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“Arde, Hollywood, arde”: cinco películas para acabar de hundir definitivamente la fábrica de los sueños

El cine comercial no atraviesa su mejor momento: hay algunas obras mayores, pero también mucho bodrio que nos hace pensar que el fin del cine americano está llegando a su fin. Ayudémosle a hundirse.

Para hundir Hollywood hay una manera fácil y rápida: hacerse guionista. Entrar en un gran estudio, proponer ideas delirantes, películas con muchas armas, perros y remakes ridículos y conseguir que te las conviertan en películas de alto presupuesto con CGI a tope y un gran 3D. Carlo Padial aporta su grano de arena para conseguir el derrumbe final.

Soy de las pocas personas que conozco que todavía van a videoclubs. En la era digital, sigo encontrando agradable el tacto de las cosas. Desde pequeño soy un fanático de los VHS, ahora de los DVDs, y en especial de las películas de segunda fila que se producen en Hollywood, no de los blockbusters, sino de aquellas cintas que pese a su gran presupuesto y sus estrellas parecen creadas de forma algo más modesta, ideadas para estar detrás de los principales taquillazos del año. Tradicionalmente, uno solía descubrir películas maravillosas dentro de esa categoría de películas secundarias. Al menos daba la impresión de que detrás de esas películas había un grupo de seres humanos tras las cámaras. Pero últimamente parece que los seres humanos han sido sustituidos por gorilas esquizofrénicos vestidos de ejecutivos. O economistas pederastas pasados de cocaína. Viendo la cantidad de basura que ponen en circulación en Hollywood, te quedas con la sensación de que ya no existe clase media, no sólo en la economía, tampoco en las películas. La tradicional segunda fila de películas, donde uno podía encontrar de forma habitual pequeñas obras de arte, ha sido sustituida por esta especie de pasta fílmica gruesa, sin alma, que te asfixia con su existencia, llena de tópicos propios de la peor ficción televisiva de los ochenta, y compuesta por lugares comunes, una mala digestión de recursos narrativos de los últimos sesenta años, todo cubierto por una abundante capa de efectos digitales de textura similar al engrudo, o a las mangas pasteleras. Más que películas, parecen un chorro obsceno de color asqueroso, entre amarillo y gris creado por ordenador, que nos tiran por la cabeza a los espectadores y nos quieren hacer pasar por cine, esperando que nosotros acojamos el obsceno baño en engrudo con una sonrisa irónica, que nos empapemos en esa papilla alegremente, como diciendo: “He captado la broma. ¡JAJAJAJAJA! Soy un espectador del siglo XXI, entiendo la ironía”.

Con el cuento del sarcasmo, pretenden colarnos cualquier producto descerebrado y subnormal, nos quieren convertir en zorras ensimismadas al servicio de las grandes corporaciones, nos quieren bebiendo latas de Monster frente al ordenador, bajándonos todas las películas de Vin Diesel y escribiendo en Filmaffinity barbaridades como que “Fast & the Furious 9” es “un festival referencial hecho de buen cine, el sustituto natural de los mejores film de Sam Fuller”.

"En Hollywood llevan años esforzándose por crear las obras más estúpidas que un ser humano puede idear"

Por si esto fuera poco, en cuestión de años nos han convertido en bebes adictos a esta papilla obscena, y a consecuencia de ello queremos comer cada día lo mismo, y ahora ya no tenemos paciencia ni cabeza para aceptar cualquier otro tipo de alimento cinematográfico, ¡solo queremos macedonia de frutas con Red Bull! Bien cortada, directa al cerebro. El espectador actual no tiene agilidad ocular, como nos quieren hacer creer; al revés: es el típico tonto histérico que no tiene paciencia para que le cuenten una historia, y que no se cree nada de lo que le explican que no haya visto antes cien millones de veces, y eso es algo muy diferente a la agilidad mental, más bien lo contrario.

Visto el panorama, que no parece tener marcha atrás inmediata, propongo cinco películas para acabar de hundir Hollywood. Cinco ideas que, convenientemente producidas, ayudaran a acabar de hundir la fábrica de los sueños. A continuación presento los filmes que faltaban en esta escalada hacia el encefalograma plano. He intentado competir con ellos en el desafío de crear algo aun más absurdo, ridículo, y subnormal que lo que suelen presentarnos. No ha sido fácil, el listón está muy alto. Intentando sobrepasarlos, me he dado cuenta del merito que tienen, la verdad, llevan años esforzándose por crear las obras más estúpidas que un ser humano puede idear. Si algún día vienen los extraterrestres, se quedarán asombrados ante lo que esa gente ha creado. El gran monumento a Satán. Por supuesto, no pretendo competir con Hollywood: ellos disponen de drogas mucho mejores que las mías, que se limitan a una simple sobredosis de café y a una infancia compleja y traumática. Sed comprensivos. No dispongo de sus montañas de farinha. He hecho lo que podido. Simplemente, me he limitado a aportar un último empujón en este salto al precipicio, el puenting del cine comercial. Vamos con ello. Este es mi modesto pitch a Hollywood.

1. Doggun: Un Perro Que Es Una Pistola

En el cine actual, y ya desde hace muchos años, las armas son un elemento socorrido. Allí donde no llega el ingenio aparecen las armas. Cuando no sabes cómo resolver una escena, o como acabar la historia, nada mejor que hacer aparecer las armas. El tiroteo. Alguien saca un arma, compra una pistola y ya tienes el film resuelto. Esta película lleva esa lógica hasta sus últimas consecuencias, ya desde el inicio, e incluyendo un perro: DOGGUN, un perro que es una pistola, une las dos cosas más recurrentes en los films estúpidos de Hollywood. Un perro. Y una pistola. Todo en un uno. Dog-Gun. ¿Qué más se puede pedir? La sinopsis es esta: En las calles de Los Ángeles aparece un perro que es una pistola. Cuando se pone nervioso, el perro se dispara. Ya está. Eso es todo lo que necesitas saber. High Concept. La voz del Perro-Pistola la podría poner RuPaul, el famoso drag queen negro. Y así, de esta forma, alcanzas a todos los públicos potenciales: los cínicos & los ironías (que reivindicarán la película a los cuatro vientos de Internet, por mala que sea), niños, homosexuales, negros y amantes de las armas. Y esa es básicamente la gente que va al cine ahora mismo.

2. Kentucky Fried Chicken: La Película

A todo el mundo le gusta el pollo frito. ¿Por qué no hacer una película en la que el espectador se sumerge dentro del pollo, se hace uno con el pollo? Mediante el 3-D ahora es posible. Una experiencia sensorial única. Una inmersión en la freidora. Aceite hirviendo en tu retina. En la primera versión del proyecto se valoró que la película fuera más convencional, una biografía del fundador de KFC, un biopic del Coronel Sanders, protagonizado por Jamie Foxx. Pero eso no tiene interés. Eso lo puede hacer cualquiera. Jerry Bruckheimer nos trae algo mucho mejor. Ser uno con el pollo, entrar dentro. Ni siquiera eso. Aproximarnos al pollo frito como nunca lo hubiéramos soñado. Trascender la experiencia de comer pollo. Cuando estemos en el IMAX viendo “KFC: LA PELÍCULA” nos dará la impresión de que estamos dentro del cubo del Kentucky Fried Chicken, haremos visible nuestra pasión por el pollo rebozado, rebozarnos en el rebozado. Cientos de persona tratando de tocar la pantalla con la lengua, el 3D más cerdo. ¿Qué más se le puede pedir al cine actual?

3. Pan Negro: El Reboot

La versión americana de “Pa Negre”. En esta ocasión, adaptada para un público global, con pequeños cambios. Pan negro es el nombre de un monje-samurái al que le hicieron el avión dos veces. Una, en las Cruzadas, y otra, tras un accidentado viaje en el tiempo, en las guerras de Japón, en el siglo XIX. Tras ser asesinado dos veces, el monje samurái regresa de entre los muertos, esta vez a España, buscando el Santo Grial, justo en la época de la guerra civil. Allí conocerá a un niño catalán que aparte de pasar muchas penurias, resultará ser su hijo. Ambos huirán, teniendo que luchar por el camino hacia África con Rojos y Nacionales, que se preguntan todo el rato: “¿Qué coño está pasando?”, esa es su gran pregunta durante toda la cinta. El protagonista sería Jason Statham, como el monje samurai. Y su hijo catalán, Justin Bieber. El malo podría ser Giancarlo Giannini, interpretando a Joaquín Sorolla como un pintor-policía pasado de rosca y con conexiones en el Vaticano. Muchas peleas con espadas, flamenco, mensaje internacional, final en lo alto del Museo del Prado y algo de misticismo “all around the world”. Justin Bieber podría versionar cualquier canción de Quintero y Quiroga, con una base de hip hop, junto a Will.i.am, de los Black Eyed Peas.

4. Corea: Aventura en la Casa Blanca

Todo un país debe ser evacuado a la Casa Blanca. El presidente de los Estados Unidos (Lebron James), que en ese momento no está en casa, tarda un tiempo en ser informado. Entretanto, los acontecimientos se suceden, como no puede ser de otra forma teniendo en cuenta la cantidad de coreanos que tienen que usar el lavabo presidencial al mismo tiempo. Uno de ellos, intercambia su identidad por Paz de la Huerta. Hay un striptease picante. Por su parte, el resto de coreanos (50 millones) hacen pequeño al perro del presidente (¡con la voz de RuPaul!) hasta convertirlo en un ser microscópico (una práctica habitual en Asia pero poco comentada en Occidente, por razones obvias) y lo introducen en el interior de la mujer del presidente Lebron James, interpretada por una Oprah Winfrey pasada de rosca, y que lleva a su propio perro inyectado en las venas. La película, que termina con la célebre frase “Corea, mi amigo, mi enemigo” es un hito cinematográfico, por la insólita utilización de CGI (computer generated imagery). Logra algo nunca visto antes, mostrar a todos los habitantes de un país en cada encuadre de la Casa Blanca, millones de asiáticos en cada plano. Dirige Michael Bay, por supuesto.

5. Un Esquimal en Nueva York: He Perdido a tu Husky en un Corner del Bronx

Protagonizada por Nicolas Cage, haciendo a la vez de Esquimal alcohólico y del husky ciego, que necesita del esquimal alcohólico para ir a cualquier parte. En realidad, la película es un drama muy severo sobre la muerte del cine y el fin de las salas de exhibición. Buena parte de la cinta sucede en una sala de proyecciones a punto de cerrar, y en como la taquillera latina (Eva Mendes) acoge al esquimal, interpretado por Nicholas Cage, que de este modo se convierte en el primer actor en ganar dos Oscars por la misma película, uno de ellos interpretando al perro más humano, el husky ciego que arrastra a su esquimal lazarillo por Nueva York persiguiendo su sueño de lograr convertirse en el primer perro ciego que es profesor de autoescuela en la ciudad de Frank Sinatra (el fantasma de Sinatra estaría interpretado por un gato, con la voz de Tommy Lee Jones, o Al Pacino). Se me ha olvidado decir que en la pantalla del cine a punto de cerrar proyectan ininterrumpidamente una maratón de los Snorkles (esa es la metáfora definitiva del fin de las salas de exhibición, claro).

Otras propuestas: “Charlie Rivel: Money Over Bitches”, “Paseando a Miss Daisy 2” (pero esta vez con pistolas); “La Pasión de Cristo 2: Electric Bogaloo” (Es la misma película que la de Mel Gibson, pero con hostias añadidas por ordenador, provenientes de manos que no corresponden a ningún cuerpo mostrado en la pantalla); “Osiris, El Hijo Negro del Sol” (una película de acción y erotismo protagonizada por una versión holográfica y sin pene del difunto Michael Clarke Duncan, llena de escenas de sexo vainilla, ideal para mujeres en plena menopausia.); y “Cuquiforce”, Escarabajos egipcios ladrones de joyas. El último hit de Dreamworks, todas las voces de los escarabajos y la música de la película, a cargo de Justin Timberlake.*

*: Gracias a Didac Alcaraz por alguna de estas ideas.

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