Columnas

Abrazos y zancadillas

Hip hop desde la barrera

David Broc

–Uno de los numerosos gags memorables que pueblan la maravillosa “Hazme reír”, nueva película de Judd Apatow, tiene que ver con la rivalidad entre Myspace y Facebook. En esta escena, Seth Rogen escribe para Adam Sandler una serie de chistes relacionados con el tema, y remata el monólogo con la proclama “Fuck Facebook in the face”. El caso es que los tiempos corren tan deprisa, avanzan a tanta velocidad, que incluso en un filme tan fresco como éste ese gag podría tener su propia actualización, ya que Twitter se ha convertido en algo así como el nuevo Facebook, de la misma forma que hace unos meses Facebook devino el nuevo Myspace, y así sucesivamente pero hacia atrás en el tiempo.Personalmente nunca he acabado de entrar en el universo Twitter: a no ser que estés buenísima o buenísimo (no es el caso), que tengas muchos millones en el banco (tampoco) y que te pasen cosas y acontecimientos emocionantes cada día de tu vida (imposible si sólo sales de casa para llenar la nevera y la cuenta corriente o para visitar Sorrento y Yamadory), dudo seriamente del interés y la utilidad de esta droga egocéntrica del siglo XXI. Por supuesto comprendo y justifico que Paris Hilton, Michael Cera, Heidi Montag, Antoni Daimiel o José María Gutiérrez ‘Guti’ –eso si lo tiene; si no es así, desde aquí suplicamos al mediapunta que twittee cuanto antes– se pasen el día contándonos qué hacen o dejan de hacer, por algo son personajes públicos, famosos y admirados, su minuto a minuto importa y suscita interés. Otra cosa es cuando alguien normal, un hijo de vecino cualquiera, llamémosle Jordi Gas, por ejemplo, lo emplea a diestro y siniestro hasta para contarnos cuáles son sus planes nocturnos, qué ha comido o, en el caso que sea un plumilla, a quién ha entrevistado esa tarde. En ese sentido, Facebook y sus aplicaciones permiten una utilización más freak y frívola que, a la postre, resulta más atractiva que no esa suerte de diario personalizado. Peor todavía los que se limitan a utilizar Twitter para dialogar con amigos o incluso parejas a las que ven cada día, algo así como un diálogo en voz alta y abierto al público para compartir con el mundo su ingenio. La influencia de esta herramienta diabólica se ha extendido de tal forma que la NBA está decidida a prohibir a los jugadores profesionales que la utilicen para expresarse, una situación que ya ha tenido lugar, por ejemplo, en la NFL, la liga profesional de fútbol americano, y que está llevando por el camino de la amargura a los responsables de ambas competiciones porque pone al descubierto la privacidad de sus estrellas y porque en según qué situaciones puede incluso dañar su imagen. Y tal como están las cosas, el universo del hip hop ya lo contempla como un mecanismo más de promoción y, sobre todo, de gossip endogámico que puede provocar numerosos equívocos, malentendidos o enfrentamientos que sin este tipo de vehículos de comunicación probablemente nunca sucederían. La última jugarreta que guarda relación con Twitter la ha protagonizado, de forma indirecta, T-Pain, acusado públicamente de lanzarle un diss a Jay-Z por culpa de un par de mensajes supuestamente inocentes que Fabolous escribió en su Twitter in situ. La historia tiene mucha miga. Todo sucedió en un club de Las Vegas. Por lo visto, al rey del autotune, en un ataque de ira provocado por los efectos de “D.O.A. (Death Of Autotune)”, no se le ocurrió otra cosa que exclamar aquello de “Fuck Jay-Z” ante el estupor e indignación del público, que por lo visto le abucheó sin piedad. Incluso el DJ que le substituía se dedicó a pinchar canciones de Jigga durante 45 minutos: ¿he oído pitorreo? El tema es que a Fabolous, que estaba en ese local junto a Rihanna, no se le ocurrió otra cosa que relatar el diss en su Twitter y en cuestión de minutos la noticia corrió como la pólvora. Aquello que en otros momentos podría haberse quedado ahí, como una anécdota sin confirmar, hoy es noticia y uno de los temas más comentados en el circuito hip hop, sobre todo porque vendría a corroborar lo que todos pensábamos y no podíamos certificar: aunque nos hizo creer que no, que estaba contento con la canción y que era un orgullo para él que alguien como Jigga escribiera un tema pensando en él, a T-Pain le ha sentado como un tiro el single de marras. Está rabioso. Y como decimos en Cataluña, ‘ara surt tot’ (ahora sale todo). En los 80 la única manera de propagar un beef era mediante los discos, las mixtapes caseras o los conciertos. A finales de los 90 la guerra entre costas nació y se expandió gracias a revistas como The Source o Rap Pages. Hoy, en cambio, bastarían un par de mensajitos en Twitter para encender la llama. No tardaremos en verlo y disfrutarlo desde nuestra particular barrera, tiempo al tiempo.

–Como es costumbre, en agosto no saca disco ni el tato. El mercado negro, perdón por la broma fácil, ha estado algo apagado estas últimas semanas, y los únicos movimientos destacables se focalizan en el noble arte de la reedición. En Playground ya os hablamos hace unos días de “The LP”, el debut de Large Professor, un álbum escondido o desaparecido durante casi quince años que ahora ha visto la luz y que ha servido para reavivar esa llama nostálgica, de abuelo cebolleta, que nos azota cada vez que resurge el glorioso pasado para oscurecer el dudoso presente. Celebramos también el relanzamiento de “In control. Vol. 1”, de Marley Marl, su debut en solitario, que llega ahora en una edición doble cargada de extras y material inédito en CD que provocará euforia desmedida, bultos espontáneos en la entrepierna, a aquellos que no han conseguido superar todavía el síndrome de los 90.Porque si bien este disco se publicó en 1989 y, a diferencia del de Large Pro, sí llegó a las tiendas, la verdad es que su sonido es totalmente representativo del rap de inicios de los 90, esa etapa que muchos hemos convertido en un perfecto bote salvavidas cuando las cosas se tuercen, la vida se complica y nuestro género favorito pega bandazos. Habrá algún lector, lo comprendo, que se quejará abiertamente: ‘basta ya de ese apego malsano a la primera mitad de los 90, pesados’. Reclamaciones y quejas al jefe.En mi defensa diré que cuando le das al Play y empiezan a retumbar los beats de Marley Marl, las cuentas cuadran. Benditos 90, bendita golden era, bendito boom bap. Parafraseando a Belén Esteban: “yo por Marley Marl maaaaato”. Esto todavía no lo ha podido superar ni Dios. Soy de los que opina que todavía existe decoro, dignidad, educación, respeto y sentido común en este mundo, quizás porque he tenido la suerte de visitar Japón y ver que todo eso es factible, por muy duro que sea el regreso al caos y el horror que nos rodea aquí y, diría, en cualquier otra parte del mundo que no sea ese paraíso, así que espero que cualquier sibarita del hip hop que sea cliente habitual de esta santa casa haya apuntado y subrayado este disco, la edición de veinte aniversario, para más señas, como compra de urgencia para los próximos minutos o segundos.

–Pero en la vida hay algo más que nostalgia por el pasado. O eso intentamos. Y es por eso que no me gustaría acabar este mes sin rescatar algunos magníficos discos publicados a caballo entre nuestra anterior columna y la que estáis leyendo. En concreto tres, todos ellos potentes y merecedores, una vez más, de esfuerzo económico por vuestra parte. Y como se trata de predicar con el ejemplo, no tengo ningún problema en adjuntar dos recibos recientes que demuestran que este crítico ha pasado por caja para hacerse con las recomendaciones que dejaré caer a continuación.Me parecía interesante este experimento: las recomendaciones que cada mes podéis leer aquí, y doy fe que también las de “Implantes de Silicona”, de Don Javier Blánquez, siempre pertenecen a álbumes comprados, en primera instancia, para uso y disfrute personal. Muchas veces se tiene la imagen del crítico musical como la de un tipo que no paga ni la luz. Gran mentira. No negaré que si te mueves, insistes, eres pesadito y no tienes nada mejor que hacer durante el día que enviar mails a responsables de promoción de los sellos, al final puedes acabar recibiendo un buen surtido de discos de promoción, muchos de los cuales ni tan siquiera te interesan personal o profesionalmente. La cuestión es acumular, siempre te podrás sacar excusas de la manga como que es documentación o archivo o que algún día los vas a necesitar para no se sabe qué. Y tampoco negaré que hay mucho crítico rata suelto que sería capaz de arrodillarse en plena vía pública antes de aflojar un euro por un CD, mucho crítico con un serio problema de divismo que en la dicotomía entre actualidad rabiosa y pillaje gratis siempre elegirá lo segundo, de ahí que muchas veces veamos reseñas de discos tres o cuatro meses tarde, si es que llegamos a verlas en algún medio patrio: ante todo el estatus de estrellona, ante todo la dignidad ‘profesional’, el vedettismo de baratillo. Yo confieso que ando falto de tiempo libre, que las distribuidoras españolas tienen un disco de hip hop interesante en su catálogo cada seis meses, que no me gusta dar la lata para que luego me llegue un CD-R embutido en un cartoncito con el tracklist escrito a boli y con faltas de ortografía y que soy fiel a mis tiendas predilectas, maldita sea, no se me caen los anillos por desembolsar euros a cambio de música. Pago a gusto. Hace unos días, en el maravilloso programa de Telecinco “El Juego de tu Vida”, uno de los concursantes admitía que para él irse de putas era un acto de caridad (telita; aunque me pareció más ofensiva su respuesta afirmativa a la pregunta de si siempre lleva calzoncillos oscuros para camuflar sus pedetes y los restos de nicotina). Lo mío con los CDs empieza a ser también un acto de caridad, no sé si más barato, pero a fin de cuentas más pragmático, seguro e higiénico. Y dicho esto, vayamos al meollo.Empiezo por una bomba de relojería que ha pasado desapercibida este verano y de la que nunca me perdonaría no haber hablado en este rincón. Se trata del debut de Trife Diesel, veterano referente del underground neyorquino, siempre ligado a Ghostface Killah y también al entorno de Wu-Tang Clan, que ha ido cocinando este portentoso “Better Late Than Never” a fuego lento, como su título indica. Han pasado nueve años desde que empezamos a tener noticias de él en plástico, desde que Ghostface le brindó una oportunidad en su debut en solitario, y en todo este tiempo hemos podido escucharle en infinidad de colaboraciones o mixtapes que él mismo ha desperdigado donde podía o donde le dejaban. Pero necesitábamos el álbum, la prueba de fuego, la constatación de que este personaje era algo más que un amigo y compañero de gira de otros rappers. El resultado ha desbordado todas las expectativas. Un martillo pilón. Rap neoyorquino como ya no se fabrica: beats contundentes pero con mucha alma, samples de soul, emoción instantánea, sonido poderoso y un MC que se come el micro con una gula muy cara de ver en estos tiempos de rappers apoltronados. Si me dicen que “Better Late Than Never” es de 1996 me lo creo, sin problemas, a ciegas, de cabeza, dónde hay que firmar. Tiene fuerza, engancha, impresiona a la primera, y no te deja respirar hasta que finaliza. Le quitas diez minutos y ya tienes el disco revelación del año.

Otra compra obligada: “Chemical Warfare”, segundo disco oficial de The Alchemist. Será difícil que encontréis a alguien más entregado y fiel a la causa de The Alchemist que un servidor, eso que quede claro, así que de ahí el semblante algo serio con el que recibí las primeras escuchas de este regreso. Esperaba más. Para quien no sepa de quién estamos hablando y no se fíe de Wikipedia, una introducción rápida: este productor y MC californiano, aunque residente en Nueva York desde hace muchos años, se convirtió en uno de los beatmakers clave del hip hop underground de finales de los 90 gracias a sus producciones para Dilated Peoples o Defari. Se mudó a la Gran Manzana y ahí pasó a convertirse en el fiel escudero sonoro de gente como Mobb Deep e incluso en el DJ de gira de Eminem. La gracia es que fue capaz de crear un sonido propio, fácilmente asociable a su trayectoria, referencial e incluso influyente para otros productores (el tándem Sid Roams bebe mucho de su legado), fiel a la MPC pero con curiosidad e inquietudes más allá del beat cuadriculado.Retomando el análisis de “Chemical Warfare” insisto en el hecho de que en las dos primeras caladas del disco me quedó una sensación algo desangelada, fría, sólo aceptable. Pero a medida que le daba más oportunidades su contenido ganaba peso y rotundidad. Esto es lo que vulgarmente se llama un grow up de mucho cuidado. Suena claustrofóbico, deprimente, opaco y gris, características marca de la casa, pero a su vez parece como si Alchemist hubiera inyectado algo más de músculo o nervio a su chasis.El listado de invitados es abrumador (incluso el propio Eminem se deja caer) y a todos ellos se les nota motivados y con ganas de contribuir a la causa. Lo dicho: se aconseja paciencia e insistencia, pero al final del túnel espera una buena recompensa. El triángulo se cierra con Will C, chico blanco, escuela Boston, cuya principal virtud es su infranqueable deseo de sonar distinto y fresco. Lo consigue. A las pruebas me remito: “Evil In The Mirror”, un debut gracioso, eufórico, atrevido y desprejuiciado. Por momentos podría ser la versión estilizada y actualizada del mejor Edan, pero sin la retranca old school de éste, que, confesemos aquí y ahora, ya huele a rancio. A su favor tiene el ímpetu de una producción, a cargo de él mismo, que parece diferente, capaz de mantener conexiones con el boom bap pero también hábil en la integración de elementos pop. Bocanada de aire fresco, originalidad, creatividad y respeto por la esencia. Por fin un blanquito confundido con cosas interesantes que decir en esto del rap.

–Rimas aparte, no hay género musical que sea capaz de generar tantas noticias amarillas, rosas o incluso negras como el hip hop. En este mes largo de inactividad musical, de escasos lanzamientos y pocas noticias de calado artístico, las páginas de sucesos y cotilleos no han dejado de publicar chismes o realidades relacionadas con este mundo, muchas de ellas anonadantes. No hemos dado abasto. Too $hort fue detenido hace unos días por conducir bajo la influencia del alcohol y la marihuana. Sigue en el trullo. C-Murder finalmente ha sido condenado a cadena perpetua por el asesinato de un chaval de 16 años. El rapper sureño llevaba un tiempo enchironado esperando sentencia. Dudo que volvamos a verle en un escenario que no sea el del patio de la cárcel. Dos socios de Jadakiss fueron detenidos en la casa que el rapper comparte con uno de ellos por posesión de drogas. Los trincaron con 42 mil dólares en cash. Aquí la pregunta no tiene nada que ver con el caso sino con el hecho de que un tipo como Jadakiss comparta piso con un traficante de drogas. Por su parte, el guardaespaldas de Jay-Z también estuvo a punto de pasar por comisaría, acusado de asalto y destrucción del equipo de un paparazzi que estaba haciéndole fotos a Jigga y Beyoncé. No quiero emular a Albert Castillón, pero es que hay más. Beanie Sigel fue arrestado y acusado de posesión de marihuana a mediados de agosto, en Nueva Jersey. El caradura llevaba 50 gramos encima, aquello se podía oler desde Cuernavaca. Por último, Juelz Santana fue arrestado hace unos días acusado de intimidar a la madre de su hijo con un cuchillo, acusado de posesión de armas y, ojo que esta es la mejor, acusado de lanzar amenazas terroristas (¿?). Ya está en su casa, vivito y coleando.Y al margen de la muerte de DJ AM en su apartamento de Nueva York y toda la mística que se está creando alrededor (las referencias a “Destino Final”, el hecho de que en su Myspace apareciera el status online dos días después del fatal desenlace…), otro fallecimiento con morbo, el de Baatin, rapper fundador de Slum Village. A priori no tendría más importancia o curiosidad que la muerte en sí, pero si tenemos en cuenta que otro fundador del grupo, J Dilla, también nos dejó y que ambos lo han hecho a causa de una enfermedad crónica y a temprana edad, entonces hay motivos para encender la alarma morbosa. Quedan dos miembros más del grupo, y si fuera uno de ellos no dormiría tranquilo. En las calles ya se habla de la maldición Slum Village. Y hasta aquí las noticias. No os vayáis muy lejos, en un mes volvemos con más carnaza.

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