Columnas

Abrazos y zancadillas

Hip hop desde la barrera

David Broc

Los chicos de PlayGround me han cedido cortésmente este rincón para que una vez al mes desgrane, como mejor pueda y sepa, las aventuras y desventuras de la escena hip hop estadounidense actual, terreno frondoso, repleto de obstáculos, divisiones y ramificaciones, en el que conviven a diario con suma armonía los milagros y las desgracias. Sampleando el título del libro que acaba de publicar el periodista deportivo J.J. Santos, obra basada fundamentalmente en el enfrentamiento y las cuentas pendientes (el beef, algo muy propio del universo rap), cada treinta días intentaré destacar, para lo bueno y para lo malo, aquellos hechos, discos, actos o acontecimientos que, los motivos que sean, merezcan un abrazo o una zancadilla. Hechas las presentaciones pertinentes, pues, entremos en materia.

–Tras algunos pasos en falso, básicamente cambios de fecha y modificaciones del plan de lanzamiento del nuevo disco, 50 Cent vuelve. Lástima. Que vuelva, digo. En cierto modo la figura del MC de Queens, pésimo cantante, buen rapper y mejor showman, cada vez recuerda más a Tony Montana en los minutos finales de “El precio del poder”: montaña de coca, negación de la realidad y actos desesperados para evitar lo inevitable. El mundo llegó a ser suyo, vaya si lo fue, pero hace tiempo ya que dejó de serlo, y todo indica que su progresiva decadencia todavía no ha encontrado freno.Convertido en un Rey Midas del desastre desde hace un par de años, todo lo que hace o toca fracasa. Primero perdió a The Game, el único miembro de G-Unit que podía garantizarle éxitos comerciales; hace unos meses perdía también a Young Buck, el único que podía reportarle prestigio crítico; y por el camino han quedado otros artistas a los que fichó con no se sabe qué objetivos y que ha acabado condenado al ostracismo. Los dos ejemplos que me interesan son los de M.O.P. y Mobb Deep. El caso M.O.P. empieza a adoptar tintes apocalípticos: tras firmar para G-Unit, no hemos vuelto a saber nada de ellos. Han pasado tres años y aquí nadie suelta prenda sobre su futuro. Ni disco, ni single, ni vídeos ni tan siquiera ya cameos o apariciones en otros productos del sello.Como si se los hubiera tragado la tierra, su estancia en G-Unit se salda, por el momento, con un cero patatero, y se hace difícil pensar que se trate de una decisión voluntaria o premeditada. El asunto Mobb Deep, si cabe, es peor. Básicamente porque ellos sí han llegado a publicar álbum bajo el mecenazgo de 50 Cent, un intento muy evidente y bananero de recuperar parte de la credibilidad underground a costa de unos Mobb Deep que se dejaron tentar por el dinero fácil tras perder años y esfuerzos en sellos independientes y multinacionales poco rentables. “Blood Money”, publicado en el 2006, estaba manoseado y pervertido creativamente por el propio 50 Cent, que incluso se atrevía con sus estribillos canturreados en algunos temas, una chapuza que incluso los seguidores incondicionales de la banda recibieron de bajón, conscientes de las injerencias deliberadas del gran capo. Mobb Deep han sido los otros grandes damnificados de los excesos de ambición del rapper y empresario. La poca repercusión y las nimias ventas que consiguió el álbum han ejercido de inmejorables excusas para su jefe para marginarlos y abandonarlos a su suerte. Es algo parecido a aquellas segregaciones incomprensibles que Aíto García Reneses oficiaba en las filas del F.C. Barcelona, cuando por los motivos que fueran (mala actitud, excesivo protagonismo, fallos en momentos clave, rendimiento por debajo de la media) conseguía hacerle la vida imposible a algún jugador del equipo. Puteados y hastiados, Havoc y Prodigy han decidido buscarse la vida y volver al circuito de los bootlegs, las mixtapes y los lanzamientos clandestinos mientras resuelven su futuro, aunque sólo sea para mantenerse en contacto con los fans y emitir señales de vida.El dúo acaba de publicar “The Safe Is Cracked”, un CD menor, modesto, poco ambicioso, cóctel de temas de archivo y material de nueva factura que, sin embargo, dice más cosas que su predecesor con un presupuesto infinitamente más pequeño, sin colaboraciones-estorbo ni campaña de promoción masiva detrás. Con Prodigy en la cárcel y Havoc más pendiente de su carrera como productor freelance (hay que traer los bistecs a casa, a fin de cuentas), estos Mobb Deep no suenan tan contundentes y vibrantes como antaño, pero sí han recuperado esamelancolía y tristeza que les caracterizaba, rasgos muy identificativos de su sonido que estaban perdidos y desenfocados desde que firmaron con 50 Cent y se sintieron obligados a vender una determinada cantidad de copias para tener contento al amo. A ver si al final incluso tendremos que darle las gracias a fifty.

Asher Roth: el nuevo Eminem, dicen. Bueno, pero ¿qué Eminem? Porque si se refieren al Eminem de los últimos años creo que paso. Al nuevo copito de nieve del rap, la nueva promesa whitey del firmamento, no le están ayudando nada desde su compañía discográfica con este tipo de comparaciones.A Bojan Krkic muchos ya le consideraban el 9 del Barça de Guardiola antes de empezar la temporada y a saber dónde irá cedido el próximo año.Volviendo a Roth, no se me caen los anillos por reconocer que su debut, “Asleep In The Bread Aisle”, es un ejercicio simpático de pop-rap que podría ganarle algunos combates a marionetas del mainstream como Nelly, Plies o Mims, y hasta aquí puedo leer, porque contra Slim Shady no aguantaría más de tres asaltos. El chaval interesa más como fenómeno que como letrista, y por eso reservamos un análisis más en profundidad del disco para una crítica a publicar en los próximos días. –La escena indie, lo sabemos todos, no atraviesa su mejor momento, pero, por suerte, en Detroit cuecen habas y de las gordas, con todo el lío post- Dilla que se ha armado en Motor City, con Kev Brown, Black Milk, Elzhi, Phat Kat, Guilty Simpson y, ahora, Finale, ex currante de la industria automovilística de la ciudad. Su debut, “A Pipe Dream And A Promise”, concilia el latido más experimental del Dilla pre- “Donuts” con la vertiente más ortodoxa del género, un cruce de caminos explosivo y ardiente que se complementa, además, con unas rimas sólidas, suficientemente ingeniosas para desmarcarse de las medianías, que ya es mucho en los tiempos que corren. Para los nostálgicos de los 90 y del boom bap, entre los que me incluyo con orgullo y pasión desmedida, las cubetas de novedades también nos reservan alguna sorpresa inesperada.Apuntemos “The RE:Public”, segundo disco del grupo de New Hampshire Granite State, convincente paso adelante en su carrera que cuenta, he aquí uno de los secretos del crecimiento, con beats de Evidence, Statik Selektah y DC The MIDI Alien, los dos últimos, por cierto, también de la zona de Boston, otro centro neurálgico de la resistencia underground. Sin secretos: ritmos voluminosos, loops entrecortados, samples de bandas sonoras y estribillos coreados.Recuerda, mucho y para bien, a los primeros años de 7L & Esoteric, insuperable referente del Boston rap de finales de los 90. Más madera: “Terminal Illness”, la potentísima carta de presentación del productor británico Endemic, que se rodea de personalidades con el pedigrí de Planet Asia, Sean Price, Killah Priest, Hell Razah o Timbo King para armar jaleo. Jaleo del rudo. A Endemic le vuelven loco RZA, Mobb Deep e incluso el ‘sonido’ Jedi Mind Tricks, y no hace ningún esfuerzo para disimularlo. Las cartas encima de la mesa y boca arriba: el beat, sobrealimentado y con riesgo de padecer obesidad mórbida; los loops, nutridos de samples de cuerdas y voces fantasmales; y el tono, tenebroso y melancólico. Esto es como volver a uno de tus restaurantes favoritos un año después de la última vez que lo visitaste: no hay sorpresa posible, porque sabes exactamente lo que vas a pedir y lo que vas a comer, pero cuando llega el camarero, llamémosle Alfonso, por ejemplo, te reconcilias con la vida por unos minutos.

–Y acabamos con dos apuntes relacionados con la industria. Porque mientras la vieja guardia del circo rock ya no sabe cómo reconducir la situación, el hip hop en Estados Unidos sigue impartiendo lecciones de post-marketing. Dos ejemplos recientes para ilustrarlo y, de paso, para tirarle las orejas a un mercado que sigue confiando en la menopáusica relación de intercambio con la radio o la televisión para sacar adelante, chequera mediante, sus productos. El primero, protagonizado por Saigon y Statik Selektah, no tiene ni un mes de vida. Vamos, que la cosa todavía está calentita y se sigue hablando de ella en el gremio. Antecedentes para neófitos y recién llegados al barco hip hop: Saigon es un MC neoyorquino al que seguramente habrás visto en algunos episodios de la serie “ El séquito” ( “Entourage” para integristas de la cultura del gratis o para clientes fieles de Amazon).Él es el rapper negro al que representa Turtle durante un tiempo hasta que el artista acaba dejándolo tirado. Su participación acaba en aquella antológica escena del balcón (homenaje, a su vez, al incidente, este sí real, que tuvieron hace ya unos cuantos años Suge Knight y Vanilla Ice), pero todavía hoy se le recuerda como uno de los secundarios de lujo del show.Antes de aparecer en la serie de HBO, claro, Saigon ya era una de las grandes revelaciones de la Gran Manzana, uno de los nombres más buscados en los puestos de ventas de mixtapes de Canal Street y el que estaba predestinado a ser rival o relevo de 50 Cent en la Costa Este. Aunque contaba, y sigue contando, con el apadrinamiento de Just Blaze, que le ha facturado gran parte de los beats de un debut que lleva ya casi cuatro años de retraso, su estela de next big thing del underground neoyorquino se ha diluido de forma progresiva, y se diría que su nombre ya no figura en la pole position de promesas a punto de dar el salto.Statik Selektah, por su parte, simboliza todo lo contrario: un productor de Boston afincado en Nueva York, autor de dos discos imponentes, “Spell My Name Right” y “Stick 2 The Script”, que en apenas dos años y medio se ha ganado la complicidad y defensa encarnizada de los headz con un discurso sólido y muy efectivo, no exento de trampa: cuando citas, y citas bien, con entidad y resultados que saltan a la vista, a DJ Premier, The Alchemist y Large Pro, estás apostando a caballo ganador.Selektah ahora mismo está fortísimo en las calles, y sus alianzas con Termanology o Reks sólo han hecho que acrecentar el proteccionismo de los sectores más radicalizados. Dicho esto, recuperemos el hilo. Decía que ambos han protagonizado otro momentum de autobombo que podría inaugurar una nueva tendencia en el circo rap: grabar un disco en 24 horas. “All In a Day’s Work” se presenta, ya desde el título, en esos términos. Ambos se encerraron en el estudio y en un día completaron un álbum entero que, para más mofa contra la ortodoxia empresarial, han cedido gratuitamente en forma de descarga digital para todos los públicos. Ni la voluntad, ni limosna ni donaciones absurdas. Y lo peor, lo mejor, vamos, es que les ha quedado un producto serio, muy consistente, con un Saigon que combinó viejos freestyles con nuevos textos facturados in situ mientras Selektah extraía ritmos gordos de la freidora de su Mac. Su espontaneidad, frescura e inmediatez rompe con todos los tópicos del estudio, con los procesos cansinos y maratonianos que implica la grabación de un disco (limpiar samples, colaboraciones impostadas, baile de productores, horas muertas, dinero malgastado) y, por supuesto, se convierte en su gran baza promocional. Todavía ahora se sigue cuchicheando sobre el disco grabado en 24 horas, que, además, supone el retorno más o menos fiable de Saigon a la palestra hiphopística, después de un año revuelto con problemas legales y dimes y diretes con Just Blaze.

–En las esferas más comerciales, lógicamente, hay que buscarse otros retos y otras artimañas para armar más ruido: no basta con un vídeo en Youtube y diez Mp3. Andan revolucionados en Nueva York estos últimos dos meses con el culebrón Dipset, que tiene mucho de chiste y gag y poco de drama callejero. Con la revista XXL convertida en una suerte de Cuore del gueto, el gang de la Gran Manzana ha decidido airear los trapos sucios de manera pública en dos portadas consecutivas de la publicación. La táctica no es nueva, pero esta vez han sabido llevarla a una nueva dimensión, reformulando con éxito la gossip promo o promoción a base de cotilleos. La historia es sencilla: Cam’Ron, Jim Jones, Juelz Santana y Freeky Zekey llegaron a ser el colectivo más temible, por poder económico y por capacidad de influencia, de la Costa Este, con una ejemplar política de street promo y lanzamientos consecutivos que incendiaron la escena a inicios de esta década. Tenían la protección de Damon Dash, co-responsable de Roc-A-Fella junto a Jay-Z hasta su ruptura, dominaban el mercado con cifras de ventas admirables y aspiraban a convertirse en una empresa con todas las de la ley en la que se autogestionaba casi todo (vídeos, ropa, Management, etc). Una vez más, alguien no quiso repartir equitativamente los beneficios, en este caso Cam’Ron, al que Juelz Santana o Jim Jones acusan de haberse quedado un buen pellizco de sus correspondientes partes, y el imperio se desplomó (¿he oído N.W.A. y Jerry Heller?).En resumen: Cam’Ron no se habla con el resto de su grupo y el enfrentamiento ha sido escenificado con un numerito antológico en las páginas de XXL que ya hubieran querido protagonizar María Jesús Ruiz y Dani DJ. Atacaron primero Santana, Jones y Zekey, con tres entrevistas en las que ponían verde a Cam’Ron y al que acusaban de no responder a sus insistentes llamadas. Cam, decían, está desaparecido y no permite que sigamos ganando pasta. Un mes después, y como era de preveer, XXL dedicaba su portada a Cam’Ron, con una entrevista exclusiva defendiéndose de las acusaciones. Lo mejor, las excusas. Según el rapper de Harlem, en más de un año no se ha puesto en contacto con los integrantes de su colectivo, ni tan siquiera por mail o SMS, porque ha estado cuidando de su madre.Y se ha quedado tan ancho. A vivir. Detrás de este show propio de DEC, desternillante por tratarse de supuestos gangstas con credo callejero, no se esconde otra cosa que una inteligente campaña de marketing del propio grupo, que había perdido fuelle y resonancia mediática en los dos últimos años. No es casualidad, claro, que Jim Jones publicara nuevo disco el 24 de marzo, en plena ‘guerra’ dialéctica, y que de la noche a la mañana se haya vuelto a hablar de todos ellos, aunque sea en clave rosa.

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