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Abrazos y Zancadillas

Por David Broc

Abrazos y zancadillas David Broc Hip hop desde la barrera

En este rincón se intenta no traicionar las promesas ni quebrantar la palabra jurada. Despedíamos la columna de julio, antes del periodo vacacional, apalabrando con los fieles lectores y visitantes una edición especial retro de Abrazos y Zancadillas. Por un mes, y esperemos que sirva de precedente para ediciones venideras, nada de novedades, nada de mixtapes recién lanzadas a la red, nada de flamantes nuevos discos, nada de noticias, nada de lazos estrechos con la actualidad más estricta. Ya volveremos a todo ello en treinta días y con ración doble si es necesario, pero, de momento, ahora concentrémonos única y exclusivamente en un viaje al pasado para reactivar nuestro pulso más nostálgico y desatar nuestras pasiones más retrospectivas. Carta blanca, pues, para ponernos sentimentales, maldecir con todo tipo de improperios el paso del tiempo y preguntarnos, una vez más de cientos de miles, por qué el hip hop ya no suena como lo hacía hace veinte años. Rescatemos las Timberland, los hoodies Champion, las chaquetas Starter, los plumones North Face, las Jordan VI Infrared y los throwbacks jerseys de John Starks, Anthony Mason y Charles Oakley y seamos plenamente felices por una vez en nuestra eterna adicción a la nostalgia retro. Ah, y no olvidemos tener a mano un buen paquete de Kleenex, ya no sé si para contener las lágrimas o para limpiar los restos de orgasmo que se deriven de semejante viaje musical al meollo del rap. Un día es un día. Empieza la fiesta, y lo hace como es de menester en estos casos: nuestra cara en primer plano, actitud pensativa de recuerdo, la imagen de repente se diluye y se vuelve borrosa, fundido a negro y los créditos aparecen en nuestro campo visual. 16 años atrás…1. Para entendernos: 1994 es el año de la Creación, el año de la marmota, el año en que vivimos peligrosamente, el año del Apocalipsis, pero en sentido contrario. Si viene un científico y me ofrece volver al pasado no hay medievo, Renacentismo o Revolución Francesa que valga. Doc, viejo, devuélveme a enero de 1994, plántame en pleno Nueva York si es posible y déjame ahí por un tiempo, que ya me las apañaré. Con mis Jordan III retro y una sudadera Polo no desentonaré, al contrario. Una época ya vivida y saboreada, pero que lleva década y media pidiendo una recreación en primera persona para volver a experimentarla. Y así, cada doce meses, como Bill Murray pero con mochila y beanie de los Giants. 1994 es el mejor año en la historia del hip hop, quede dicho de antemano, y no se conoce añada previa o posterior que haya acumulado mayor número de obras maestras en su calendario. Podéis rastrear y consultar los archivos cuanto queráis, no habrá forma de igualar el volumen de álbumes definitivos y trascendentales que surgieron en esta temporada: “Illmatic”, “Ready To Die”, “Hard To Earn”, “The Sun Rises In The East”, “Southernplayalisticadillacmuzik”, “Ill Comunication”, “Tical”, “Resurrection” o “6 Feet Deep”. Parece una broma de mal gusto. Pero no sólo sería fundamental regresar a ese año para volver a descubrir esos discos en sus primeros pasos y andanzas, sino también para captar in situ cómo esa sensación de estallido y absoluta bonanza creativa afectaba a todo el entorno del género en la capital del mundo. Uno de los puntos neurálgicos de la escena y de todo el movimiento que tenía lugar en la Gran Manzana era el célebre club The Tunnel, ubicado en la zona de Tribeca, cerca del río Hudson, que desde inicios de los 90 hasta el cambio de siglo se erigió los domingos en el place to be de las celebridades, artistas, DJs, productores, MCs y aficionados al hip hop, fiel testimonio de la evolución sonora del género en esa década de actividad febril. Uno de los méritos del local era el talento de sus DJs residentes, sobre todo Funkmaster Flex, para hacer convivir singles mainstream de clara aspiración comercial con rocas underground que el propio club y la reacción de los ahí presentes acababan convirtiendo en himnos. Si no sonabas en The Tunnel no eras nadie; pero si sonabas tenías muchos números para devenir una celebridad en la ciudad, te llamaras Jay-Z, Mobb Deep, The Lost Boyz o DMX.Todo esto viene a colación de un espléndido reportaje publicado en la web Complex este verano que repasaba, uno por uno, con comentarios y anotaciones, los mejores himnos que se hicieron populares y grandes entre las paredes del club durante su época de vacas gordas. Un total de 75 canciones, comprendidas entre el 94 y el 2000, seleccionadas por Cipha Sounds, que además de ser uno de los DJs más respetables y fiables de las dos últimas décadas, pinchó con regularidad en The Tunnel y le calentó la cabina y la pista a Funkmaster. Sus comentarios son espléndidos, sobre todo porque aportan anécdotas, detalles y mucha memory lane de unos tiempos de esplendor absoluto que se reflejaban en el tipo de gente que pisaba el club, con un amplio historial de incidentes, cierres, reaperturas y escándalos que no pasaban desapercibidos en los medios. Y junto con los textos recordatorios podemos escuchar la canción respectiva en formato stream.Claro que esto es Abrazos y Zancadillas y siempre tratamos de facilitaros las cosas al máximo. Nada de medias tintas. Así, ¿por qué conformarnos con un simple stream cuando podemos catar toda esa selección en formato MP3 cómodamente desde nuestro iPod o nuestro iTunes? Nada, ahí va el link, que no incluía originalmente el artículo y que he rastreado en la red con ahínco para descargaros esta compilación íntegra y totalmente apabullante de hitazos de índole estética y expresiva muy diversa. Para mi gusto, excesivo dominio de la primera época del bling bling rap, pero son excepciones dentro de un muestrario inapelable. Os mantendrá ocupados unos cuantos minutos. Ni un solo rastro de mierda prescindible: straight killa, no filla. Más de cinco horas en el paraíso. Y para redondearlo, un par de vídeos demostrativos de lo que podía llegar a ser ese local: un auténtico hervidero.

2. Muchos de los hits ahí presentes también se encuentran mezclados en algunas de las sesiones que integran dos proyectos distintos pero con un concepto similar que me han despertado especial interés estos últimos dos años. Por partes. DJ Ayres, DJ Eleven y Cosmo Baker son los artífices de The Rub, una residencia mensual en Nueva York que se ha convertido, con el paso del tiempo, en show radiofónico y también en una referencia artística que es contratada en todo el mundo para auspiciar noches locas de hip hop y otros estilos integrados. También son los responsables de la serie de sesiones “The Rub History Of Hip Hop Series”, un amplio catálogo de mixtapes cortadas por el mismo patrón: repasar a fondo los treinta años de historia del género, a razón de una sesión por año. Es decir: se cogen los grandes momentos de 1991, por ejemplo, y se oficia una sesión con material única y exclusivamente de esa fecha. Y así con cada uno de los años de un periodo comprendido entre 1979 y 2010. En el link que os facilito aquí tenéis acceso a todos los tracklists, así como al correspondiente link de descarga de cada pieza. No esperéis grandes alardes técnicos ni mucho criterio cronológico o incluso estético en la mezcla: el método de The Rub es más de melting pot, que salga lo que sea, algo bruto y caótico y con una indudable visión lúdico-festiva, sobre todo en el repaso a la última década, con mucha diferencia la más prescindible de las tres y la que dejaría para el final en todo este proceso de compresión de disco duro. En cualquier caso sirve de buena introducción para periodos poco transitados, especialmente la primera mitad de los 80, y de inmejorable memorándum para la golden era, ya sabéis, finales de los 80 hasta mediados de los 90.Infinitamente mejor cocinadas, presentadas y pensadas son las sesiones que forman parte de la serie Beat Emotion Library, a cargo de los japoneses DJ Seiji y DJ Tama. Descubrí la existencia de este proyecto, que se basa en el mismo criterio antes explicado –es decir, la orquestación de mixtapes por año con el objetivo de resumir a lo grande la historia del rap–, en la tienda de Tokio Manhattan Records, algo así como un pequeño templo de vinilos y mixtapes recién salidas del horno afincado en el corazón de Shibuya y que resiste con firmeza a las embestidas de la crisis discográfica. Casualidad o no, el primer lanzamiento que tuve en mis manos y del que tuve constancia fue el dedicado a 1994. Y a partir de ahí, claro, el rastreo obsesivo hasta completar la colección hasta la fecha, que de momento abarca entre 1985 y 2003, a la espera, imagino, de completar décadas. A diferencia de las mixtapes de The Rub, estas no son gratuitas y se venden en tiendas físicas y online, aunque se trata de productos ilegales, claro está. ¿El problema? Sólo las encontraréis, si sois de los que pagáis como alumnos aplicados, en el país nipón, lo que dificulta considerablemente su rastreo y compra si os pone burro el coleccionismo.

¿Vale la pena el esfuerzo? Sin duda. Seiji y Tama, miembros del magnífico grupo S.P.C., tienen auténticos guantes de seda a la hora de mezclar, nunca pisan terreno exhibicionista, llevan la mesura por bandera y pueden presumir de un criterio de selección, transiciones y crescendos de primera fila internacional. De hecho, la serie Beat Emotion Library la situaría sin muchos conflictos morales en mi olimpo particular de sesiones retrospectivas. Las correspondientes a 1989, 1990, 1991, 1992, 1993, 1994 y 1995 son antológicas, poco más que añadir, es material excelente con el que nadie pierde: si eres neófito ahí tienes una mejor introducción al género que la que pueda proporcionar cualquier entrada de Wikipedia, y si estás curtido, tu iPod no le dirá que no a un nuevo garbeo por los mejores años de nuestras vidas. No echas en falta nada y todavía hay sitio para la sorpresa o el redescubrimiento. Para que no tengáis la sensación de que os pongo la miel en los labios, os facilito un par de enlaces para haceros con las de 1994 y 1995, dos de las mejores del lote. Pulsa aquí para ir a 1994; y aquí para ir a 1995. Y hasta este punto puedo leer: como estas sesiones sí están a la venta y por aquí no somos de facilitar el abordaje cibernético, el resto del trabajo recae en vuestras manos.

3. Aparco las sesiones y mixtapes de material añejo, pero no nos bajamos del Delorean que nos ha llevado hasta los 90. Seguimos ahí, bien agarrados a esos años, que nadie nos retorne al presente, por Dios. Porque estos días ha salido a la venta la reedición de “God Connections”, el debut en solitario de Al’ Tariq. Para aquellos que no estén especialmente puestos en el tema, un breve recordatorio o introducción al álbum: tiempo después de abandonar The Beatnuts, todo un icono del rap neoyorquino de esa década –referente que cuenta, como mínimo, con dos piezas maestras del género–, el MC, con ganas de demostrar su propio talento sin la compañía de sus ex socios, se sacó de la manga una ópera prima de altos vuelos que tuvo vida corta en la industria por varios motivos. Primero, el cierre del sello que la editaba; segundo, como consecuencia de ello, inexistente cobertura promocional del mismo y nula repercusión en el circuito más allá de las alcantarillas; tercero, la fecha de aparición, 1996, quizá algo tarde en relación al tipo de sonido del contenido, que chocaba frontalmente con el inicio de un cambio de tendencia en el uso de los beats y los primeros conatos de aparición masiva de los sonidos electrónicos. Si “God Connections” hubiera aparecido en 1993, por ejemplo, otro gallo le hubiera cantado, pues ese sí era el momento de estallar y competir de tú a tú con otros referentes parejos. El problema es que, en 1996, incluso el underground de la Gran Manzana estaba en fase de cambio y evolución, y el hip hop rugoso, seco, duro y tan callejero de este álbum empezaba a parecer desfasado a ojos de los adalides y cazadores de recompensas de nuevas tendencias. Que les jodan.El tiempo ha acabado haciendo justicia a esa jugosa roca, con producción de The Beatnuts, además, en plena reconciliación personal con Tariq, y con una apuesta lírica de impagable lucidez expresiva. El disco, después de la desaparición del sello, claro está, se perdió en el olimpo, como tantos otros de esa época que ahora cotizan a precio de oro (servidor es testigo: el primer disco de Godfather Don, “Hazardous”, publicado en 1990, de complejo rastreo, se vendía, en formato CD, al bonito precio de 20.000 yenes, en la sucursal de Shinjuku de Disk Union este verano; si hacemos las conversiones monetarias pertinentes nos entra un patatús), y era necesario acogerse a los canales subterráneos habituales para disfrutar del álbum si no pudiste hacerte con él en su momento. Esta reedición, espléndida, con material extra, como algunos temas inéditos del productor No I.D., libreto explicativo y nuevas fotos de la sesión de grabación, no es sólo compra obligada para los que desconocían el ítem; también para los que todavía conservan su copia, desgastada por el tiempo, y quieran jubilarla con todos los honores.

Parece que las reediciones deluxe están a la orden del día, porque estos días también se pueden adquirir en tiendas dos más que apenas necesitan presentación o justificación por aquí: “Mecca And The Soul Brother”, de Pete Rock & CL Smooth, y “Resurrection”, de cuando Common hacía llamarse Common Sense. Ambas llegan en unas ediciones muy completas que incluyen el CD original remasterizado y otro CD repleto de canciones exclusivas, instrumentales, remezclas y demás parafernalia completista como un libreto muy completo e incluso un póster. Mal síntoma si ya no conocías o no tenías esta pareja letal de obras maestras, así que no te queda más remedio que enmendar el error histórico pasando por caja y mostrando la pleitesía necesaria a dos momentos cumbre de los 90. Y no me gustaría finiquitar este capítulo dedicado a las reediciones sin darle al rebobinado y retroceder unos pocos años en el tiempo. Viajamos a 1988, fecha en la que se publica “Born To Be Wild”, el segundo disco de MC Shan, leyenda prematura de la escena neoyorquina, eterno rival de KRS-One, padre y gurú de los futuros representantes del Queensbridge rap y uno de los grandes MCs de finales de los 80. El disco era relativamente fácil de encontrar en vinilo, pero los consumidores de CDs se habían topado con más obstáculos a la hora de dar con él, básicamente porque poco tiempo después de su aparición desapareció del mapa y ya sólo era posible darle caza en el mercado de segunda mano. Otro golpe a los especuladores que se aprovechan de los compradores compulsivos. Esta reedición remasterizada e íntegra, con el añadido del material presente en los singles en vinilo y un libreto espectacular con texto del propio Shan, soluciona dos problemas de golpe.Y hasta aquí las noticias. No hay espacio ni tiempo para más. Tenemos que volver al presente si no queremos quedarnos atrapados de por vida en ese año. Bueno, eso tampoco estaría mal, para qué negarlo. En cualquier caso, habrá más entregas de la versión retro de la columna. Han quedado muchos temas en el tintero que de ninguna manera podríamos pasar por alto. En la próxima edición de este rincón retrospectivo, quién sabe cuándo, se podría terciar un informe especial sobre mixtapes en cassette con links pertinentes a todas ellas, artwork de las mismas incluido; o un capítulo aparte para las mejores sesiones de los 90 oficiadas en programas de radio, también con links demostrables, así como espacio amplio y a fondo dedicado a esos productores y DJs de hip hop que en sus ratos libres también gustan de regalarnos memorables mixtapes de soul, funk y R&B.

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