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Agents of S.H.I.E.L.D., Peaky Blinders, The Wrong Mans: tres joyas de la television actual que no quieres dejar de ver por nada del mundo

¿Te has quedado sin droga tras el fin de “Breaking Bad”? Tranquilo, que hay metadona: aquí van tres recomendaciones recién estrenadas que te harán superar el mono en materia de series de culto

La cosecha catódica de 2013 sigue engordando con buenas series. El final de “Breaking Bad” (y también el de “Dexter”) es historia y hay que pasar a nuevos frentes. ¿Dos indies imbéciles metidos en una trama criminal hilarante? Te interesará “The Wrong Mans”. ¿Gángsters hijos de la gran puta? Entonces tu serie es “Peaky Blinders”. ¿Una de superhéroes para comer palomitas? “Agents of S.H.I.E.L.D.” En breve, más.

PlayGround nunca falla. Y menos cuando hay estrenos televisivos que merece la pena inocular en la mente de sus fieles. La serie mainstream del momento en Estados Unidos y dos gemas de la BBC. Coches que vuelan, mafiosos de época que se beben hasta el agua de los floreros y dos nerds jugando a ser héroes. Entretenimiento puro, violencia en crudo y comedia de nueva generación. Los tres mejores estrenos de la actualidad desmenuzados solo para vuestros ojos. Tenedor, cuchillo, servilleta en la pechera… Vamos allá.

1. “Agents of S.H.I.E.L.D.” (ABC): orgasmo nerd

Los 12 millones de espectadores que se comió en su estreno dejan bien claro cuál es la serie mainstream del momento. No he parado de leer críticas de “Agents Of S.H.I.E.L.D.” (ABC) en webs y blogs especializados, y he tenido que bañarme en un océano de haters. Aunque me doy por más que satisfecho con el piloto, entiendo las reticencias de los que habían vivido en una fantasía absurda, la de trasladar la espectacularidad pirotécnica de “Los Vengadores” a la pequeña pantalla. Una aspiración respetable, pero tremendamente desmesurada. Analizada con ambiciones más realistas, con el listón a una altura razonable y desde la óptica de un amante de los cómics, el comienzo de la serie tiene todo lo que se puede pedir y más: that’s entertainment.

“Agents Of S.H.I.E.L.D.”, que se estrena en Fox España el 11 octubre, se sitúa justo después de los hechos acaecidos en “Los Vengadores” de Joss Whedon, seguramente la mejor película de pijamas Marvel de la historia. La continuidad es muy respetuosa, pero en lugar de centrarse en las peripecias ultraterrenas de los peces gordos con poderes, sitúa el objetivo en los tejemanejes de la agencia de espionaje futurista comandada por Nick Fury. Pero esta vez no es Fury el protagonista. El personaje principal, por llamarlo de algún modo, es el agente Coulson, que está vivo aunque le viéramos estirar la pata en “The Avengers”. Es una de las constantes del cómic de superhéroes: muertes que no lo son gracias a las tretas argumentales de los guionistas. Coulson, que parece menos gay en la serie que en la película, se rodea de una unidad trufada de arquetipos y, con la ayuda de la tecnología futurista de S.H.I.E.L.D., se dedica a combatir organizaciones secretas, reclutar tipos con superpoderes y salvar el mundo entre tazón y tazón de Cheerios.

Con el contexto perfectamente alicatado, la serie se revela no tanto como una continuación de “The Avengers”, sino como una expansión del universo Marvel en el medio audiovisual. Sabedor de que habría sido absurdo crear un lenguaje propio para la caja tonta, Whedon dirige el piloto sentando las bases de lo que él quiere que sea la serie, esto es, un elemento enriquecedor en el cosmos ‘marvelita’, una ampliación plagada de referencias a los cómics, estructurada en un formato 100% cómic, dialogada como un cómic… La extensión perfecta en nuestro salón de lo que hasta ahora habíamos disfrutado en el cine. De hecho, ver “Agents Of S.H.I.E.L.D.” es la experiencia televisiva más cercana a leer un cómic de superhéroes de La Casa De Las Ideas. La serie es un caramelo irresistible para el fan de Marvel, pues Whedon sabe exprimir dicho universo a la perfección –no en balde ha sido guionista de la escudería de Stan Lee; os remito a su maravillosa etapa en “Astonishing X-Men”–, lanza guiños constantes a su mitología y hasta utiliza una dialéctica humorística que los devoradores de viñetas reconocerán enseguida y saborearán con fruición. Un nerdgasm de tomo y lomo.

"Whedon es un maestro de la nada, que no es poco. Sabe darle grandeza a algo tremendamente superficial"

Y como mandan los cánones pijameros, “Agents Of S.H.I.E.L.D.” es también un viaje trepidante, rodado a toda pastilla, sembrado de acción, aparatos imposibles –atención al coche volador de Coulson, un clásico de los cómics de S.H.I.E.L.D.–, splash pages animadas, personajes con superpoderes –¿es Luke Cage el negro forzudo del piloto?–, réplicas chistosas y secretos que se irán desvelando poco a poco. En estas lides, Whedon es un maestro, un maestro de la nada, que no es poco. Sabe levantar armazones de impresión y darle grandeza a algo tremendamente superficial. Sus píldoras de consumo rápido no son más que entretenimiento para toda la familia perfectamente disfrazado para que parezca algo grande, peligroso, sexy y canalla.

Evidentemente, un producto de cadena generalista con un target en prime time de 12 millones de espectadores de todas las edades está casi obligado a carecer de profundidad, pues se ve indefectiblemente constreñido a un corsé creativo muy prieto. Pero incluso en un radio de acción tan reducido, “Agents Of S.H.I.E.L.D.” se muestra sobrada de recursos para enganchar al telespectador. Es decir, Whedon y su equipo han conseguido, al menos por ahora, crear un producto que satisfará los paladares del mainstream –las magníficas cifras de audiencia están ahí– y también volverá locos a los marvelitas, lectores de cómics y nerds varios.

Evidentemente la ecuación no tiene en cuenta a los seriófilos sibaritas que no paran de dar el coñazo con “Breaking Bad”. Y es que los personajes están tratados a brochazos, no hay exploración psicológica alguna, los diálogos con sustancia brillan por su ausencia, se impone la acción por la acción y los actores, ah los actores, son de usar y tirar. De todos modos, aunque se echa de menos algo más de carisma en el casting, no se acusa en exceso la mediocridad interpretativa, porque esta agencia internacional de superagentes secretos es como el Barça, una entidad que está por encima de los individuos que la componen, y “Agents Of S.H.I.E.L.D.” tampoco necesita personajes rutilantes sobrados de carisma, pues su actor principal es un fascinante universo de prodigios enmascarados y tecnología futurista llamado Marvel. Palomitas de calidad.

2. “Peaky Blinders” (BBC): panic on the streets of Birmingham

El mejor estreno que he visto en septiembre con diferencia. “Peaky Blinders” me ha dejado sin aliento, pegado al sofá deseando pasar al siguiente capítulo como si el mundo fuera a explotar al día siguiente. El argumento de la serie puede resumirse en la siguiente frase: la historia de un clan mafioso lleno de alcohólicos e hijos de puta que opera en los bajos fondos del Birmingham de 1919. Alcohólicos, sí, porque el tufo a whisky y ginebra sale del televisor y puede provocarte una cirrosis instantánea si te acercas demasiado al plasma. Hijos de puta, sí, porque los Peaky Blinders, que al parecer existieron y debían su nombre a las simpáticas cuchillas que escondían en sus sombreros, son una banda de psicópatas que se alimenta de violencia callejera en crudo, peleas de bar, cráneos fracturados, cuchilladas mortales y matanza, mucha matanza. Gangsters británicos asilvestrados e incontrolables en el siniestro Everest de mugre, hollín y mierda que era Birmignham a principios del XX.

"Transmite la placentera sensación de estar escrita con precisión matemática, con una estructura alicatada artesanalmente cuyo final sabemos que se cerrará a la perfección"

Me he propuesto no extenderme demasiado en las previsibles comparaciones con “Boardwalk Empire”. Está claro que ambas comparten el gusto por la estética de época y apuestan por la violencia gangsteril retro perpetrada en toda su crudeza por actores de primerísima línea. Ahí terminan los paralelismos. “Peaky Blinders” no solo está a la altura de la sobresaliente producción e la HBO, tiene momentos de mayor intensidad y refinamiento argumental, y diablos, es jodidamente británica, tanto que duele. Como es habitual en la BBC, el guión muestra una complejidad exquisita. La serie no se queda en el mero retrato mafioso unidireccional. Se despliega en varios caminos –la radiografía social es uno de los más interesantes–, esconde cartas que serán de suma importancia en los siguientes capítulos y, con tan solo tres episodios vistos, transmite la placentera sensación de estar escrita con precisión matemática, con una estructura alicatada artesanalmente cuyo final sabemos que se cerrará a la perfección, como cuando terminas un círculo perfecto.

Al impenetrable guión –ah, y a la tremenda banda sonora, con “Red Right Hand” de Nick Cave como sintonía más presente–, hay que añadir una ambientación asombrosa. No tengo ni repajolera idea de cómo era el Birmingham de 1919, pero el entorno hostil donde se mueven los personajes de este drama shakesperiano ultraviolento resulta apabullante, parece salido de las más sórdidas fantasías de sangre y cuchillo de la Inglaterra victoriana más deprimida. Suciedad extrema, dentaduras en estado de descomposición, adoquines sembrados de excrementos, prostitutas sodomizadas en plena vía pública, humos nocivos flotando en el ambiente, borrachos acechando a los transeúntes, peleas callejeras a muerte… Un infierno que descuartiza a sus habitantes día y noche, y en el que destacan los impolutos trajes a medida y las boinas almidonadas del clan de los Peaky Blinders.

Un clan, por cierto, sometido a las insondables maquinaciones de Thomas Shelby, un inteligente y glacial ex militar, magistralmente interpretado por Cillian Murphy. La inquietante mirada del actor irlandés se impone en todos los planos y define a un personaje cuyas estrategias seguramente no descubriremos en toda su magnitud hasta el sexto y último episodio. Por otra parte, también sobresale su némesis, el inspector Campbell: un facha amante de la tortura policial que llega a Birmingham con el mazo, después de limpiar Belfast de podredumbre. El trabajo de Sam Neil, actorazo como la copa de un pino, resulta impecable y nos sirve para lanzar a la atmosfera la coletilla impactante de cierre: una serie en la que no hay nadie, ni siquiera entre los buenos, que no sea un mal nacido.

3. “The Wrong Mans” (BBC): dos freaks y un destino

Peinado con flequillo ladeado. Trenca con botones de cuerno abrochada hasta arriba. Bufanda de cuadros. Cara de pazguato. Belle And Sebastian en el iPod. Nah, no estoy mofándome del modernillo pop de toda la vida, hablo del entrañable protagonista de “The Wrong Mans”, la comedia de estreno que más me ha gustado en los últimos meses. El tipo en cuestión se llama Sam y podría pasar desapercibido en el Primavera Sound. Una mañana resacosa, el bueno de Sam se levanta, se viste y se dirige como siempre a su anodino trabajo. Mientras camina absorto en la música de su reproductor bajo una intensa nevada, un coche tiene un aparatoso accidente a escasos metros de su ubicación. En el lugar de la tragedia, Sam recoge un móvil del suelo que no le pertenece. Alguien llama. Sam contesta y al otro lado una voz le dice: “Si no vienes a las cinco, mataremos a tu mujer”.

"Con 6 episodios de apenas 25 minutos cada uno, “The Wrong Mans” es un divertimento alimenticio, magníficamente escrito y efectivo a rabiar"

Desde ese mismo momento, Sam se verá envuelto en un thriller histérico y disparatado acompañado de un escudero que, a pesar de su condición de secundario, se erige desde el primer momento en la pieza más divertida de toda la intriga. Se trata del encargado del correo de la empresa, una bola de sebo fracasada que convence a Sam para que se convierta en un héroe y resuelva el caso de la llamada y el misterioso secuestro. “The Wrong Mans” recuerda a “Chuck”, por el hecho de ubicar a unos nerds en medio de una trama criminal que les va demasiado grande, pero gasta un sentido del humor más descacharrante e inteligente. Más british. Hay una influencia clarísima de “The Office”, y la pareja recuerda en muchas ocasiones al binomio Simon Pegg-Nick Frost. Con un formato fácilmente digerible, 6 episodios de apenas 25 minutos cada uno, “The Wrong Mans” es un divertimento alimenticio, magníficamente escrito y efectivo a rabiar. Y en gran parte, su éxito se debe a la hilarante química que destila el dúo protagonista. Matthew Baynton está irresistible en su papel de indie sosaianas, apocado y delgaducho, pero sobre todo hay que quedarse con el nombre de James Corden (Gavin & Stacey): su gordito peliculero con exceso de verborrea es desde ya uno de los grandes, grandes secundarios de la comedia televisiva actual. Nunca unos hombres equivocados habían sido tan acertados.

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