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“Antes del Anochecer”: es la historia de un amor como no hubo otra igual

Richard Linklater concluye su trilogía de un enamoramiento paciente a lo largo de 20 años, iniciada en 1995, y con Julie Delpy y Ethan Hawke de nuevo en los papeles protagonistas

En 1995, Richard Linklater comenzó un proyecto que ha durado casi 20 años: seguir los estadios de evolución de una pareja en tiempo real. Ethan Hawke y Julie Delpy son las dos personas tiernas y viscerales de esta saga que ahora se completa con “Antes del Anochecer”, conclusión de un experimento emocional de muy alto nivel.

Uno.

Ya sólo por su magistral “Dazed & Confused” (1993), editada en España en DVD como “Movida del 76”, Richard Linklater debe ser considerado uno de los directores estadounidenses fundamentales de las últimas décadas. Una de las mejores películas de todos los tiempos sobre los últimos brillos de la adolescencia y las primeras sombras de la edad adulta, aquel filme confirmaba a un autor (que ya tenía en su haber “Slacker”, de 1991, película clave del cine independiente americano o de lo que entonces se conocía por ello) extremadamente lúcido y preciso en la escritura, impecable en la dirección y con una debilidad evidente por las palabras –y las mil maneras posibles de combinarlas– ya no para contar las historias, sino para hacer que éstas se cuenten a sí mismas desde sus personajes.

La necesidad furiosa de explicar bien las cosas, de perseguir el diálogo compacto y describir con precisión a los protagonistas de sus historias se advierte incluso en sus películas más comerciales y ligeras, entre ellas las comedias familiares “School of Rock” (2003), escrita por Mike White y a años luz de los clichés de otros productos de su naturaleza (también brillante en sus guiños musicales al público adulto), y “Una Pandilla De Pelotas” (2005), actualización de una comedia deportiva de los 70. Pero es en sus propuestas más personales y –en mayor o menor medida– arriesgadas donde mejor se aprecia ese respeto brutal por el texto, por los personajes y por el fluir musical, nunca superficial y siempre cargado de sentido, de los diálogos. Son buenos ejemplos “Suburbia” (1996), inferior a “Dazed & Confused” pero que conforma con ella un díptico perfecto sobre la juventud estadounidense, el esquizofrénico thriller de cámara “Tape” (2001) o sus atípicas películas de animación para adultos “Waking Life” (2001) y “A Scanner Darkly” (2006), esta última inspirada en una novela de Philip K. Dick.

Dos.

También es un buen ejemplo, quizá el más completo de todos por su duración en el tiempo, el tríptico que inauguró en 1995 con “Antes Del Amanecer” (1995), uno de los breves encuentros más emblemáticos de la historia del cine, continuó con “Antes Del Atardecer” (2004) y (de momento) cierra con “Antes Del Anochecer” (2013), película que se estrena hoy en España. Linklater ha contado en tres películas, la primera parcialmente autobiográfica, casi veinte años de romance. Ha seguido la pista a los personajes que Kim Krizan (coautora del guión de “Antes Del Amanecer”) y él imaginaron en la primera entrega: la estudiante francesa Céline (Julie Delpy) y Jesse (Ethan Hawke), el joven estadounidense al que conoce en un tren y con el que vive un breve pero intenso romance (más intelectual que carnal) en Viena.

La capacidad (también la necesidad) del autor para darle una continuidad creíble a un romance de naturaleza caduca y marcar una evolución en los personajes pese a los largos lapsos temporales que separan sus encuentros (en consecuencia, sus reencuentros con el espectador) es realmente admirable. También la habilidad con la que los adapta a los tiempos reflejados en cada entrega y filtra en las rendijas de sus encuentros lo sucedido cuando no estábamos mirando. No parece haberse separado de ellos desde “Antes Del Amanecer”, ha crecido y evolucionado a la vez, y la saga respira las conclusiones, las inseguridades, los miedos y las ilusiones de casi veinte años de aprendizaje.

Tres.

La ambición (desde su aparente sencillez) y la honestidad del proyecto son indiscutibles, tanto como la coherencia en el concepto de las tres entregas: todas enfrentan a la pareja protagonista a un diálogo sin fin sobre la vida, el amor, la literatura y los sueños (o la falta de los mismos) propios de cada edad. También es incontestable que Linklater describe con precisión a los personajes en cada una de las entregas, lo que no garantiza que los que sintieron empatía por ellos en “Antes Del Amanecer” sigan sintiéndola en la entrega que nos ocupa. Jesse y Céline son tan vulnerables, frágiles, egoístas y variables como el más común de los mortales. Y su historia de amor evoluciona de una de las mil maneras en las que podría haberlo hecho. No creo que este romance generalice sobre las distintas etapas del amor o las sucesivas crisis de edad, sino que sirve como ejemplo de algunas de sus infinitas posibilidades. Protagonistas de una saga cuyo tono se ha ensombrecido a cada nueva entrega, Jesse y Céline están bien dibujados en las tres partes, y sus conflictos no pueden estar mejor expuestos: Linklater –que en este último episodio firma, como en “Antes Del Atardecer”, el guión con Delpy y Hawke– corrobora su condición de lúcido dialoguista en un contundente duelo verbal ambientado en un paraíso del Peloponeso. Pero, personalmente, los protagonistas de su saga sólo me cayeron bien en la primera entrega (por otro lado, la única en la que detecto el intenso romanticismo que se atribuye por defecto a la serie). Me creo a la pareja de “Antes Del Anochecer”, el ego paródico de él y la histeria por razones ridículas de ella, pero son exactamente el tipo de persona a la que no me quiero parecer.

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