Columnas

Bass Camp 2013: Talento, tecnología y taurina

Nos colamos en el Bass Camp de Red Bull Music Academy para explicarte cómo han vivido sus participantes estos tres exhaustivos días.

Creación musical y charlas durante el día, fiestas durante la noche y una inmersión completa en el presente más radiante de la producción de sonidos electrónicos con algunos de los artistas más prometedores de la escena española. Así fue la segunda edición de Bass Camp en el Matadero de Madrid.

Cuando pasamos revista a las actividades en el escenario SonarDôme de Sónar, siempre tenemos la sensación de que ese euro extra que pagan los bebedores de Red Bull está bien invertido. Esa misma sensación se desprende nada más pisar la Nave de la Música de Matadero Madrid, el centro de actividades de este segundo Bass Camp organizado por Red Bull Music Academy. Las instalaciones que en 2011 sirvieron para acoger el encuentro internacional que patrocina la marca se han vuelto a llenar de talento –en esta ocasión, exclusivamente nacional–, de software, de hardware y de latas de refresco. Por el sofá de las lectures también han vuelto a sentarse nombres con solera en el panorama internacional, como Martyn o Zinc. Incluso algunos de los DJs que venían a pinchar en las fiestas nocturnas se han dejado ver de día entre el personal asistente.

¿Cómo fluirían las sinergias creativas cuando se abrieran las puertas de los estudios? ¿Habría cruces de estilos, de escenas y de generaciones? ¿Marcaría el interés por determinado software los grupos de trabajo? Algunos de ellos llegaban en un momento álgido de creatividad, como Lost Twin, que ya avisaba desde el sofá: “si esto no lo quiere ningún sello da igual, lo autoedito y lo saco gratis, lo importante es que salga”. Otros exponían su desasosiego, como Noaipre: “estoy perdido con tanta sobreinformación y, además, alejado totalmente de la escena de clubs viviendo en Coruña”. También los hubo que rompieron la formalidad para hacer reír a la parroquia, como el músico experimental Stable Mechanism, residente en Cuenca, que avisaba: “no me preguntéis por cómo es la escena en Cuenca…”. O Kresy y sus métodos de producción – “yo intento copiar algo pero luego no me sale igual” y su masterización a ojo “sin escucharlo ni nada, mirando la onda”. Por poco que hayan aprendido los participantes en estos escasos tres días, lo que estaba claro desde la primera toma de contacto es que había buen ambiente y ganas de disfrutar.

Parte del conocimiento que debían recoger los chicos en estos tres días tenía que emanar de ese sofá y del paso por el mismo de Martyn, Rick Wilhite, Zinc y los valencianos Cookin’ Soul.

Los invitados internacionales no solo tratarían temas estrictamente técnicos, sino que sus multidisciplinares carreras también daban para aportar consejos en cuanto a promoción o incluso sorprender con detalles más personales de sus biografías. Por poner algunos ejemplos, Martyn contaba cómo su padre, jugador del PSV Eindhoven y melómano, se ponía los mismos temas antes de jugar un partido. Rick Wilhite narraba la relación entre el baile y la música en Detroit a golpe de YouTube. Mientras que Zinc desvelaba que su relación con Rinse FM, además de musical, es marital. Su pareja es una de las propietarias. Algunos incurrían en contradicciones, como Martyn, que por un lado aconseja no vivir en una ciudad “hotspot” de una escena para no acabar copiando a tus homólogos; pero, al ser preguntado por uno de los participantes por cómo mover tus producciones para que vean la luz, aconsejaba estar en ciudades con fuertes escenas de club, donde algún DJ relevante tuviera la oportunidad de escuchar tu música en un warm-up. “Yo no firmo nada para 3024 que no haya escuchado y sentido en un club”, decía el holandés.

Rick Wilhite, como buen amante del vinilo, se esforzaba en defender el formato físico: “A la gente le gustan las cosas físicas, tangibles. Un disco puede valer 800 euros en eBay; una descarga nunca tendrá ese precio”. También exponía lo infinito de la evolución musical hablando del número de cubetas dedicadas a la música de baile. En su juventud eran dos, una de house y otra de techno; ahora incluso su amigo Moodymann cuenta con una cubeta para él solo. Zinc, sin embargo, no se quiso decantar por lo físico o lo digital. Pese a haber vivido de la música en una era sin internet –nos dejó sorprendidos al contarnos que no sabía cuántos vinilos se habían planchado de su remix jungle de “Ready Or Not” de The Fugees, pero que sabía que en la tienda HMV de Oxford Street se habían vendido 14.000 copias–, agradecía las bondades de la nueva era digital. Sus básicos en el estudio: unos buenos monitores y una silla cómoda. Su fórmula para hacer bangers: preguntarse a uno mismo qué le gustaría escuchar si estuviera en el club.

Hasta aquí la parte docente del Bass Camp, que se extendería en lo práctico por las tardes, con los participantes intercambiando ideas en los múltiples estudios de la Nave de la Música. La noche, sin embargo, estaba dedicada al disfrute. Primero el viernes, con el paso por el precioso Salón de Baile del Círculo de Bellas Artes de los dos ponentes de la primera jornada, Rick Wilhite y Martyn, así como la leyenda Moodymann. Leyenda que, en esta ocasión, decepcionó con una selección sosa –no ayudaba la sonorización de la sala– e incluso indignó incluyendo “Seven Nation Army” de The White Stripes. El sábado en Siroco, en cambio, la cosa fue muy diferente. Lleno hasta la bandera desde primera hora, los tres DJs internacionales que pasaron por cabina dejaron a todo el mundo contento. En especial Illum Sphere con un set que a muchos les recordó a su memorable paso por Sónar hace dos ediciones. No sólo por técnica, sino por sintonía con el público y por lo increíblemente surtido del repertorio que soltó, el británico enamoró a la sala entera. Ni una sola objeción.

Todavía es pronto para valorar la experiencia a nivel productivo. Del Bass Camp del año pasado salió uno de los mejores temas nacionales para quien firma esta líneas; me consta que también surgieron proyectos colaborativos y bonitas amistades entre algunos de los que allí estuvieron. Si esta magia no se repite en los próximos meses, el balance tampoco quedará en blanco. Ha sido un fin de semana exhaustivo, con momentos divertidos e interesantes bañados en un flujo continuo –y necesario– de taurina.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar