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El niño Aylan podría ser un violador en el futuro; mis hijos también

Charlie Hebdo publica una viñeta en la que retrata a Aylan Kurdi, el niño sirio ahogado en Turquía, como un posible futuro violador

Si hoy apareciera en la prensa de un país musulmán una viñeta de humor que tuviera como protagonistas a los fallecidos en los atentados de París del pasado noviembre, en seguida tacharíamos a sus autores de fanáticos, de terroristas, de monstruos sin ningún ápice de humanidad.

Esta semana el semanario satírico francés Charlie Hebdo publicaba una viñeta en donde el caricaturista Riss imagina que Aylan Kurdi, el niño sirio refugiado que murió ahogado, hubiera sobrevivido al naufragio. En la viñeta vemos a un Aylan adulto, corriendo detrás de una mujer rubia y con el culo en pompa. “¿En qué se hubiera convertido el pequeño Aylan si hubiese crecido?”, reza el dibujo. “En un sobador de culos en Alemania”.

Riss relaciona la muerte de un refugiado menor de edad con la oleada de agresiones sexuales que centenares de mujeres sufrieron la Nochevieja pasada en Colonia y otras ciudades germanas por grupos de hombres, entre los que se encontraban migrantes.

Pensándolo bien, la diferencia que podría existir entre la hipotética viñeta sobre los atentados de París y la que propone un retrato de los niños refugiados como futuros energúmenos, no es tan grande.

No es la primera vez que Charlie Hebdo se ceba con Aylan. En septiembre de 2015 ya causaron polémica con otro chiste donde se decía que mientras "los cristianos andan sobre las aguas, los musulmanes se hunden"

En ambos casos, el uso del humor legitima la falta de tacto. La libertad de expresión justifica el tono. El escudo de etiquetas como “provocación” y “humor negro” permite a sus autores reivindicar su trabajo como algo necesario, porque hará que se remuevan conciencias.

No es la primera vez que Charlie Hebdo se ceba con Aylan. En septiembre de 2015 ya causaron polémica con otro chiste donde se decía que mientras "los cristianos andan sobre las aguas, los musulmanes se hunden".

En su última viñeta, sin embargo, el insulto va más allá. El humor negro tiene más de negro que de humor, y el reclamo de la libertad de expresión pierde su validez cuando su mensaje pretendidamente provocador se vuelve confuso.

¿De qué sirve pensar que Aylan, o las decenas de niños muertos en la guerra o en el camino hacia Europa van a violarnos y a matarnos? ¿Por qué debemos presuponer que ninguno de esos niños va a integrarse o a tener una mejor vida que la que la guerra le prometía?

¿Es este chiste una genialidad que pone sobre la mesa la falsa multiculturalidad europea? ¿O quizá se trata un ataque sin piedad hacia los miles de personas que están sufriendo las consecuencias de una guerra?

Cuando un chiste no hace gracia a nadie, es que es malo.

Cuando un chiste comprometido no denuncia nada, sino que especula desde el prejuicio, es malo.

Y cuando un chiste es malo, su sentido desaparece.

Cuando un chiste no hace gracia, es que es malo. Y cuando es malo, su sentido desaparece

¿De qué sirve pensar que Aylan, o las decenas de niños muertos en la guerra o en el camino hacia Europa van a violarnos y a matarnos? ¿Por qué debemos presuponer que ninguno de esos niños va a integrarse o a tener una mejor vida que la que la guerra le prometía? ¿De verdad vamos a conformarnos con la idea de que la violencia sexista que azota nuestra sociedad sólo tiene que ver con un enemigo externo?

Puede que Aylan se hubiera vuelto un violador en el futuro, de acuerdo, pero eso no significa que debamos quitarnos culpa.

¿Quién me dice que el hijo que hoy yo llevo en el vientre no pueda convertirse algún día en un ladrón, en un xenófobo, en un machista, o en ese asesino despreciable al que todos tememos?

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