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¿Qué fue de “Bad”?

Se celebra el 25 aniversario de uno de los títulos emblemáticos de Michael Jackson, siempre ensombrecido por “Thriller”. Es la ocasión para valorar qué lugar ocupa este disco en la historia del pop

La publicación de una edición especial conmemorativa del 25 aniversario de “Bad” nos permite revisar a fondo uno de los discos más emblemáticos de los 80 y la última gran contribución musical de Michael Jackson antes de su declive artístico y personal.

Cuando le pregunté a Flavio Rodríguez, máximo exponente del R&B español, DJ con amplia trayectoria en el circuito de salas y melómano voraz, entre otras cosas, qué recuerdos le trae “Bad”, de Michael Jackson, el cantante barcelonés me respondió de la misma forma –idéntica, diría– que lo hubiéramos hecho muchos compañeros de generación: “Este justamente es mi álbum de Michael. Soy del 78, así que es el disco que más me influenció del artista. Recuerdo el concierto en el Camp Nou, yo con mi guante llorando de emoción, el estreno de “Smooth Criminal” en “Rockopop”, el estreno de “Moonwalker”, o las onomatopeyas de Michael en los textos del libreto...”. Si me hubieran formulado esa pregunta mi respuesta hubiera sido la misma, calcada punto por punto –quizás también incluiría en este memorándum el vídeo de “Bad” y la fascinación que me despertaba la flexibilidad del bailarín patinador y la mitológica peligrosidad del metro neoyorquino–, y quiero pensar que a muchos otros de nuestra quinta les hubiera pasado lo mismo por la cabeza. “Bad” marcó a una generación con la misma intensidad con la que “Thriller” marcó a la inmediatamente anterior, y el transcurso del tiempo y la conciencia personal de que musicalmente puede tratarse del más discutible de sus tres primeros y grandes álbumes en solitario no han erosionado su importancia y efectividad artística.

Estos días celebramos el veinticinco aniversario de su publicación, pero se mantiene la misma idea que sobrevoló en su momento: “Bad” fue la continuación más sensata e inteligente se le podía brindar a “Thriller”. Ya no hablo únicamente de sus posibilidades comerciales –cinco de sus diez singles llegaron al número 1 en la lista de ventas; de cuando alcanzar esa posición era una lucha hercúlea para las compañías discográficas–, sino también de su visión musical y creativa, que optó, con buen criterio, por darle una continuidad lógica y racional a su predecesor. Hagan la prueba: escuchen de forma seguida los dos álbumes. Son dos gotas de agua tan solo matizadas por las actualizaciones de producción atribuibles a la media década de distancia y por el cambio de tono, más diurno y global, de este último. Pero en todo lo demás son evidentes los paralelismos –¡incluso en la utilización del tema titular como plataforma audiovisual para convulsionar a la industria con vídeos rompedores o, aún más curioso, en la presencia de un guitarrista de rock como estrella invitada!–, tanto en la estructura, la distribución de canciones por temática y tempo y, por supuesto, en el estilo de producción. Lo que hizo Quincy Jones fue limitarse a autoplagiarse, en el buen sentido del término, para guiar el camino de un álbum en el que, eso sí, Michael Jackson figura como autor de casi todas las canciones, una de las novedades destacables del proyecto. Como ya hizo en “Thriller”, Jones se dedicó a hacer lo que por entonces mejor le salía: darle aires y proyección pop a un discurso de funk-soul blanco con vocación bailable y versatilidad emocional siempre al servicio de la estrella.

"Son hits en su máxima expresión, himnos que han trascendido y han sobrevivido a todo"

En “Bad” sucede un fenómeno curioso: cuando las cosas funcionan, funcionan endiabladamente bien; pero cuando no funcionan, dejan al descubierto sin miramientos sus vergüenzas. No hay término medio. Por ejemplo: “Speed Demon” es la peor canción del disco, con diferencia, y es como si el propio Jacko fuese consciente de ello, tanto por la letra de la misma como por su aburrida fisonomía sonora. “Liberian Girl” parece un acercamiento a Sade, pero suena totalmente desubicada y fuera de contexto en la constitución del disco, todavía hoy resulta difícil entender su papel en el tracklist. “Another Part Of Me” ahora la vemos más naïf que vibrante, como muy de otra época; y “I Just Can´t Stop Loving You” enseña el camino de ese Jackson baladista que no reparaba en gastos de glucosa y que se asentaría posteriormente. En cambio, cuando los singles deslumbran lo hacen sin cortapisas, son auténticos huracanes pop: “The Way You Make Me Feel”, “Smooth Criminal”, “Man In The Mirror”, que es la mejor versión posible de este Jacko baladista del que hablaba, el tema titular, “Leave Me Alone” o “Dirty Diana” son canciones redondas en la acepción más positiva posible. Son hits en su máxima expresión, himnos que han trascendido y han sobrevivido a todo y forman parte indisociable de su repertorio.

"La ingenuidad y frivolidad del Jackson letrista queda en entredicho especialmente en este álbum"

En el apartado lírico, además, hoy nos sigue chocando la contundencia verbal de “Dirty Diana”, acusada en su momento de misógina –y aún ahora, de hecho, parece impropia de él, por agresiva y desafiante–, la lucidez melancólica de “Leave Me Alone”, premonitoria reflexión sobre la soledad de la celebridad acosada, o el tono chulesco de “Bad”, a priori poco creíble en la piel del cantante pero intachable en su traducción musical y visual. También aflora en “Man In The Mirror” ese lado humanista y sentimental que acabaría dominando sus canciones y, sobre todo, sus acciones públicas antes del declive. La ingenuidad y frivolidad del Jackson letrista queda en entredicho especialmente en este álbum, que parece toda una revelación personal de inquietudes, miedos e inseguridades. Aunque musicalmente no sea tan compacto y lustroso como “Thriller” ni tenga la frescura impetuosa de “Off The Wall”, en su aportación lírica “Bad” me parece su álbum más atractivo e interesante, básicamente porque nos explica más cosas sobre la personalidad del artista y porque este se atreve a ir un poco más allá de lo que había sido su zona de confort hasta entonces.

Pero más allá de sus méritos como disco, “Bad” también es relevante porque supone el último gran álbum en la trayectoria de Michael Jackson y, en cierto modo, el cierre más pragmático posible de una trilogía –que nunca fue tal a efectos conceptuales pero sí a efectos de trayectoria– que le bastó para encumbrarle. Ya después llegaría el fallido “Dangerous”, un intento desigual de actualizar su sonido y adaptarse a los cambios de corriente emprendidos en los 90, y a partir de ahí el descenso a los infiernos emocionales que acabarían precipitando el ocaso del rey del pop. Escuchado y analizado hoy, tantos años después, y dejando de lado las canciones, el aspecto más destacable del álbum es su propia conciencia de título bisagra, de continuación a la baja de algo incomparable e inigualable, casi más en todos los aspectos extramusicales que propiamente musicales, como fue “Thriller”. Asume este problema desde el inicio y lo hace con la mejor actitud posible, con la explotación actualizada y matizada de una idea irrebatible ya asentada que nadie en su sano juicio se hubiera atrevido a desafiar o replantear. No hay más ambición que replicar una fórmula, pero con todos los elementos magníficamente ensamblados y pensados para que se ratificara y se consolidara la mayor estrella del firmamento musical de la época. Lo consiguió con creces, y con una tirada de singles intachable.

Para revisarlo y recrearse en sus atributos y para descubrir o redescubrir sus defectos, el seguidor de Jacko dispone de dos vías. La primera, muy recomendable si el bolsillo va justo, consiste en una edición simple que incluye el álbum original remasterizado y una selección de material extra en la línea de lo que acostumbra a ser habitual en este tipo de lanzamientos: un conjunto de demos de canciones no incluidas finalmente en el disco, con más valor histórico que puramente musical, y una selección de remixes à la page a cargo de DJ Nero, Afrojack o DJ Buddha, todos ellos prescindibles. Para los fans entregados la única opción posible es la edición deluxe que además de este doble CD también incluye un tercer CD y un DVD con la grabación de un concierto de la gira “Bad”, concretamente en Wembley y que supone una atractiva ocasión para recuperar la puesta en escena de ese tour, que para muchos representó la primera toma de contacto con la imaginería y mística de un gran concierto de pop-rock.

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