Columnas

Memorias del viejo lobo que enseñó a medio mundo a drogarse

Pasó de cumplir condena por compra-venta de cocaína a ser un durísimo defensor del capitalismo. Ahora publica una selección de textos que recogen medio siglo de su pensamiento. Ladies and gentlemen, demos la bienvenida a Antonio Escohotado

INTRO. Intelectuales narcotraficando

Ibiza, invierno de 1983. La policía irrumpe en un establecimiento en mitad de una operación de compra-venta de droga y encuentra 360 gramos de cocaína, 40 gramos de heroína y algunas joyas. Entre los detenidos figura —sorpresa— un profesor de Ética y Sociología. Su nombre es Antonio Escohotado.

Marzo de 1983. Escohotado defiende en El País que lo ocurrido en Ibiza no fue más que una cacería contra él. El profesor cuenta que recibió presiones por parte del comprador para encontrar vendedor en Ibiza, y viceversa (un vendedor le hizo saber insistentemente que necesitaba clientes para desprenderse de un cargamento de cocaína). Oprimido por ambas partes, Escohotado decidió reunirlas. Y le pillaron.

Para Escohotado, quienes ofrecían vender y quienes ofrecían comprar trabajaban para la policía o eran peones de la misma. Aquello, dice el profesor, era una operación para meterle en prisión debido a sus opiniones en cuestiones farmacológicas. Ocurre que en esa época, cuando la heroína despegaba como pesadilla colectiva en España, Escohotado se había convertido en el más feroz crítico del prohibicionismo. Era un enemigo público.

Enero de 1988. La Audiencia de Mallorca condena a Escohotado a dos años de prisión por narcotráfico. El profesor resuelve cumplir su castigo en el penal de Cuenca, donde le conceden aislamiento y un ordenador para escribir. De aquel castigo sale habiendo terminado la práctica totalidad del manuscrito de su monumental Historia general de las drogas, libro que agotaría decenas y decenas de reimpresiones.

Detalle de la portada de Frente al miedo (Página Indómita), nuevo libro de Antonio Escohotado

Que Escohotado emplease sus estancia en prisión por narcotráfico en escribir el que ha sido considerado como el mejor tratado en materia de drogas del mundo es, quizá, la anécdota que mejor explique la actitud vital de Antonio Escohotado, quien estos días publica Frente al miedo (Página Indómita), una selección de artículos que recogen medio siglo de su pensamiento revoltoso, inasible, provocador y —en el mejor de los sentidos— tocapelotas.

¿El mejor enfant terrible español?

Antes de recoger ciertas ideas clave de Escohotado, vayamos con algunas otras peripecias de nuestro personaje en las que se aprecia su habilidad para ganarse enemigos desde todos los frentes posibles.

Año 1966. Escohotado presenta una tesis sobre Hegel que el tribunal se niega a leer por «protestante y atea». El filósofo, incapaz de reunir al tribunal para que evalúe su investigación, tiene que comparecer con un notario «para levantar acta de que el presidente no se dignaba a pasar del decanato al aula». Reunir al tribunal fue una tarea que le costó nada menos que dos años. Eso sí, su investigación fue evaluada como cum laude.

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Año 1983. Las pruebas de idoneidad convierten a seis mil profesores adjuntos en titulares. Escohotado se presenta por el área de Metafísica y el tribunal le endosa siete ceros. Siete. Ceros. 0-0-0. Y como él mismo explica en su libro: «Cuando el Ministerio reclamó a cada miembro un informe razonado decidió evitarse el engorro subiéndome la nota a 5.»

Finales de los 90. Con un pasado de militancia comunista en los últimos años del franquismo y tras su colosal investigación en materia de drogas, Escohotado ya se ha convertido en nuestro Albert Hoffman o nuestro William Burroughs particular. Pero entonces empieza a estudiar economía. Sus posiciones le llevan a replicar su anhelo de libertad social al espacio económico. O, en sus propias palabras: «quien considera la libertad como justicia debe preferir la economía de mercado a la planificada, y ser partidario de derogar la arbitraria prohibición que reina en materia farmacológica». De esta manera, el héroe de la contracultura local se convertía en adalid del capitalismo. Y todo sin perder ni un ápice de coherencia o cordura.

En otra entrevista reciente Escohotado hablaba de los enemigos que le costaron estas ideas: «Los amigos más jóvenes dijeron: ‘¡Antonio, si te burlas de los antiglobales estás acabado!, ¡antiglobales son la mayoría de los que te leen!’. Pues qué le vamos a hacer.»

Y así, hasta ahora.

Antonio Escohotado by himself

Así que tenemos a un pensador anti-franquista, pro-legalización, anti-antiglobalización, ateo y pro-capitalismo, entre otras muchas cosas, enemistado con la izquierda internacional, pero igualmente inaguantable y demasiado transgresor para la derecha española. ¿Qué más cosas definen a Escohotado? Veámoslo con algunas citas recogidas en Frente al miedo:

Sobre el velo. «Si las niñas islámicas tienen derecho a portar velo en nuestras escuelas, preguntamos por qué nuestras hijas no solo no pueden llevar cualquier prenda de su predilección en zonas mahometanas, sino que topan en bastantes aeropuertos con el troglodítico cartel: ‘Las mujeres no son bienvenidas. Si incumplen los preceptos sobre decencia será por su cuenta y riesgo’».

Sobre el antiamericanismo y las intervenciones militares: «Norteamérica evitó una Europa arrodillada ante Hitler y Stalin, y ayudó a reconstruirla tras sus delirios totalitarios […] La rabia antiamericana es envidia empaquetada con propaganda, resentimiento ante los servicios prestados a la Humanidad por este gran país.»

Sobre el judaísmo: «Quizá mi trabajo empezó a molestar porque no soy antisemita, sino más bien filosemita, a pesar de que intento estudiar ecuánimemente las razones de ambas tendencias. El judaísmo puede considerarse una religión y también una cultura. En este segundo caso es notable comprobar que un porcentaje tan pequeño de la humanidad haya podido ejercer una influencia tan grande, pero la cantidad de individuos destacados remite a una educación de su prole en la frugalidad y el esfuerzo, finalmente en respetar un orden meritocrático […] Israel se bifurca ya de antiguo en una sabiduría representada por Salomón, Job o Jeremías, y un espíritu profético que Amós, el más antiguo, resume en su ‘¡malditos sean los que disfrutan tranquilamente!’» 

Sobre la especulación: «Especular significa apostar por el riesgo, como cuando en una mesa de ruleta no ponemos la ficha a par o impar —con una probabilidad teórica de lucro establecida en 1/ 2—, y optamos por un solo número, con una probabilidad teórica que se reduce a 1/ 36. Por consiguiente, especular no asegura una tasa mayor de ganancia, sino que justifica —en caso de muy buena suerte— una ganancia proporcional al riesgo».

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Sobre los grandes partidos políticos. «[Los partidos de masas] son gremios que subliman el inmovilismo, y por eso no solo aspiran a conservar y ampliar poder, sino a que los competidores se mantengan en su misma actitud, si es posible como parientes pobres o minusválidos. Dado que unos y otros prometen por prometer y hablan por hablar —en eso consisten las cuestiones de acento—, la discusión entre programas distintos se resuelve en ruidos con distinto timbre, sugiriendo que el sistema parlamentario se acerca a un atolladero desde el que solo se fabrican demagogia y corrupción.» (año 1991, por cierto)

Sobre el (mal) diseño del euro. « La UE no solo debería tener una moneda común, sino una política fiscal común […] Tras un ciclo de subida los mercados empiezan a bajar, y es de suponer que bajen mucho más. Con unos estatutos donde se consagra expresamente el principio de que cada mástil aguantará su vela, la UE actual carece de recursos para remediar o paliar crisis semejantes, tanto localizadas como genéricas» (año 2001, previendo exactamente lo que empezó a pasar a finales de esa década)

Sobre el significado de Europa. «[Europa] consiste en una tradición humanista, que empezó inventando los derechos civiles y hoy conoce una prosperidad distinta de la norteamericana, no basada tan solo en criterios de rentabilidad a corto plazo […] Ningún continente es tan pacífico, liberal y cultivado. Ninguno tiene —ni de lejos— una proporción comparable de estudiantes, ni de parados que cobran, ni de pensionistas por jubilación propia o ajena, ni de funcionarios por concurso-oposición, ni de asegurados con una póliza u otra.»

Sobre la ebriedad. «Los antiguos hablaban de sobria ebrietas, subrayando que la templanza no consiste en abstenerse de la euforia ofrecida por Baco y sus análogos, sino en navegarla con elegancia, aprovechando su capacidad introspectiva […] De ahí que el ideal grecorromano no fuese la sobriedad, sino la sobria ebrietas, que faculta para gozar el entusiasmo sin incurrir en necedades. El sobrio no debe ser confundido con el abstemio, porque el primero es racional con o sin drogas, mientras el segundo solo lo es sin ellas; uno puede penetrar en los pliegues de la desnudez, y el otro ha de rehuirlo para no avergonzarse ante los demás y ante su propia conciencia.»

Todo lo que un liberal comparte con un izquierdista, y viceversa

Hace unos meses, el filósofo César Rendueles trituró el último libro de Escohotado en un artículo titulado «Elogio del presente». Allí denunciaba el sinsentido de que, «en lo más crudo de la crisis económica global», Escohotado apareciese celebrando el capitalismo y alertando de las críticas al comercio.

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Más adelante, la revista El Estado Mental convocaba a los dos pensadores para que departieran sobre sus ideas en un diálogo de una intensidad excepcional. Allí, Rendueles afeaba a Escohotado algunas de sus ideas nucleares. Por ejemplo:

1. En el capitalismo, los procesos de democratización se detienen a la puerta de las empresas: «En nuestra vida laboral aceptamos niveles de tutela y sumisión que nos repugnarían no sólo en el espacio público sino incluso en nuestros hogares […] Los centros de trabajo son archipiélagos de autoritarismo en un océano de estado de derecho y ciudadanía».

2. La generalización del mercado en nuestro tiempo es paralelo al surgimiento de aparatos de control gubernamental a una escala inédita: «El neoliberalismo es una época de gran control social: se ha multiplicado el gasto militar y policial, el número de personas encarceladas o la concentración de los medios de comunicación hegemónicos». 

3. La innovación en nuestro tiempo no le debe tanto como creemos a las empresas. «Por ejemplo, más del 70% de los artículos científicos citados en las patentes industriales estadounidenses proceden de instituciones públicas». 

4. Los mercados financieros son un golpe de estado a nuestra democracia: «Mariano Rajoy ha dicho en varias ocasiones que ha incumplido el programa político con el que fue elegido porque así lo exigían ‘los mercados’. Si hubiera dicho que esa exigencia procedía de ‘los militares’ o de ‘los franceses’, nadie dudaría de que estaríamos hablando de un golpe de estado. […] ¿Por qué cambiar la Constitución es inimaginable si lo piden los catalanes y tan sencillo si lo exige el Banco Central Europeo?»

Sin embargo, y a pesar de las enormes diferencias que separan a Rendueles y a Escohotado, hay al menos un par de momentos mágicos donde los dos se ponen de acuerdo. El propio Rendueles reconoce que: «la izquierda comparte algunos rasgos importantes con el liberalismo político más honesto». A ello responde Escohotado con otra contestación que acerca posturas:

«El socialismo es la rama del pensamiento liberal comprometida con la democracia. Cuando era joven solía decir que quien no es de izquierda es un energúmeno, algo que sigo pensando mientras entendamos por izquierda compasión hacia los demás y respeto incondicional por el conocimiento».

¡Bum!

«Quien no es de izquierdas es un energúmeno»

Siendo Escohotado un liberal de manual, esa afirmación según la cual «quien no es de izquierdas es un energúmeno» le honra particularmente. ¿Qué quiere decir con esa frase? Una interpretación libre de la misma vendría a confirmar que, en España, cualquiera que tenga un mínimo de respeto hacia su inteligencia acaba siendo de izquierdas. Básicamente, la razón que explica este accidente tiene que ver con que la palabra «liberal» ha sido secuestrada por estos tres sectores:

1. Articulistas innecesariamente beligerantes, esforzadamente misántropos y absurdamente antipáticos (léase Vargas Llosa, Arcadi Espada o Félix de Azúa, y por supuesto epígonos de los tres).

2. Economistas cuyo área de influencia son, sobre todo, otros economistas o ciudadanos vinculados al mundo económico, empresarial o financiero.

3. El Partido Popular de Aznar, los herederos del mismo y la Fundación FAES, instituciones cuyas políticas en materias como migración, aborto o derechos LGTB, por citar solo unas cuantas, están en las antípodas del liberalismo. 

Resumida ahora en Frente al miedo, la obra de Escohotado es una expresión de cierto liberalismo humanista rarísimo en España, un auténtico mirlo blanco. Y con independencia de lo que el lector opine sobre sus ideas, la publicación de estos artículos contiene al menos dos verdades incontestables: la primera de ellas es que, a veces, la izquierda tiene adversarios intelectualmente brillantes y/ o respetables; la segunda es que llevar más de medio siglo pensando a la contra requiere de una dosis de energía y valentía superlativas. Solo por eso, este viejo lobo merece mucho respeto. 

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