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Atoms For Peace en Razzmatazz: crónica del capricho electrónico de Thom Yorke

Asistimos al exclusivo concierto de anoche en Barcelona del nuevo proyecto del líder de Radiohead acompañado de su inseparable productor, Nigel Godrich

Anoche pudimos disfrutar en la sala Razzmatazz de Barcelona de uno de los pocos y exclusivos shows en directo que Thom Yorke y Nigel Godrich están realizando por el mundo para presentar su nuevo proyecto, Atoms For Peace. Aquí os contamos como fue (spoiler: fue muy bien).

Sin ninguna duda, estamos ante una de esas noches que permanecerán en el recuerdo. No por haber sido un show que nos haya quitado el hipo (lo fue, pero sólo por momentos), sino por tratarse del capricho en directo de un genio que única y exclusivamente protagoniza veladas como ésta a modo de desintoxicación y desestresante, como divertimento que le aporta algo de oxígeno y le ayuda a despojarse de las ataduras que sufre como frontman de Radiohead. Atendiendo a las contadas citas con las que este año Thom Yorke y su fiel escudero Nigel Godrich están presentando su nuevo proyecto, Atoms For Peace, en formato dúo, lo que experimentamos anoche en la sala magna de Razzmatazz fue uno de esos conciertos que apelan a la exclusividad, a ese postureo justificado del ‘yo estuve ahí’ que difícilmente podrá repetirse en un futuro inmediato. Desde aquí mandamos nuestra más sincera enhorabuena a los organizadores del evento, porque no debe de haber sido nada fácil gestionar la contratación de un show como este.

Siguiendo a rajatabla prácticamente el mismo guión que ya pudimos ver vía YouTube en su actuación en el neoyorquino Le Poisson Rouge ahora hace un mes, Yorke y Godrich se escondieron entre laptops, pads y samplers para construir su particular muro de microelectrónica durante cerca de una hora y tres cuartos, sin parones, como si de una sesión indivisible se tratara. Obviamente, fueron sucediéndose los mayores puntos fuertes de su reciente “Amok” como “Ingenue”, la más que celebrada “Dropped” (el mejor número de toda la noche para quien esto escribe) o esa maravillosa “Default” que funcionó perfectamente como broche final. No obstante, atendiendo a que el primer álbum en solitario de Yorke, “The Eraser”, le debe mucho a este cancionero más reciente, el setlist invitó a un buen número de reivindicaciones de aquella puesta de largo como “Black Swan” (que sirvió para escuchar por primera vez a Yorke tocando la guitarra), la pieza titular o “Harrowdown Hill”. Todo ello no hizo más que evidenciar que Atoms For Peace, por mucho que quiera venderse como una superbanda de nueva factura, no es más que el relevo de aquel disco con el que en 2006 el alma de Radiohead quiso explorar por sí mismo su faceta de divo indietrónico con intenciones experimentales.

Atendiendo a que el repertorio no puede considerarse ni mucho menos perfecto, como era de prever hubo números como “Amok” que podían haberse ahorrado. Aunque si se analiza el show en su conjunto, sorprendió para bien el pulso firme con el que Godrich dominó la situación, estirando las canciones en su justa medida y manteniendo en todo momento, de principio a fin, un sensorial halo psicodélico que no requería del respaldo de los visuales de Tarik Barri para causar el efecto deseado (pese a las quejas de muchos asistentes de que en el fondo de la sala el sonido cristalino brillaba por su ausencia). Más feliz que un tornavís dando vueltas, Yorke aprovechó todos los momentos que pudo para demostrarnos que como gogó espasmódico pocos pueden hacerle sombra. A sus 44 años está disfrutando de una segunda juventud, y eso siempre es digno de admirar. Puede permitirse hacer lo que le plazca a estas alturas, faltaría más.

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