Columnas

Adam Yauch, el hombre que nos hizo amar el hip hop

Recordamos con dolor al miembro de Beastie Boys, fallecido el pasado 4 de mayo

El viernes por la tarde nos sacudió la noticia del fallecimiento de Adam Yauch, MCA, la voz más comprometida y madura de Beastie Boys. Sin haber superado el shock aún, queremos rendir tributo a uno de los hombres que nos hizo amar el hip hop.

Esta es la historia de tres adolescentes de Nueva York reunidos en algún portal de Brooklyn, una tarde de verano de 1979. Tres blanquitos arrogantes que suspiran por ser estrellas de la música, hacen temblar el garaje cada tarde con instrumentos de segunda mano, roban vinilos de punk y soul y, al cabo de unos años, exactamente siete, se apoderan del cetro del rap en un tiempo en el que, con escasez de melanina, es un milagro triunfar en dicho mercado. Esta era una historia feliz hasta ahora. Hasta que el final más contundente ha llegado a traición. La historia de Beastie Boys, una leyenda que se hace añicos después de la muerte el pasado viernes, 4 de mayo de 2012, de Adam Yauch, conocido como MCA cada vez que empuñaba el micrófono.

En 2009, Yauch anunciaba que estaba siendo tratado de un cáncer en la glándula parótida. Una enfermedad grave a la que pareció dar esquinazo hasta hace poco. Aunque tuvo tiempo de dejar sus últimas rimas en el reciente Hot Sauce Committee Part 2, el cáncer acabó con su vida a los 47 años. Casado y con una hija, MCA se lleva consigo 25 años de historia de la música en los que ha sido partícipe directo de movimientos sísmicos grabados para siempre en los registros. Junto a Mike D, Ad-Rock y Rick Rubin (no se nos olvide) redimensionó el hip hop, sacándolo del sustrato negro y llevándolo a audiencias mucho más amplias ( “Licensed To Ill”). Diablos, sin Beastie Boys no nos hubiéramos enterado en 1989, antes que nadie, de que el rock, el punk y el rap podían convivir felizmente en un mismo disco ( “Paul’s Boutique”).

El legado del trío, el legado de MCA, es uno de los más importantes de la historia del género y prueba de ello es el respeto reverencial que la comunidad ha profesado siempre por la banda. Nas, Chuck D, Russell Simmons, Jay-Z, Eminem, los pesos pesados del hip hop en su totalidad, han mostrado sus respetos y dolor en la red nada más saberse la noticia. Una noticia que muchos comenzaron a temerse durante el discurso de agradecimiento del grupo en el Rock’n’Roll Hall Of Fame de este año. La ausencia de Yauch nos recordó a muchos su dolencia y disparó el pesimismo. Cuando Ad-Rock y Mike D salieron a leer un mensaje en su nombre, fue difícil espantar los peores vaticinios.

Funky Boss

Mi idilio con el flow de MCA comenzó en “Check Your Head” (1992), un disco que me acompañó de forma casi enfermiza durante un año de mi adolescencia. Si “Paul’s Boutique” era la ruptura radical con el pasado, “Check Your Head” era la búsqueda de una voz propia para el futuro de la banda. En ese nuevo comienzo, flotando en un magma de instrumentos reales, hip hop de la vieja escuela, scratch, breaks funkies y arrebatos punk, su voz encontró un hábitat favorable para florecer y forjar una alternativa sobria a las frecuencias de onda burlonas de sus compañeros de micro. A partir del tercer álbum del trío, su aportación lírica iba a ser muy distinta a la de “Licensed To Ill”. Las referencias soeces a las chicas y a los packs de cerveza y esa pose de rock star blanco jugando a ser rapero darían paso a un discurso mucho más reflexivo, respetuoso y hasta con ligeros apuntes de cariz social y político. Un factor que fue incrementando y perfeccionando a medida que se sucedían álbumes de la importancia de “Ill Communication” (1994) o “Hello Nasty” (1998).

El Yauch activista no es nada que venga de nuevo. Lo cierto es que el neoyorquino nunca escondió su adhesión incondicional a la causa tibetana y siempre se preocupó de denunciar las tropelías cometidas contra ese pueblo. De hecho, fundó Milarepa, una organización solidaria centrada en las injusticias que han castigado al Tíbet y a la que se adjudica el mayor concierto benéfico en Estados Unidos desde el Live Aid de 1985 (concierto por la Libertad del Tíbet en el Golden Gate Park de San Francisco).

De todos modos, hay dos facetas del rapper que me producen más admiración; al fin y al cabo todos sabemos que era un gran tipo. La primera es su calidad como bajista y su olfato para los riffs. Como dijo Krist Novoselic en Twitter, a él le debemos la magnífica línea de bajo de “Sabotage”. La influencia de MCA en la música de Beastie Boys fue muy pronunciada desde la sección rítmica a partir de “Check Your Head”: en las cuatro cuerdas era un maestro. La segunda es su pasión por el cine, la misma que le llevó a fundar Oscilloscope Laboratories, una de las productoras-distribuidoras de cine independiente más prestigiosas de la actualidad, y a ponerse detrás de la cámara para regalarnos el excelente documental de baloncesto “Gunnin’ For That #1 Spot”. El vínculo de Yauch con la cámara ha sido siempre muy pronunciado, no en balde él se encargó de dirigir algunos de los vídeos más memorables del trío, entre ellos el divertidísimo corto “Fight For Your Right Revisited”, con Danny McBride, Elijah Wood y Seth Rogen en la piel de los Beasties.

No sleep til’…

MCA era un personaje cool. Voz rasposa que contrarrestaba el exceso de decibelios originado por los estrepitosos agudos de Mike D y AD-Rock. Rictus descansado y mirada de entrañable pasota. Canas revueltas, ojos entornados, Puma’s retro. Era el Beastie en la sombra. Parecía sentirse a gusto dejando que sus dos compañeros, siempre más histriónicos y más abocados al gag físico, absorbieran las primeras ráfagas de flashes y focos. Jugaba a su favor cierta aura de misterio que a muchos adeptos al grupo nos sedujo incondicionalmente. Tengo la sensación de que los fans de Beastie Boys más aplicados hemos sabido apreciar, con el paso de los años y la maduración de la banda a tiempo real, la importancia de Adam Yauch en todo este invento. Estoy seguro de que no soy el único majara que le considera el mejor MC del grupo.

Los fraseados de “Sure Shot”, por ejemplo, siguen pareciéndome lo más cercano a la perfección: ritmo brutal, flow pastoso, voz ronca, letras perfectamente encajadas, oficio y talento en la que posiblemente fue su época de máximo esplendor como artista. Cuando escucho una canción de Beastie Boys, siento un golpeo especial en la nuez cada vez que MCA entra sus primeras rimas, con su garganta canallesca y su sentido del ritmo clásico, implacable. Es uno de esos momentos cargados de electricidad y excitación que preceden la entrada de los grandes rappers. La mejor forma de recordarle es evocar una y otra vez esa sensación desde el iPod. Pincharle hasta la saciedad. No nos queda otra: aquí no se duerme hasta Brooklyn.

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