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Hay emociones tan poderosas que retuercen nuestro cuerpo: así suenan

Nuestra vida es una lucha constante con nosotros mismos. Y ahora ya puedes oír a qué suena eso

Alejandro Ghersi tiene una de esas miradas curiosas que te hace sentir cómodo desde el primer momento. Cuando le conocí en Londres hace dos otoños, tuvo el detalle de felicitarme por el programa de radio que hacía por entonces.

Arca, en cambio, es de esa clase de artistas que busca hacerte sentir incomodo. La última muestra de ello es el explícito vídeo de Front Load, que YouTube retiró a las pocas horas de ser subido (puede verse en Vimeo).

Este tipo de dualidades son una constante en la vida y el trabajo de Ghersi.

Todo en Arca es líquido: tanto su música como su persona existen al margen de los ecosistemas conocidos.

Quizá es porque no entiende los contrastes como una alternancia, sino como una suma. “Digamos que prefiero la palabra “y” a “o”. Es esto y esto y esto, pero cada unidad es su propio pequeño universo”, decía recientemente a Pitchfork.

Su nuevo disco se llama Mutant. Y no existe una palabra mejor para definir su manera de entender la música, una forma de acercarse a la producción en la que es esencial la idea de choque.

Es como si su manera de componer pasara por disponer un caos en el que los sonidos siguieran trayectorias errantes hasta colisionar entre ellos: cristales rotos, gritos, zumbidos, pitidos, crujido metálicos, melodías errantes, acordes rotos, silencio. Todo en su música emerge a sacudidas.

No es casualidad. En cierto modo , su música es producto de un estallido. El de la burbuja en la que vivió hasta que tenía 20 años.

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Alejandro

Ghersi nació en el seno de una familia acomodada de Caracas, Venezuela.

Cuando tenía tres años, su padre, banquero de inversión, fue trasladado a Nueva York, haciendo que su familia se instalara en Darien, Connecticut, una ciudad dormitorio a una hora en tren de Manhattan.

Volvió a Venezuela seis años después. El tiempo suficiente para que se hubiera acostumbrado a ver los dibujos de Cartoon Network en inglés y el doblaje en español le hiciera sentir fuera de lugar. Sería la primera vez de muchas.

Al entrar en la adolescencia, se dio cuenta de que era distinto a sus compañeros de clase.

Nacido en una família acomodada de Venezuela, desde pequeño supo que era distinto a sus amigos

“Cuando tenía 13 años, escribía en mi diario y ponía cosas como 'acabo de ver Spice World, la película de las Spice Girls, y me ha encantado'. A veces firmaba las entradas con el nombre de Xen”, decía a The Fader hace un año.

Xen es su alter-ego. Y el nombre que le pondría a su disco de debut una década más tarde. Pero, entonces, ya era su vehículo para explorar su identidad.

“Si estaba jugando en el salón con una sábana y mi madre estaba en la habitación, la usaba como una capa, pero cuando salía de la habitación, la transformaba en un vestido, e inmediatamente me sentía más... eso tenía más sentido”, decía en esa misma entrevista.

En un entorno social en el que admitir abiertamente que eres gay a menudo desembocaba en la humillación o la violencia, Ghersi ni siquiera se planteaba salir del armario.

En cambio, encontró dos vías de escape: la música e Internet.

Desde los 7 años y hasta los 16 tomó clases de piano clásico. Al mismo tiempo se empapó de la colección de CDs de su hermano mayor, obsesionándose con artistas como Aaliyah, Autechre, Nine Inch Nails o Marylin Manson. El siguiente paso fue bajarse librerías de muestras y empezar a producir tracks de IDM rudimentaria con el Fruity Loops.

En un entorno social en el que admitir abiertamente que eres gay desemboca en la humillación, Ghersi se refugió en la música e Internet

El tiempo que no dedicaba a la música, lo pasaba navegando en comunidades online como DeviantART, una especie de red social en la que artistas de todo el mundo pueden subir sus obras para conocer las opiniones de del resto de miembros.

Ahí fue donde conoció a Jesse Kanda, por entonces otro adolescente obsesionando con el arte digital que vivía en Canadá. Siete años más tarde, se conocerían en persona y Kanda se convertiría en la otra mitad de su expresión creativa.

En el instituto, Ghersi creó Nuuro, un proyecto a medio camino entre la IDM y el pop electrónico á la Postal Service con el que obtuvo cierta popularidad en la escena indie de su país. Sus canciones todavían pueden escucharse en Internet.

Una de las cosas que más llaman la atención de esas primeras composiciones era un uso de la voz muy distinto a las manipulaciones que luego utilizaría con Arca. Por entonces, Ghersi cantaba. Y a menudo cantaba canciones de amor.

“Escribía canciones de amor a pesar de que no sabía lo que significaba el amor. Por entonces, ni siquiera tenía demasiada carga sexual. Estaba muy encerrado en el armario. Desde muy muy joven supe que era gay, pero en el entorno social de Venezuela, nunca dejas que eso se sepa”, decía en The Fader.

Siempre estuve preparado para no salir nunca del armario

En sus canciones, sin embargo, el objeto de amores sus siempre era “ella”. Incluso salió con una chica de su instituto durante unos meses.

Siempre estuve preparado para no salir nunca del armario. Me imaginaba a mí mismo casándome y jugando ese rol. Recuerdo que rezaba para que terminara. Rezaba para volverme heterosexual, o algo así”, recordaba.

Pero todo cambió una calurosa noche de verano en Nueva York.

Arca

Al terminar el instituto, la situación político-social de Venezuela llevó a los padres de Ghersi a hacer lo mismo que el resto de las familias pudientes del país: mandar a su hijo a estudiar al extranjero.

Ghersi escogió Nueva York. Quiso estudiar filosofía en Columbia, pero le rechazaron. Acabó graduándose en producción musical en el Clive Davis Institute of Recorded Music de la NYU.

A su llegada a la gran manzana, aparcó Nuuro y estuvo más de dos años sin compartir música. En parte, porque sentía que se había traicionado a sí mismo haciendo música únicamente para complacer a los demás.

Al llegar a Nueva York, Ghersi se dio cuenta de que para hacer música honesta tenía que ser honesto consigo mismo

“Cuando llegué a Nueva York, en mi cabeza era tan venezolano que estaba preparado para no salir nunca del armario. Pero luego vi claro que si quería hacer música honesta, tenía que ser honesto conmigo mismo”, reconocía hace unos meses a Butt.

Se instaló en Chinatown, y absorbió el legado contracultural del downtown neoyorquino a través de la figura del músico de culto e icono gay Arthur Russell. Escuchaba su música, leyó su biografía firmada por Tim Lawrence y vio el conmovedor documental Wild Combination.

De forma inconsciente, Russell le dio la fuerza para tomar la decisión que iba a cambiar su vida.

Así lo explicaba él mismo a Fader:

“Recuerdo ver este chico en la parada de metro de Union Square. Estaba de pie en el andén, al lado de la escalera, y me miraba, y yo le miraba. En cualquier otro momento de mi vida hubiese apartado los ojos rápidamente. Pero la historia de Arthur Russell me había dado tanto coraje que, por alguna razón, me dije “Hoy es el día”. Me acerqué al chico y, literalmente, me salió de dentro: '¿ Quieres ir a tomar un café un día de estos?'”.

Quedaron al día siguiente. Y ese café dio lugar a un beso. Y ese beso a una invitación al apartamento del chico a pasar la noche. “Me di el primer beso y tuve sexo con un hombre por primera vez en las mismas seis horas”, decía a Butt.

Su salida del armario fue lo que permitió que naciera Arca

Esta eclosión personal fue lo que dio pie al nacimiento de Arca.

Empezó a producir beats transfigurados, oscuros y elásticos, siempre guiados por su propia voz en constante mutación —de lo aniñado a lo monstruoso, y de maquinal lo a lo sexual—. Una tormenta sonora que era el reflejo de todo lo que había sucedido en su cabeza hasta entonces y que quedó cristalizada en las mixtapes Stretch 1 y Stretch 2, publicadas en 2012.

Otra de las claves de la expansión de su universo sonoro fueron las fiestas GHE20G0TH1K. Fundadas por la DJ Venus X, eran un punto de encuentro multicultural en el que jóvenes de diversas subculturas —desde gays a punks pasando por fans del juke o el hip-hop underground— se juntaban para liberarse y divertirse.

Las fiestas acabaron convirtiéndose en uno de los buques insignia de la escena nocturna de la ciudad y en la cuna del movimiento Gettho Goth. Y a Ghersi le cambiaron la perspectiva.

“Conocer a todos estos individuos que era tan libres y estaban tan a gusto consigo mismos fue una parte importante de mi viaje musical”, dice a Pitchfork.

Ahí entró en contacto con el DJ y diseñador Shayne Oliver, responsable de la rompedora firma de moda Hood By Air y una suerte de mentor para Ghersi (de hecho, se refiere a él como “mi madre gay”).

Uno de los amigos de Oliver era Matthew Williams, fundador de la marca de ropa Been Trill y viejo colaborador de Kanye West.

Me pidió que le mandara música a Kanye, y lo hice. Me aseguré de mandarle, probablemente, las cosas más extrañas que tenía, y casualmente a Kanye le excitó eso”, recordaba a Fader.

Arca acabó apareciendo en los créditos de cuatro de los cortes de Yeezus y el mundo se preguntó quién era ese productor desconocido que había ayudado a gestar uno de los discos del año.

Su participación en Yeezus le catapultó como productor; luego llegaron FKA Twigs y Bjork

Tras su participación en Yeezus, su perfil como productor empezó a crecer. Jugó un papel primordial en la creación del sonido de FKA Twigs —otra personalidad distruptora como la suya—, y acabó recibiendo la llamada de Bjork para que co-produjera el que iba a ser su próximo disco, Vulnicura.

Cuatro años después de esa noche de verano en el metro de Nueva York, Arca ya ocupaba un lugar un lugar central en el panorama de la música electrónica mundial.

Xen

El ascenso de Arca también debe entenderse como un reflejo del proceso de asimilación de la música independiente por parte del pop masivo que se ha dado en los últimos años.

La lista de colaboraciones de Yeezus, Drake sampleando a Jamie xx, Chairlift escribiendo una canción para Beyoncé, el nuevo disco de Grimes... todo ello remite a un derrumbamiento de las fronteras entre el indie y el mainstream. Y en un mundo en que las viejas etiquetas ya no tienen sentido, Arca es el menos etiquetable de todos.

Pero, en su caso, la imposibilidad de clasificarle va más allá del plano sonoro.

En un mundo en que las viejas etiquetas cada vez tienen menos sentido, Arca es el menos etiquetable de todos

Cuando su nombre empezó a salir en las conversaciones de los aficionados a la música, la percepción general era que se trataba de otro genio de la electrónica con tendencia a la reclusión.

Pero cuando empezaron a emerger los videoclips y fotos de promoción firmadas por Jesse Kanda que acompañaban a Xen, su álbum de debut, entendimos que su personalidad era mucho más poderosa y compleja.

Si algo define su sonido es la fluidez y la flexibilidad. Y eso es porque utiliza el choque de identidades que vive en su propio cuerpo como principal fuente de inspiración.

“Para mí, no se trata de vivir mi vida como un chico o una chica –pero tampoco soy trans–, es solo que un día te despiertas sintiéndote masculino, y otro día te despiertas sintiéndote femenino. La oscilación entre estos dos estados es lo que más fértil me resulta”, dice a Pitchfork.

En esta intersección es donde nace Xen. Un alter-ego que debe entenderse más como un vehículo creativo que no como un contrapunto femenino.

Arca utiliza el choque de identidades como fuente de inspiración

“Xen no acaba de ser ni un un chico ni una chica, y su mera existencia es, de algún modo, repulsiva y atractiva al mismo tiempo, así que me la imagino debajo de un foco, en una habitación llena de gente mirándola fijamente, con los ojos como platos y la boca abierta”, decía a Fader.

Arca vuelca su fluidez de género en su música, convirtiéndola en la expresión sonora de una idea profundamente actual: la de la humanidad que trasciende las identidades binarias.

La traducción musical de ello son unas producciones en las que todos los elementos nunca están fijados, sino en perpetuo movimiento.

Como escribe Mark Richardson en la crítica de su nuevo disco en Pitchfork, “la belleza convencional se arremolina junto a la fealdad, la agresividad convive con la serenidad, el caos y la forma no logran el uno al otro. Mutant es un álbum de contrastes, y Ghersi tiene la habilidad de hacer que los extremos interactúen entre ellos para crear algo nuevo”.

Su acercamiento a la producción tiene un importante componente pictórico

La idea de “novedad” es una de las más recurrentes al referirse a la música de Arca. En su caso, la frase de que “no suena a nada de lo que has escuchado antes” es inusualmente precisa. Esto se debe, en parte, a que su manera de entender la producción le emparenta más con un pintor abstracto que la de un productor al uso.

Arca observa la realidad –en su caso, los sonidos–, los desmenuza y los reconstruye magnificando sus detalles. No es casual que una de sus herramientas favoritas sea el plug-in iZotope Iris, un híbrido entre sintetizador y sampler que permite aislar determinadas frecuencias de cualquier sonido dibujando, literalmente, sobre su espectro sonoro.

Vídeo

Arca - Front Load (Official Video) from Arca on Vimeo.

Su acercamiento al sonido es impresionista, evitando a propósito que puedas enfocar tu percepción a algún elemento en concreto para favorecer la sensación de “perderse” en la música.

Mientras que su música resulta difícil de ubicar en un mapa de referencias musicales, es fácil encontrar los paralelismos con figuras pictóricas. Al mencionado impresionismo, también se le pueden encontrar conexiones con una figura como Vasili Kandinski. No solo porque ambos compartan la temática apocalíptica, sino porque elevan la abstracción a una categoría espiritual.

Si la idea de Kandinski fue siempre la de “crear un artes espiritual para un mundo materialista”, la de Arca es crear música volátil para que la generación más contradictoria de la historia intente entenderse a si misma.

A él le ha funcionado.

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