura británica que para mucha gente podían resultar crípticas y pasar desapercibidas, pero que desde luego llegaban con facilidad ese público británico que continuamente pugnaba por posicionarse como potencia musical frente a Estados Unidos. Blur y otros de los grupos del brit-pop no sólo devolvieron esa posición privilegiada a las islas británicas, sino que además lograron conectar con toda una generación que entendía muchos de los guiños que hacían a su público: homenajes a los Walker Brothers encabezados por Scott Walker, guiños a “La Naranja Mecánica” en el vídeo de “The Universal”, la participación en “Parklife” de Phil Daniels, (protagonista de “Quadrophenia”, la película bandera del movimiento mod con banda sonora de The Who), etcétera. Esa reivindicación de los suyo era continua, y no es de extrañar que en los 90 la bandera británica se pusiera de moda más allá de sus fronteras.

2. La explosión “Parklife”

A principios de 1994 regresaron al estudio con Stephen Street una vez más. En marzo publicaban “Girls & Boys”, el primer sencillo de “Parklife”, un hit inmediato que se coló en las listas de ventas directamente en el número 5 y, lo más importante, en todas las discotecas indies y los playlists de temas favoritos del gran público: fue, sin ir más lejos, la canción elegida como single del año en NME y la Melody Maker. Boys And Girls rompió fronteras y consiguió que el grupo se hiciera con miles de fans de una amplísima franja de edad; es un himno que vive encapsulado en el recuerdo de aquella generación y que, al estar inspirado en unas vacaciones de Damon Albarn en Magaluf, se asoció inmediatamente con verano, playa y buena vida, la misma que se dan los jóvenes británicos que pasan sus veranos en la costa mediterránea. “ Me encantan las horas de ocio. Todos estos tíos y chicas conociéndose en un agujero y dedicándose a follar. No hay moralidad”, declaró al respecto Damon. Cuando finalmente se publicó “Parklife” entró directamente en las listas de venta en el primer puesto, y Blur se convirtieron entonces en los embajadores oficiales del sonido brit-pop, encumbrados por una prensa entregada a su causa y su talento. El grupo se hizo con cuatro Brit Awards –mejor grupo nuevo, mejor sencillo por “Parklife”, mejor vídeo por “Parklife” y el premio al mejor álbum del año–.

"Su primer single, “Country House”, coincidió con el lanzamiento del nuevo single de Oasis y la prensa aprovechó la coyuntura para iniciar la “guerra” entre ambas bandas"

Llegó 1995 y en mayo ya estaba casi completa la grabación de su nuevo álbum, “The Great Escape”. El lanzamiento de su primer single, Country House, coincidió con el lanzamiento del nuevo single de Oasis y la prensa aprovechó la coyuntura para iniciar la “guerra” entre ambas bandas, justo cuando Blur entraban en las listas en el número uno y Oasis consiguen colocarse en el siguiente peldaño. El álbum vendió casi un millón de copias en el primer mes, pero no todo fueron alegrías para la banda desde el momento en que “What’s The Story Morning Glory” de Oasis también se consolidó como un éxito de ventas en los Estados Unidos, un hito al alcance de pocas bandas británicas. La prensa, siempre girando cual veleta con la dirección del viento, decidió darle la espalda a Blur para ensalzar a los de Manchester, en una especie de absurda guerra sucia.

En una entrevista publicada por la revista británica Q en 1996 con el elocuente titular “ Parad el grupo, que me quiero bajar”, Damon Albarn desvelaba el estado (muy deteriorado) en el que se encontraban las relaciones entre los miembros del grupo por aquel entonces, tras la resaca del éxito. La presión había llevado a un estado de tensión que a punto estuvo de acabar con la carrera de la banda. Durante este tiempo Coxon comenzó a librar una batalla contra el abuso del alcohol, cosa que obviamente no ayudaba a la causa. “ A Graham le cambia el carácter cuando está borracho”, diría Damon en aquella entrevista, “ le conozco desde antes de que empezara a beber y fumar. Es el tipo más dulce y el guitarrista con más talento de su generación. Nadie le supera, por eso estoy dispuesto a aguantar todas sus locuras”.

3. “Blur” y la reinvención

En junio de 1996 volaron a Islandia –por entonces el lugar más solitario y remoto cerca de Londres que se les podía ocurrir para escapar a la presión de la prensa y los fans– para grabar su nuevo trabajo. Graham Coxon tuvo entonces más libertad a la hora de componer, y consiguió llevarse a Damon a su terreno, pidiéndole “ hacer nuevamente música que dé miedo a la gente”. “Blur”, su álbum de 1997, tuvo un efecto inesperado al consolidar a la banda internacionalmente gracias a temas como Song 2 (hoy todavía el más conocido de todo su repertorio) y Beetlebum, que logró subir hasta el puesto número uno de las listas en el Reino Unido. “Song 2” consiguió en América lo que a sus singles previos les resultó imposible: estar en copiosa rotación en MTV. Este disco significó un giro en su carrera, dejaron de ser el objeto de deseo de desquiciadas groupies quinceañeras para hacerse con una base de fans de gente interesada en su sonido –que por entonces se identificó como inspirado en el post-rock y el indie-rock de bandas tipo Pavement– y no con su apariencia de chicos guapos y limpios.

"La convivencia entre los miembros del grupo era bastante tensa y las grabaciones más largas y segmentadas de lo normal"

En marzo de 1999 publicaban “13”, su sexto álbum, producido por William Orbit. El primer single, Tender, consiguió vender 170.000 copias en la semana de su lanzamiento, mientras que con su segundo sencillo, Coffee & TV, volvían a acaparar frecuencias radiofónicas y pantallas de la mano de uno de sus videos más emblemáticos. Las letras de Damon dejan de estar escritas en tercera persona y sonaban más personales: la coyuntura afectiva le ayudaba, pues estaba atravesando una dolorosa ruptura con Justine Frischman (vocalista y guitarrista de Elastica) tras ocho años de relación. Por su parte, los problemas de Graham con el alcohol, nunca superados ni resueltos, continuaban dando problemas. La convivencia entre los miembros del grupo era bastante tensa y las grabaciones más largas y segmentadas de lo normal. En julio de este mismo año, el grupo publica una caja de edición limitada que contenía sus 22 sencillos a la fecha con motivo de la celebración de su décimo aniversario, y en octubre de 2000 llegaba su primer disco de éxitos, “Blur: The Best Of”. Se había entrado en una fase de agotamiento que llevó a Damon, en 2001, iniciar su proyecto paralelo Gorillaz, mientras Graham Coxon publica su tercer álbum en solitario.

4. Últimos años, rupturas y resurrecciones

En junio de 2002 Blur comenzaban a grabar su séptimo álbum, “Think Tank”, producido por la extraña combinación de Ben Hillier, Norman Cook y William Orbit. Fue una etapa casi de punto final, porque durante la grabación un malentendido hizo que Graham Coxon diera portazo y dejara definitivamente la banda para ingresar, sin avisar a nadie, en una clínica de rehabilitación por culpa de su problema con el alcoholismo. Las sesiones se volvieron, pues, bastante conflictivas: Damon tenía su cabeza en otro lugar –había vendido más de siete millones de copias del debut de Gorillaz–, pero hizo el esfuerzo de continuar y terminar la grabación del disco, ya que se había comprometido a ello con el resto del grupo. Cuando finalmente se publicaba “Think Tank” entró, como los anteriores, directamente al primer puesto de las listas en el Reino Unido. En Estados Unidos también tuvo éxito –aunque sólo en el número 56 del ranking de ventas–. Había que seguir, por tanto, y lo siguiente fue proyectar una gira mundial, pero sin Graham Coxon. Su lugar lo tomaría Simon Tong, del grupo The Verve.

Terminada la gira, terminó también Blur. Cada uno decidió de manera amistosa emprender su camino por su cuenta. Graham siguió grabando discos en solitario y Damon se dedicó a Gorillaz y, más tarde, a su nuevo proyecto, The Good, The Bad & The Queen, junto a Paul Simenon, Tony Allen y Simon Tong. Dave Rowntree se retiró para estudiar derecho (la última reforma legislativa británica ha recibido muy duras críticas por Rownstree en The Guardian; sabe de lo que habla), mientras que Alex James se dedica a fabricar quesos y lleva una vida idílica en su granja.

Pero había nostalgia y el grupo de amigos podía reunirse cuando quisiera (son las ventajas que tienen las rupturas amistosas). Y desde entonces Blur no han dejado de volver para ocasiones especiales. En diciembre de 2008, tras varios conatos que dieron pie a rumores de un nuevo álbum del grupo, Blur anunciaron que se reunirán para dar dos conciertos en Hyde Park (Londres) y como cabezas de cartel en Glastonbury. Para la primera fecha en Hyde Park se vendieron 10.000 entradas en dos minutos, sumadas a las 30.000 en dos horas el día previo en una pre-venta especial; nadie se había olvidado de ellos. En febrero de 2010 presentaron “No Distance Left To Run”, un documental que cuenta la historia del grupo y la de su reunión en 2009, y en marzo, para unirse a la celebración del Record Store Day, publicaban un 7” de edición limitada a 1000 copias cuyo objetivo era evitar su descarga ilegal y que contenía una nueva canción titulada Fool’s Day.

Tras su paso por Asia, Europa y dos fechas confirmadas en Rusia y Brasil, Blur también coparon el cartel de festivales importantes como Coachella y el festival Vive Latino en la ciudad de México. La rueda seguía girando pese a todo, a los fans de toda la vida había que sumar los adquiridos en los años siguientes, pero ni siquiera esa pasión conseguía ablandar el corazón de Damon: durante muchos meses, y en todas las entrevistas, negó la posibilidad de un nuevo disco de Blur. Sin embargo, hace unos días dejó entrever que sí, que en 2014 podría haber algo nuevo tras concluir los conciertos de este año: fue durante un concierto en Hong Kong en el que dijo, textualmente, que “hemos pensado que sería un buen momento para tratar de grabar otro disco”. Además, Alex James (bajista) ya dejó entrever el verano pasado que le sorprendía que no fuera muy necesario para la banda ensayar tanto como antes, que parecía como si toda esa energía y esa química de tantos años estuviera intacta en el grupo. Damon también ha confesado que con Graham Coxon es sencillo sentirse a gusto: la banda ha grabado ya dos temas nuevos, “The Puritan” y “Under The Westway”, pensados para su concierto de clausura de las Olimpiadas el verano pasado, y no sería extraño que vinieran más. Dicen que donde hubo fuego, cenizas quedan.

Blur es, en definitiva, el único grupo desde los Smiths, que ha conseguido exportar con éxito a nivel mundial la esencia británica en formato audio. También son un grupo que ha decidido envejecer con gracia antes de continuar haciendo música insípida y desangelada como muchos otros músicos de su generación que iniciaron otros proyectos, o decidieron reunirse para publicar un disco con material nuevo. A estas alturas Blur no tienen que demostrar nada a nadie porque el tiempo no causa mella en ellos y se encuentran todavía en plena forma. Lo comprobaremos, si es que hacen falta pruebas, en Primavera Sound.

* Entra en esta galería para ver la carrera de Blur a través de los años.

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