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Anarquismo, belleza y amor libre: 5 motivos por los que amamos a Emma Goldman

Por algo la llamaban "la mujer más peligrosa de América"

Con una lucha organizada de décadas, feministas de todo el mundo han aportado una idea clave: el cambio social no tendrá traducción si sigue yendo de la mano de privilegios de género. Igualmente, la revolución no puede ser gris ni aburrida, y eso es algo que sabía bien Emma Goldman (Kaunas, 1869 – Toronto, 1940), la anarquista que quiso bailar sobre las cenizas del Estado. Ahora Capitán Swing y Fundación Anselmo Lorenzo editan el primer volumen de su autobiografía, “Viviendo mi vida”, un completo relato no solo de las vivencias de “Emma la Roja”, la que fuera en su momento “mujer más peligrosa de América”, sino también de décadas de Historia revolucionaria. Repasamos aquí cinco puntos clave de su trayectoria vital. 

1. Entre el individuo y el estado.

Emma Goldman representa la clásica tensión libertaria entre el individuo y lo colectivo. Sin lugar a dudas, ella fue una figura heterodoxa. Goldman ejemplifica como pocas pensadoras la no siempre cómoda relación entre el “yo” y el “nosotras”. En las páginas del libro asistimos a un debate en primera persona entre la independencia personal y la llamada Causa, en lo que constituye uno de los mejores ejemplos de la diatriba entre activismo incansable y desarrollo íntimo. A su vez, el odio de Goldman al autoritarismo la convertirá en una de las primeras ideólogas obreras de postín (permítase la licencia herética) a la hora de denunciar la brutalidad colectivista, que ya atisbó en los primeros años de estatalismo soviético.

2. Una memoria plural.

A pesar de lo personal, sus memorias no son solo suyas. Ni siquiera del movimiento revolucionario. Son más bien las de todo un período histórico (finales del siglo XIX y primer tercio del XX), en el que las fuerzas anticapitalistas comenzaron a probar el asalto a los cielos del mundo. En Viviendo mi vida asistimos a un desfile de personalidades excepcionales, todas ellas conocidas de primera mano por Goldman: de Alexander Berkman a Peggy Guggenheim pasando por Piotr Kropotkin, Louise Michel, Sigmund Freud, Errico Malatesta, J. Edgar Hoover o Lenin.

3. Feminismo, sexo y amor libre.

Hablar de Emma Goldman es hacerlo de feminismo, sexo y amor libre en el contexto libertario. La autonomía personal, la autodeterminación sobre el propio cuerpo y los deseos que este pide encantan por encima del amor individualista y propietario. Si las primeras páginas abren con un matrimonio fallido antes de los 20, el recorrido posterior estará plagado de preocupaciones principales para Goldman, como por ejemplo el control de natalidad obrera, la utilización y difusión de anticonceptivos o la hipocresía que observaba en la represión de las trabajadoras del sexo. Lo corpóreo está siempre presente en esta activista que se ganaba parte de su vida como enfermera en Nueva York. Algunos de los mejores fragmentos de Viviendo mi vida detallan los sentimientos y sensaciones que experimentaba con cada uno de los hombres con quien decidió compartir parte de su vida. En Goldman lo político lo es todo, desde su exposición pública en tanto que mujer.

4. Si no puedo bailar…

Para ella, amar las cosas bellas no suponía ninguna contradicción. El canto, el teatro, un cuadro, el baile, no eran productos surgidos de la estética banal de la alta cultura, sino manifestaciones artísticas que todo ser humano debería poder disfrutar para hacer la existencia más llevadera. El afán de romper esta frontera con la cultura burguesa desde una óptica revolucionaria le granjeó numerosos episodios desagradables e incomprensiones en el propio seno anarquista: que la coleccionista de arte Peggy Guggenheim fuera una de las mecenas de sus memorias deja bastante clara esta faceta en la vida de la activista. A pesar de todo, nunca dejó escrita la famosa frase “Si no puedo bailar, no quiero ser parte de tu revolución”.

5. Últimas esperanzas.

La violencia atraviesa toda su vida, y así aparece junto a su concepción del amor/sexo en un cóctel que la hizo, siendo además mujer, sujeto de atracción para las masas de su época. La propia Goldman variará sus posiciones con respecto a la violencia, y alrededor de ella y de su utilización revolucionaria se desarrolla gran parte del relato de su vida. Hablamos de su fascinación por el terrorismo nihilista ruso, los mártires de Haymarket, el amor que siente por Berkman acentuado por el atentado cometido por este, la cárcel como propio punto de inflexión, su implicación indirecta en el asesinato del presidente McKinley, la oposición al creciente militarismo que derivó en la IGM, el férreo nacimiento de la URSS o la revolución anarquista de Barcelona. Esta era la última esperanza en el final de una vida excitante.

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